No me beses como en estas películas

Estira el cuello, cierra los ojos, saca los labios, sube la intensidad de la banda sonora y, por lo que más quieras, no te morrees tan mal como estos actores.

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30 de abril de 2015

El cine puede ser útil para aprender muchas cosas. Por ejemplo, nos enseña cómo hacer la cama, a untar las tostadas sin romperlas, a preparar torrijas (perdón, french toasts) o incluso a elaborar jabón. Pero también resulta terriblemente engañoso para otras, como todo aquello relacionado con las ténicas más adecuadas para dar un buen beso. Tratándose de obras de ficción, las películas nos han llenado la cabeza de nociones y comportamientos cuya imitación no es del todo aconsejable en el mundo real. Es muy bello acercarse a cámara lenta con los ojos cerrados y los labios receptivos como Ryan Gosling y Carey Mulligan en Drive, pero la realidad tiene muchas más papeletas de acabar como en Not Another Teen Movie.

El ansiado beso entre los protagonistas suele ser un momento climático de la narración tanto si se trata de una película romántica como si pertenece a cualquier otro género, ya sea a modo de culminación emocional del relato, un instante íntimo de unión entre personajes que ya sentimos cercanos o simplemente porque a los espectadores nos gusta ver imágenes gigantes en alta definición de gente atractiva juntando los labios tanto como nos incomoda atisbar el mismo gesto de cariño en el transporte público o el portal de casa. Pero esas escenas nunca son particularmente fáciles de rodar, sobre todo si al hecho de enrollarte con alguien delante de decenas de personas mirando le sumas condicionantes como que tu partenaire bucal tenga una particular afición a los sandwiches de roquefort con ajo.

Parece broma, pero luego es lo que más suelen comentar las estrellas cuando les preguntan por sus besos más incómodos en la ficción; ya sea la inclinación de Jennifer Lawrence hacia los sabores fuertes o los resfriados con abundante mucosidad de Robert Pattinson. No, besarse por contrato con sex symbols no es tan agradable como suena. Si no hay química, no hay química. Por muchas fantasías sexuales que despierte cada uno por separado, la incomodidad que transmiten Johnny Depp y Angelina Jolie en esta escena de The Tourist es evidente, no sólo por el absurdo número de tomas que terminan formando la escena con desesperado disimulo en el montaje final.

Un beso capaz de causar niveles de incomodidad comparables a Joe Pesci en una película de Martin Scorsese es una magnitud muy considerable. Casi una cima por sí misma, si no fuera porque el propio Pesci también es capaz de besar causando insoportable incomodidad en una película de Scorsese: Casino.

Esa colisión de bocas abiertas que más bien parecen astas de ciervo chocando nos lleva a otro mal muy extendido por culpa del cine: los besos que proceden de un espacio intermedio entre la absorción y el canibalismo. Caso práctico: Aragorn (Viggo Mortensen) y Arwen (Liv Tyler) en El retorno del rey. Todavía tenemos la duda de si esa comida de boca demasiado literal no sería en realidad un guiño de Peter Jackson a cierta escena de Dos tontos muy tontos.

A pesar de todo, puede que sea más recomendable que el extremo opuesto: los ridículos boqueos de pececito sin apenas contacto que se dan en Viernes 13 VIII: Jason toma Manhattan. ¡La llegada de Jason, por una vez, significa el final de la agonía!

Otro sabotaje del delicado arte del morreo que el cine tiene por costumbre ejecutar, normalmente como recurso para desviar la atención de la nula química entre la pareja de besucones, es incrustar diálogos insustanciales o directamente marcianos para intentar darle ritmo a la escena más allá de la inane intersección de lenguas. En Sin salida, una película ya felizmente olvidada que lamentamos recuperar con sincera contrición, Taylor Lautner y Lily Collins se enrollan literal y figuradamente en este marasmo con tanta convicción que dejan en poca cosa el gag equivalente entre Will Ferrell y Amy Adams en Pasado de vueltas. La farsa y la tragedia, más cerca que nunca.

Por último, igual que lo mejor es estarse calladito y centrado en el momento en curso, recordemos la importancia de saber cuándo detener la escena. Es difícil aguantar el beso largo, largo de Big Top Pee-wee, a lo que sin duda contribuye el extra de inquietud provocado por el infantilismo del popular personaje de Paul Reubens tanto como su estatismo de escultura de mármol. Si necesitas parar el vídeo antes de que llegue al final no te va a culpar nadie.

Por suerte, Valeria Golino tiene experiencia en eso de los besos poco ortodoxos, sobre todo después de dar con Charlie Sheen en Hot Shots 2…

… lo que nos lleva al que probablemente sea el mejor beso cinematográfico del cine reciente, entre Lake Bell Ken Marino en La voz de una generación. Pero eso no significa que debas imitarlo en tu próxima cita, ¿verdad?

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