Los mejores títulos de crédito de Saul Bass

En el centenario del nacimiento del mejor diseñador de Hollywood, recordamos algunos de sus mejores títulos de crédito para películas míticas.

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08 de mayo de 2020

En el mundo de los diseños para cine, Saul Bass venía a ser como Lobezno en los X-Men: era siempre el mejor en su trabajo. Sólo que, en lugar de las garras de adamántium, su herramienta favorita era la tijera con la que recortaba cartulinas y superficies para realizar grafismos absolutamente modernps.

En CINEMANÍA tenemos su trabajo en un altar (y con velas), como ya te demostramos dedicando un especial a sus mejores carteles. Pero este hombre de Nueva York, donde nació en 1920, tenía otra faceta que nunca es tarde para revisar: el diseño de títulos de crédito. Un elemento contractual del arte cinematográfico que él convirtió en secuencias rompedoras, vibrantes y siempre originales. Como estas.

El hombre del brazo de oro (1955)

¿Por qué nos gusta? La película de Ottto Preminger tuvo unos cuantos problemas con la censura, y Bass casi que lo profetizó en esta secuencia, su primer trabajo importante para el cine. Las barras de color blanco (un recurso que el diseñador repetiría en Psicosis) cubren los nombres del director, los protagonistas (Frank Sinatra y Kim Novak, nada menos) dándonos la impresión que que leemos un texto prohibido. La música de Elmer Bernstein hace el resto.

 

La vuelta al mundo en 80 días (1956)

¿Por qué nos gusta? Aunque le gustasen las formas geométricas y la simplicidad expresiva, Bass sabía ser excesivo cuando tocaba. Por ejemplo, para esta película llena de cameos ilustres y actores de campanillas, necesitó seis minutos a fin de enumerar sus nombres y mostrarnos sus caricaturas. El resultado podría valer como un corto de animación en sí mismo, y nos da la impresión de que Pixar y su gente han tomado buena nota de él.

 

Vértigo (1958)

¿Por qué nos gusta? Hablar de Saul Bass, en sus momentos de gloria, es hablar de dos directores: Otto Preminger y Alfred Hitchcock. Si tenemos que quedarnos con una sola de las secuencias que el diseñador creó para ‘Hitch’, sin duda sería esta, calificada por Martin Scorsese como “una mini-película”. Y, ¿qué nos hace preferirla a las de Con la muerte en los talones Psicosis? Sencillo: lo que en principio parece un ejercicio de abstracción geométrica se revela como una sinopsis perfecta de un filme muy complicado. Si se estrenase hoy, llevaría un cartel de “spoilers”.

 

Anatomía de un asesinato (1959)

¿Por qué nos gusta? De nuevo a las órdenes de su amigo Preminger, Bass se marcó otros créditos de antología que, para variar, resumen el espíritu de la película (la primera, por cierto, en la que se pronunció la palabra “bragas”). Una investigación compleja, un panorama asfixiante, un humor cruel y una moralidad dudosa son recogidos por el diseñador en un minuto y medio que, para colmo, lleva la música de Duke Ellington. ¿Se puede pedir más?

 

La cuadrilla de los once (1960)

¿Por qué nos gusta? En muchos aspectos, este vehículo de lucimiento para Frank Sinatra, Dean Martin y compañía sólo tiene un mérito: haber servido de excusa para el remake de Steven Soderbergh con George Clooney y Brad Pitt. Sin embargo, y aunque el filme sea aburrido como él solo, sirvió para que Bass convirtiese los neones de Las Vegas en una de sus presentaciones animadas. Si la película la hubiese dirigido Billy Wilder, como se planeó en un principio, hubiera sido el acabose.

 

West Side Story (1961)

¿Por qué nos gusta? Antes de que la modernidad convirtiese el graffiti en objeto de culto, Bass ya había realizado su peculiar forma de “arte urbano” prologando el musical de los 11 Oscar. En lugar de realizar unos créditos al uso, el diseñador llenó las paredes de Nueva York con pintadas que lucían los nombres del reparto. Como verás, el resultado fue tan sencillo como espectacular.

 

Plan diabólico (1965)

¿Por qué nos gusta? En contra de lo que pueda parecer leyendo este artículo, Saul Bass no necesitaba del grafismo para hacer una secuencia de títulos: con una cámara y un buen trabajo con los objetivos, iba que se mataba. Para probarlo, échale un vistazo a este trabajo para John Frankenheimer, quien dirigió aquí un thriller sobre suplantaciones e identidades con Rock Hudson de protagonista.

 

Hollywood, Hollywood (1976)

¿Por qué nos gusta? Trabajar en una película de tan poco fuste como esta (un container que reciclaba números musicales del estudio MGM bajo la supervisión de Gene Kelly) tiene una ventaja: nadie vigilará demasiado lo que haces, y podrás permitirte colocarle una marcianada a tus jefes. Saul Bass tomó nota, y aprovechó unos cuantos portarretratos, metraje de películas añejas y titulares de prensa para crear un delicioso delirio retro.

 

La edad de la inocencia (1993)

¿Por qué nos gusta? Lo creas o no, el trabajo de Bass se consideró pasado de moda en los 80, década en la cual participó en poquísimos filmes (algunos tan buenos como Big, eso sí). Por suerte, Martin Scorsese le sacó de su retiro para encargarle los créditos de Uno de los nuestros. Y, tras ese trabajo tan austero, el director bajito le propuso un reto: encargarse de la intro de este morboso drama de época. Aunque pueda parecer cursi, este trabajo tan floral y tan lleno de encajes es mucho más siniestro de lo que parece. Como la película.

 

Casino (1995)

¿Por qué nos gusta? Sí, es la de Robert De Niro en un coche que explota. Y es el trabajo más emocionante que te ofrecemos en esta colección. No sólo porque Bass contase 75 años cuando lo diseñó, y aun así le diera sopas con onda a sus contemporáneos más jóvenes, ni porque la imagen del actor precipitándose a un infierno de neón (los rótulos luminosos de Las Vegas nunca resultaron tan amenazadores) nos estremezca. Esta es la última secuencia de créditos fue la última que Saul Bass creó en su vida: el artista moriría seis meses más tarde.

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