Primeras impresiones de ‘Ocho apellidos catalanes’

Esto no es 'Polònia' ni 'Vaya semanita', Karra Elejalde superstar, ¡Viva Cartagena! y otras ideas a botepronto tras el pase de prensa de 'Ocho apellidos catalanes'

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16 de noviembre de 2015

Ritmo, cantidad y calidad

Te ríes. 10 risas, carcajadas incluso, vas a poder echarte sin complejos en Ocho apellidos catalanes. Pero en menor cantidad e intensidad que en Ocho apellidos vascos. Ya no hay novedad, ya no cabe deslumbramiento ante la propuesta. Y esto no ha pasado a ser el Polònia después de Vaya semanita. También el ritmo es menor, entrecortado, titubeante. Y eso a pesar de que uno de sus mejores gags va precisamente de eso, de ritmo y de palmas.

 

Los de siempre

Karra Elejalde vuelve a ser lo más hilarante de la película, aunque es cierto que es todavía más divertido cuando las réplicas son las de Dani Rovira, que está en su papel, pero al que le abandona el ‘efecto sorpresa’ debido a la coralidad sobrevenida de esta segunda parte. Clara Lago continúa en su (buena) línea, ya a nadie sorprenderá que haga de vasca de pura cepa, no sólo por ese flequillo tan bien llevado sino por haber interiorizado perfectamente su personaje, el menos astracanado del filme. Carmen Machi también se diluye un poco en un personaje con menor presencia. Lo mismo ocurre con Alfonso Sánchez y Alberto López, cuyas apariciones son meramente anecdóticas.

 

Los nuevos

La Sardà está bien de tono, pero sus líneas son las menos cuajadas de la película, da bandazos, no encuentra réplica que mejore su personaje. A veces quiere recordar ella sola a la pareja Saza-Mónica Randall de La escopeta nacional, y otras es la versión indepe de la madre engañada de Good Bye, Lenin!, pero aunque ella posee la fuerza, su texto no está al nivel. Es curioso que Berto Romero, que venía de registros impecables en todas sus anteriores comedias con personajes largos (Tres bodas de más y Anacleto sobre todo) quede un poco aguado esta vez. Su hipster barcelonés va perdiendo desde una primera escena interesante el punto de mala leche que tan bien le va. La revelación entre los nuevos es Belén Cuesta, la tercera novedad del reparto principal. Y no sólo por su interpretación, sino porque su personaje también incorpora una sorpresa interesante. Por cierto, se parece muchísimo a Bárbara Santa Cruz.

 

¿Dónde está la pasta?

La película sigue la misma línea de producción sencilla, barata (aunque no tanto como la primera), y algunos dirán que hasta “cutre”. Esa estampa se ha hecho ya marca de la casa, parece incluso buscada, como si diera igual. Y en la que uno busca al director, Emilio Martínez Lázaro, pero es difícil encontrarlo. Aunque es cierto que hay algo de holgura: más exteriores e incluso ya se justifica que puedan nominar al Goya a la mejor fotografía a la película (como pasó sorprendentemente con la primera): la plaza de Argoitia llena de ikurriñas donde entona Rafa el “Euskadi tiene un color especial” se convierte en una Plaça de la Vila en la que se simula la independencia de Catalunya y se desaprovecha la aparición estelar de los castellers en una escena decepcionante.

 

Política sin políticos

El timing es perfecto, incluido su provocadora fecha de estreno (el 20 de noviembre de 2015, coincidiendo con el 40 aniversario de la muerte de Franco), aunque la intensidad mediática que ha provocado el procés, puede resultar cansina para algunos espectadores. Pues sí, obviamente, hay referencias políticas a todo este lío en el que nos han metido los políticos, aunque curiosamente hay muy pocos políticos al margen de un curioso alcalde capaz de vincular amor e independencia. Eso sí, los mossos d’esquadra (policía autonómica) se llevan la peor parte. Y sin bolas de goma.

 

A golpe de romance

Se equivocan sin embargo los que piensen que es la política la que mueve 8 apellidos catalanes. El filme es antes una vuelta de tuerca a la comedia romántica, con estructura de enredo. Una estructura demasiado cerrada, incluso, en el que se quita espacio a algunos gags o promesas de gags para que pueda cuajar el emparejamiento múltiple, cosa que afecta al fundamento cómico de la película.

 

¡Viva Cartagena!

El final es todo lo cerrado que un producto así puede ser. O sea, poco. Pero no salen Los del Río. No se abren puertas evidentes a 8 apellidos de ninguna otra nacionalidad o comunidad autónoma de las que recoge la Constitución española de 1978. Claro que ‘la Consti’ parece tener los días contados, y aquí somos muy del ¡Viva Cartagena! Siempre habrá vida en Argoitia más allá de lo que pase

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