“¿Quién dijo ‘Estocolmo’?”: 10 secuestros de cine

Acompañados por la Isabelle Huppert de 'Cautiva', recordamos las mejores películas privadas de libertad por la fuerza.

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24 de julio de 2013

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  • Para venir firmada por Brillante Mendoza (recordemos, el tipo que puso en aprietos a Tarantino con su Kinatay), Cautiva es una película bastante accesible. Su duración resulta ajustada, su ritmo es vivo, al director se le da bien filmar tiroteos e incluso Isabelle Huppert da en ella menos miedo que de costumbre. Lo cual no quita que este filme, basado en un caso real ocurrido en Filipinas en 2001, no sea extremadamente inquietante: tan inquietante como la perspectiva de permanecer en manos del guerrilleros islamistas durante más de un año, constatando que las tropas locales están menos interesadas en rescatarte que en acabar con la situación a tiro limpio.

    Por supuesto, Cautiva no es una película de secuestros común y corriente. En ella se exploran temas como la interdependencia entre carceleros y prisioneros, las diversas justificaciones de la violencia o la capacidad del ser humano para acostumbrarse a los malos tratos. Justo como en las cintas que te recordamos a continuación. Por cierto, ni en el filme de Mendoza ni en ninguno de estos títulos se escucha la palabra “Estocolmo”, ni falta que hace.

    Misery (Rob Reiner, 1990)

    El secuestrado: Paul Sheldon (James Caan), escritor de éxito que -como suele pasar con los escritores de éxito- está hasta las narices de Misery Chastain, el personaje al que debe su la fama. Stephen King, autor de la novela original, jura por lo que haga falta que no se trata de un álter ego.

    La secuestradora: Annie (Cathy Bates), enfermera titulada que encuentra al pobre Paul tras haber sufrido este un atroz accidente de coche. Por una de esas casualidades que sólo pasan en las novelas de terror, resulta que la salvadora es fanfatal de las novelas del accidentado. Ah, y también es una psicópata dispuesta a cualquier cosa con tal de que Paul no acabe con Misery…

    Pelham 1,2,3 (J. Sargent, 1974)

    Los secuestrados: Dieciocho pasajeros del metro de Nueva York. Por si la situación fuese poco chunga, resulta que los policías encargados de rescatarles son Walther Matthau y Jerry Stiller, el padre de Ben Stiller: sólo falta Jack Lemmon para completar el cuadro.

    Los secuestradores: Con sus bigotes postizos y sus gabardinas, la banda comandada por Robert Shaw no parece muy imponente. Pero la cosa cambia cuando sacan sus ametralladoras. Y, al enterarnos de que sus nombres en clave son Azul, Verde, Gris y Marrón, sospechamos que un chaval llamado Quentin debió tomar muchas notas al ver la película.

    Secuestrados (Miguel Ángel Vivas, 2010)

    Los secuestrados: Por mucho que su hija Manuela Vellés se ponga borde a veces, Fernando Cayo y Ana Wagener forman una familia feliz con chalet en los suburbios y mucho dinero negro en la caja fuerte.

    Los secuestradores: El albanés Dritan Biba, villano balcánico por excelencia de nuestro cine y nuestra TV, es el vértice superior de un trío de ex mercenarios kosovares con ganas de dinero fácil. Claro que, mientras el golpe se lleva a cabo, también hay tiempo para entregarse a torturas, violaciones y otros excesos propios de un torture porn.

    Amantes criminales (François Ozon, 1999)

    Los secuestrados: En contra de lo que ocurre en muchos otros filmes, ni Natacha Régnier ni Jérémie Renier son ningunos angeles. Se trata de una pareja que huye de París tras haber cometido un asesinato. En teoría, el crimen fue una justificada venganza, pero ¿no estaría en realidad motivado por el morbo?

    El secuestrador: Con Amantes criminales, Ozon nos entregó su lectura personal del cuento de Hansel y Gretel. De modo que a la antedicha parejita le corresponde una bruja a su altura: un asesino en serie caníbal y pederasta (Miki Manojlovic). Por supuesto, aquí la casita de turrón no sale por ninguna parte.

    Viento en las velas (A. Mackendrick, 1965)


    Los secuestrados: Los papás terratenientes de este grupo de niños, encabezados por Emily (Deborah Baxter) les mandan de Jamaica a Gran Bretaña para que así gocen de una educación selecta en la madre patria. Lo que desconocen los progenitores es que los chavales, especialmente la chica, saben latín.

    Los secuestradores: Al abordar el barco donde viajan los peques, el capitán pirata Chavez (Anthony Quinn) y su primer oficial James Coburn creen haber hallado el chollo de sus vidas, secuestro mediante. Sobre lo que sucede a continuación, no diremos nada, pero que conste que unos rehenes así se lo pondrían difícil a Jack Sparrow en persona.

    Funny Games (Michael Haneke, 1997)

    Los secuestrados: Vaya, vaya: parece que Miguel Ángel Vivas no fue el primero en poner a una familia de clase alta en manos de psicópatas sin escrúpulos. Pero eso no importa, porque (bien en el extrarradio de Madrid, bien en Austria) los resultados son igual de estomagantes.

    Los secuestradores: Tratándose de una película de Haneke, eso sí, los villanos de Funny Games no podían ser vulgares delincuentes. Arno Frisch y Frank Giering son dos bestias pardas cuya cruel arbitrariedad simboliza, se supone, el distanciamiento y la alienación provocados en el público por el cine de terror hecho en Hollywood. Muy bonito todo, pero con lo que nos quedamos nosotros fue con lo del mando a distancia.

    El bosque petrificado (Archie Mayo, 1936)

    Los secuestrados: Aunque el poeta Leslie Howard sea un alcohólico en horas bajísimas, todo parece ir a mejor en su vida cuando entra en cierto bar de carretera y Bette Davis le pone ojitos tiernos. Si el pobre supiera…

    El secuestrador: Resulta que el bar de marras es el lugar perfecto para que un gángster tome rehenes que mantengan a raya a la policía. Y, como ese gángster es nada menos que un Humphrey Bogart aún encasillado en papeles de delincuente, nos tememos que el triángulo amoroso (y noir) está servido.

    Buried (Rodrigo Cortés, 2010)

    El secuestrado: El pobre Ryan Reynolds las pasó canutas rodando esta película, y no nos extraña: su personaje, un contratista de obras que trabaja en la ‘reconstrucción’ post-Guerra de Irak se pasa todo el metraje encerrado en un ataúd. Bueno, también hay una serpiente. Y arena.

    El secuestrador: Lo más interesante de Jabir (voz de José Luis García Pérez) no es su original manera de chantajear al gobierno de EE UU, ni tampoco su peculiar sadismo. Estamos, lectores, ante el único secuestrador de este informe que no aparece en la película: moderno como el que más, Jabir prefiere hacerlo todo a través de un teléfono móvil.

    Secuestrando a la señorita Tingle (K. Williamson, 1999)


    La secuestrada: Decididamente, los protagonistas de esta película nos merecen un respeto enorme pese a su falta de escrúpulos. ¿Por qué? Pues porque su víctima es una profesora abusadora, tiránica y maligna interpretada, para colmo, por la mismísima Helen Mirren. 

    Los secuestradores: Cuando Katie Holmes (exacto, la ex señora de Tom Cruise) afirma que esas malas notas en Historia se deben a que la profe le tiene manía, no exagera un ápice. Por eso, y porque el suspenso la ha dejado sin una beca para Harvard, reune a otras víctimas de la docente para exigirle un aprobado por las malas. Esperamos que el ejemplo no cunda en el mundo académico, o José Ignacio Wert lo va a pasar fatal en lo que queda de legislatura.

    El coleccionista (William Wyler, 1965)

    La secuestrada: Como toda chica independiente del Swingin’ London, Miranda (Samantha Eggar) tiene preocupaciones de todo tipo: sus estudios de Bellas Artes, sus asuntos sentimentales… Y las obsesiones de un zumbado que jamás ha oído hablar de la liberación de la mujer.

    El secuestrador: ¿Qué harías tú si te tocase el Gordo de la lotería? ¿Largarte a las Bahamas? Nos parece muy bien, pero Freddie (Terence Stamp) tiene otros planes: este grisáceo ex oficinista aprovecha sus millones para comprarse una casa rural, convertirla en una prisión y encerrar en ella a una chica que le gusta, pero con la que jamás ha cruzado una palabra. Decir “inquietante” es quedarse muy, muy corto.

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