Nate Parker y Casey Affleck: Las dos caras del delito sexual en los Oscar

Mientras 'El nacimiento de una nación' se hunde, el protagonista de 'Manchester junto al mar' parte en los Oscar como favorito pese a dos acusaciones de acoso

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27 de enero de 2017

Cuando se hicieron públicas las nominaciones a los Oscar 2017nadie se extrañó de que El nacimiento de una nación no cosechase ni una sola candidatura. No sólo por unas críticas tirando a flojas, ni por su mediocre taquilla: en realidad, las esperanzas del filme en la temporada de premios se fueron al traste en agosto del año pasado, cuando un artículo de Variety desenterró el capítulo más sórdido en la vida del actor y director, y también de su coguionista Jean Celestin. 

Se trataba de un proceso por violación que tuvo lugar en 1999, cuando ambos estaban en la universidad, y que, pese a resultar en un veredicto absolutorio para Parker, dejó los suficientes cabos sueltos como para seguir despertando sospechas. Para colmo, la víctima (cuyo nombre no ha sido revelado) acabó suicidándose en 2012. En suma, la clase de escándalo que puede dinamitar una película. Y una carrera en el cine, también.

Sin embargo, la nominación de Casey Affleck a mejor actor principal fue acogida con la mayor naturalidad. En realidad, todo el mundo se la esperaba: el hermano pequeño de Ben Affleck se ha llevado aplausos sin cuento gracias a su trabajo en Manchester frente al mary ya tiene en las estanterías una larga retahíla de premios que incluye un Globo de Oro, el premio de la National Board of Review e innumerables trofeos de la crítica estadounidense.

Entre estos últimos se cuenta el galardón de la Asociación de Mujeres Críticos de Cine, algo que no deja de ser irónico: en 2009, Affleck fue acusado de acoso sexual por Amanda White (productora) y Magdalena Gorka (diseñadora de vestuario), dos mujeres que trabajaron con él en I’m Still Here, el híbrido de falso documental, performance y bufonada que aquel había pergeñado en 2010 junto a su entonces cuñado Joaquin Phoenix. 

Ante estas dos historias, uno puede preguntarse qué ha ocurrido. Incluso puede preguntarse si en Hollywood existen escándalos de primera y de segunda. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que el caso de Nate Parker haya generado titulares durante seis meses, mientras que los presuntos delitos sexuales de Casey Affleck apenas hayan despertado comentarios en la prensa? Los factores que entran en juego, si queremos meternos en semejante jardín, son múltiples: están la etnia (Parker es negro, Affleck es blanco), los orígenes sociales (si el director de El nacimiento de una nación creció en una familia desestructurada, el actor de Manchester frente al mar se crió en el nada hospitalario sur de Boston) y, claro, la familia y los amigos. Porque Nate Parker puede ser muchas cosas, pero no es ni el hermano de Ben Affleck ni uno de los mejores amigos de Matt Damon.

Dejando de lado estos detalles, podemos decir que Parker tenía un peso añadido en la balanza. Si bien las acusaciones contra Affleck le adjudican una conducta incalificable (resumiendo mucho: tocamientos no consentidos) no habrían resultado en la odiosa palabra que empieza por “v”. Además, Magdalena Gorka y Amanda White resolvieron sus demandas mediante acuerdos extrajudiciales que les depararon a cada una sendas indemnizaciones de dos millones de dólares. Los términos de esos acuerdos, señala The Guardianpermanecen en secreto, y podrían haber incluido la prohibición de hablar de las acusaciones con la prensa.

El diario británico también recoge declaraciones de un miembro de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, la entidad que otorga los Globos de Oro: “A la gente, [Affleck] le cae bien. No quieren verle como un acosador, ni nada de eso”, señala esa fuente, quien añade que tanto Ben Affleck como Matt Damon han hecho lo posible por ver al miembro más joven de su pandilla triunfando de una vez. “Los dos andaban bromeando con que a Casey le hacía falta ganar un Globo de Oro. Han formado un frente común, y tal vez sea eso lo que protege a Casey de una investigación en serio”, explica, para después añadir: “Es un poco como lo que pasa con Woody Allen: la prensa de izquierdas lo quiere tanto que prefiere no buscar la verdad”. 

Asimismo, Buzzfeed explica que Affleck cuenta con la asesoría legal de Martin Singer (un influyente abogado al que se conoce como ‘el perro guardián de Hollywood’, ya que su especialidad es librar de escándalos a las estrellas), y también con los servicios de la publicista Barbara Nuxbaum, responsable de una hazaña enorme: salvaguardar la imagen pública de un adúltero y juerguista de la talla de Sean Penn. 

Venga o no a colación la referencia al director neoyorquino, esta descripción del ‘caso Affleck’ está alejadísima de la información que puede encontrarse sobre el ‘caso Nate Parker’. Para empezar, las acusaciones contra el autor de El nacimiento de una nación aparecen embarulladas desde el principio. Si bien es cierto que Parker y Jean Celestin fueron llevados a juicio, y que existían pruebas en su contra, también es cierto que el proceso, y la condena a Celestin, despertaron protestas en el campus de la Universidad de Pensilvania, a la que ambos asistían.

La razón: ambos acusados eran negros, mientras que el jurado que absolvió a uno y condenó al otro estaba formado exclusivamente por blancos. Asimismo, las declaraciones de Parker al respecto durante los últimos meses (“He descubierto que no mostré la suficiente empatía cuando luchaba por limpiar mi nombre”, por ejemplo) no son de las que despiertan adhesiones, ni tampoco de las que estimulan dudas razonables.

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Porque, en general, la figura de Nate Parker no resulta simpática, aun sin identificarla con la de un violador. En 2000, cuando formaba parte de un equipo universitario de lucha libre, una trabajadora del campus lo acusó de exhibicionismo: dicha acusación fue sobreseída… pero ahora, al calor de el escándalo de El nacimiento de una nación, vuelve a ser investigada. Por otra parte, hablamos también de alguien que ha declarado que jamás interpretará a un personaje gay, ya que hacerlo le parece incompatible con “preservar la virilidad del hombre negro”. 

Por último, y quizás lo más importante, estamos hablando de un advenedizo en la industria de Hollywood: Parker levantó El nacimiento de una nación sin el respaldo de ninguna major, para después llegar al acuerdo de distribución más caro del Festival de Sundance (casi 18 millones de dólares) en plena resaca del #OscarsSoWhite y de las acusaciones de racismo contra la Academia. Podría decirse, pues, que parte del establishment le tenía ganas. Y que carecía de un peso específico dentro del mundillo que le blindase contra la resurrección de noticias comprometedoras.

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Así pues, aunque no cabe entrar en teorías conspirativas, hay una palabra que describe la diferencia entre Casey Affleck y Nate Parker: “asimetría”. Una asimetría cuyos resultados han sido, por una parte, una nominación al Oscar y las alabanzas de los expertos, y, por otro, el repudio por parte de los premios, una taquilla mediocre y críticas que dedican el mismo espacio (o más) a hablar de tribunales y declaraciones que a analizar los méritos o los fallos de un filme.

¿Cuál habría sido la solución más correcta para ambas situaciones? Ponernos a especular sobre ello nos haría entrar en camisa de once varas y, lo más importante, sería una falta de respeto para las víctimas. Pero una cosa sí podemos decir: la justicia (a ser posible, en un marco institucional, y con garantías) siempre es necesaria. Y que esa justicia sea igual para todos, también lo es.

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