Píldoras animadas (II): los mejores cortometrajes de la semana

Continuamos nuestra búsqueda a través de la red, con el objetivo de traeros los cortometrajes animados más destacados de los últimos siete días. Además dedicamos un pequeño espacio a un clásico a redescubrir. Por PABLO GONZÁLEZ TABOADA

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01 de octubre de 2012

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  • Si en la entrega pasada os traíamos seis cortometrajes que no podíais dejar pasar, lo de hoy tampoco es moco de pavo. La animación no descansa, como medio artístico casi independiente, con vida propia, ajeno al desarrollo del mismo cine. Internet, refugio de algunas obras pequeñas en ambición pero grandes en calidad sigue siendo escaparate o plataforma de lanzamiento de algunos nombres propios que quizá en unos años podamos reconocer entre los mejores. Quién sabe. De momento las certezas son estas: siete días, cinco nuevos cortometrajes destacados a los que no deberíais dudar antes de hincarles el diente. Hay para todos los gustos y al final, una sección bonus en la que nos centramos en una pieza de valor incalculable, que requiere una seria reivindicación.

    1. The Renter

    Estados Unidos, 2010. Director: Jason Carpenter

    Dirigido por Jason Carpenter (que nada tiene que ver con John, huelga decir) y realizado de forma independiente, The Renter se basa en una anécdota propia del realizador, por lo que puede admitirse como un pequeño episodio autobiográfico que cuenta como un niño se queda bajo la tutela de una anciana durante el día. Lo que el joven descubrirá en la casa de ésta no será lo que esperaba, y las cosas empiezan a volverse más lúgubres con la aparición del hombre del sótano… Terrores infantiles y heridas abiertas en un trabajo que demuestra una sensibilidad excepcional, que sabe como crear un ambiente y aprovecharlo para dar forma a una historia tan sencilla y directa como tierna y en cierto modo aterradora. No es que en The Renter haya contenido adulto, es una fábula vital, nostálgica, un espejo en el que cualquiera puede mirarse y verse reflejado en cierto modo. La claridad con la que Carpenter decide contarlo todo es digna de elogio, sin perderse en redundancias. Nominado al Annie en 2010 y preseleccionado para los Oscar en 2011 en las categorías de mejor cortometraje de animación, el pasado miércoles 18 fue estrenado online de forma legal por el propio Carpenter. Momento idóneo para recuperarlo y claro, recomendarlo.

    2. Slug Invasion

    Dinamarca, 2012. Varios directores

    La semana pasada os traíamos dos propuestas creadas por escuelas de animación francesas, cada una bastante diferente en su estilo. Mientras que la primera abrazaba el estilo clásico de los 60, la segunda abogaba por narrar una historia de cine negro utilizando para ello los recursos del expresionismo -como movimiento cinematográfico- adaptados la textura de la animación por ordenador. Con Slug Invasion pasamos de Francia a Dinamarca, en concreto a The Animation Workshop, una de las cumbres de la animación europea que han dejado tras de si piezas tan sofisticadas como The Backwater Gospel, de imprescindible visionado, u Out of a Forest. En este caso tenemos algo más convencional aunque no por ello peor, una comedia en la que vemos el mundo desde el punto de vista de unas babosas que se encuentran en plena guerra, defendiendo su territorio del enemigo. Decir más sería estropear la sorpresa de una de las comedias animadas más notables de los últimos meses, que puede mirar de tú a tú a Pixar haciendo del slapstick su arma principal, y de la sorpresa y la imaginación, sus armas secundarias. Con una factura técnica impecable, Morten Helgeland y Casper Wermuth, sus directores, se han asegurado de que durante seis minutos el espectador no tenga tiempo para aburrirse.

    3. A Decade

    Hong Kong, 2012. Treehouse Films

    a Decade from Treehouse on Vimeo.

    Llega el momento de reflexión con A Decade, una sofisticada pieza de animación con una técnica muy personal consistente en reducir a la mínima expresión los cuerpos, a través de modelos poligonales en los que sólo adivinamos los rasgos más básicos. De esta forma se crea cierta despersonalización, con el objetivo de que no veamos a un personaje concreto si no a un individuo cualquiera. El estudio hongkonés Treehouse Film lo realizó para el magazine Jet y fue exhibido en Harbour City durante cuatro días a primeros de septiembre en una exposición temática. ¿Y de qué trata? En esencia, resume la última década para el cuidadano común, el de a pie, siguiendo a un hombre desde su graduación hasta lo que le sucede diez años más tarde. Deprimente pero certero, se trata de una pieza extremadamente corta que saca provecho de cada segundo de metraje para reflejar una situación tristemente real, más de lo que nos gustaría. Sus decisiones estéticas contribuyen, junto a una música bastante melancólica, a crear en el espectador todo tipo de emociones. Para ver en sesión doble con el cortometraje australiano Cleverman (Joe Brumm, 2008).

    4. METRO

    Estados Unidos, 2011. Director: Jacob Wyatt

    METRO from Jacob Wyatt on Vimeo.

    Hay ciertas obras en las que la forma se antepone al fondo. Es decir, que el cómo se cuenta algo no es tan importante como el qué. METRO tiene un mensaje dulce, amable, naif, incluso algo superficial. Pero lo que lo hace destacar es su portentosa planificación, la dirección que Jacob Wyatt decide tomar fragmentando la imagen a modo de cómic en movimiento, prescindiendo del diálogo, para construir un trabajo exclusivamente visual en el que cada plano tiene importancia para construir el puzle completo. Así vemos cómo una joven persigue a un zorro a lo largo de una ciudad, tras haberle robado este último algo a la primera. Con un estilo de animación muy particular en el que los personajes no son más que sombras coloreadas, la imagen de Jacob se acompaña con una composición musical de su hermano Michael Wyatt, formándose una especie de comunión audiovisual de suficiente calado como para que no importe que, al final no importe que la historia no esté a la altura. Un ejercicio de estilo sensacional por el que merece la pena dejarse atrapar.

    5. Dead Island Riptide

    Reino Unido, 2012. Axis Animation

    Los videojuegos son cada vez menos ajenos al mundo del cine. Si bien las producciones más importantes cuentan con valores cinematográficos (actores involucrados en doblaje, captura de movimientos, etc) también están los estudios que son requeridos para realizar secuencias de vídeo que luego serán utilizadas para contar la historia de estas producciones. En este último grupo podemos meter a Axis Animation, un experimentado estudio británico que puso su nombre en Hollywood el año pasado cuando uno de sus miembros, Stuart Aitken, realizó un cortometraje promocional para el videojuego Dead Island, Aquel trabajo narraba la “resurrección” de una niña zombi al tiempo que su conversión en no-muerto, en dos tiempos, alternándose entre sí para cerrar una historia sencillísima que conseguía poner los pelos de punta y emocionar. El resultado fue un videojuego que superó todas las expectativas exclusivamente por el éxito de aquel trabajo. Pues bien: Axis Animation lo ha vuelto a hacer. Para la secuela del videojuego se ha vuelto a contar con este equipo para dar forma al tráiler CGI/cortometraje promocional de Dead Island Riptide. Un crucero en pareja… convertido en un acto de valentía a través de una pequeña elípsis. Mejor verlo que destriparlo, pero desde luego, sabe cómo emocionar.

    BONUS — EL CLÁSICO

    El viejo molino

    Estados Unidos, 1937. Directores: Wilfred Jackson y Graham Heid



    Se avecina tormenta y unos pequeños animales deberán pasar la noche en un viejo molino que baila a merced del viento. Con esa sencilla idea, El viejo molino (The Old Mill, 1937) es capaz de demostrar que la animación puede ser algo más que una pasatiempo para niños y alzarse como un medio de expresión artístico. Incluido dentro de las Silly Symphonies de Disney, no sólo se trata de una maravillosa pieza a nivel conceptual, si no que sirvió como campo de experimentación para nuevas técnicas que serían a posteriori utilizadas en los largometrajes del estudio como Blancanieves y los siete enanitos (David Hand, 1937), como el plano general de grua que va ascendiendo por el molino mientras muestra a todos sus habitantes, antes, durante y después de la tormenta, en un ‘plano secuencia’ simulado de exquisita planificación y belleza, en el que la naturaleza llena cada recoveco de la imagen capturando la pureza de la situación expuesta. Sus directores lograron lo imposible: que no se notase la mano del hombre en una situación fastuosa pero cotidiana, natural e imprevisible. Y porque su enseñanza, en absoluto forzada, es la mejor y más rica de todas las que pueden darse. Un cortometraje excepcional, merecidamente ganador del Oscar en su categoría en 1937, que forma ya parte de la historia del medio y es un habitual en las listas de las mejores piezas animadas jamás creadas. No exageran.

    Sigue a Pablo González Taboada en Twitter: @Caith_Sith

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