Mark Cousins: “Con el cine y su lenguaje universal podemos decirle a VOX que se vaya a la mierda”

El historiador y cineasta regresa con una nueva muestra de amor al cine, esta vez dirigido por mujeres: 'Women Make Film'

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13 de noviembre de 2019

Mark Cousins (Belfast,1965) lleva el cine tatuado en la piel. Literalmente. Nombres de directoras como Kira Muratova o Kinuyo Tanaka llenan sus brazos de color. El amor por el cine, cuya vibrante pasión nos contagió con su voz acaramelada en The Story of Film, le acompaña desde que es un niño, pero fue en el conflicto de Irlanda del Norte cuando entendió que este arte era “tan esencial como alimentarse”. “Crecí en una zona de guerra pero allí presencié cómo la gente salía adelante”, recuerda bajo el techo dorado de la Cineteca, en Madrid, donde ayer presentó su nuevo proyecto, que podrá verse en la Cineteca de Madrid y los Cines Méliès de Barcelona a partir del 26 de este mes, con un pase diario durante una semana, y que después se emitirá en exclusiva en TCM en el primer trimestre de 2020.

Women Make Film es una serie documental de 40 capítulos y 14 horas de duración en las que se celebra el arte y la maestría de mujeres directoras de todo el mundo. Lejos de ser una historia alternativa (a la de los directores hombres), Cousins estructura su serie en preguntas prácticas sobre cómo se hace el cine. A través de secuencias de películas desconocidas dirigidas por cineastas olvidadas como Vera Chytilova, Wendy Toye o Jacqueline Audry, el historiador y cineasta responde a preguntas tan universales como la forma de hacer un buen travelling o cómo introducir a los personajes.

“Una escuela de cine en la que todas las profesoras son mujeres”, dice la sugerente voz en off de Tilda Swinton, que junto a Jane Fonda, recita algunos capítulos de la serie. Y también añade: “Siéntete libre de enfadarte porque algunas de estas películas hayan sido ignoradas. Pero también siéntete libre de deleitarte con el cine y con las mujeres en cuyos hombros nos alzamos”. 

Como en The Story of Film, Cousins trasciende el etnocentrismo de otras historiografías para reivindicar la obra de directoras de todo el mundo, desde Irán a Ucrania, Checoslovaquia, Venezuela o Hong Kong. “Como amantes del cine tenemos un lenguaje único y universal. En estos tiempos, VOX, aquí en España, o Boris Johnson en mi país, nos intentan decir que hay algo de ser inglés que es distinto a ser español, hay que decirles: “¡Vete a la mierda!”. Nos puede conmover de igual manera una película japonesa de los años 30 que una inglesa de los 80″. 

¿Cuál es el origen de Women Make Film? ¿Se te ocurrió mientras dirigías The Story of Film?
Durante mucho tiempo me he preguntado quiénes eran las mejores directoras de cada país. Recuerdo preguntarle a un amigo etíope y a otro senegalés quiénes eran las mejores directoras de sus países… Empecé a redactar una lista y me pregunté por qué la obra de estas mujeres no se enseñaba ni se conocía. La lista se hacía cada vez más larga. Era como un volcán a punto de entrar en erupción. Llegó un punto en el que me dije: “Basta. Este material tiene que verse”.  

¿Fue una concienciación paralela al Movimiento Me Too?
No. Fue cinco o seis años antes. Si amas el cine es imposible que no te importen todas estas cineastas. Esta directora [señala una foto entre un montón de fotografías de mujeres que tiene sobre la mesa] hizo una película titulada Sambizanga. Cuando la vi, hace 20 años, pensé: “Es como un cuadro de Caravaggio o como una película de Scorsese”. ¿Ha tenido alguna retrospectiva? No. Se llama Sarah Maldoror. Me encanta su película y ese amor se convirtió en enfado porque nadie la conociese. El amor y la rabia se dan la mano algunas veces.  

¿Por qué crees que las mujeres cineastas no obtienen el reconocimiento que merecen?
Por distintos motivos. Primero, porque los historiadores y críticos son hombres. Segundo, porque las mujeres que han tenido mayores oportunidades pertenecen a la Unión Soviética y la ideología de sus películas son de izquierdas, de manera que, en el mundo capitalista, sus obras han sido excluidas. También, porque estas mujeres, Binka Zhelyazkova o Kira Muratova, por ejemplo, trabajaban habitualmente con un presupuesto de marketing muy bajo y esto hacía que sus películas fuesen menos conocidas.  

¿Por qué les dieron más oportunidades en la Unión Soviética?
Su política oficial era de igualdad de género. La Unión Soviética tenía muchos problemas pero cuando se trataba de mujeres, estas podían trabajar en lo que quisiesen. Cuando Stalin llegó al poder fue más conservador y quiso devolver a las mujeres al ámbito doméstico. Pero antes sí que hubo una política que se aseguró de que las mujeres hiciesen películas. Larisa Shepitko, por ejemplo. ¿Has visto su película La ascensión? La mejor película de guerra que se ha hecho jamás. Y no hay niños en ella, contra el prejuicio de que una película dirigida por una mujer tiene que tener niños en ella. Ahora que se habla tanto del noir, ¿quién hizo una de los mejores noirs de la historia? Binka Zhelyazkova 

Entonces, no sería apropiado hablar de la existencia de una mirada femenina.
Creo que la idea de la mirada femenina y masculina ha sido una herramienta muy útil en la época en la que se inventó, en los 70. Pero, llegado un punto, este concepto ha empezado a encorsetar a los directores y directoras. Hay casos, como el de Chantal Akerman, en el que sí puedes hablar sobre una mirada femenina. Pero, ¿en qué lugar deja eso a Claire Denis, Lynne Ramsay o a Kathryn Bigelow? Muchas de las mejores directoras hacen películas sobre hombres. No podemos decirles qué tipo de películas tienen que hacer o criticarlas si su mirada no es lo suficientemente femenina.  

¿Cómo ha sido el proceso de documentación para dirigir Women Make Film?
Tenía la suerte de haber hecho The Story of Film, así que cuando iba a los archivos ya me conocían y me facilitaban copias de las películas de sus directoras. He de decir que muchas de estas películas están en YouTube, contra lo que se pueda pensar. Decidí estructurar la película en 40 capítulos en los que hacerme preguntas, no sobre sus vidas, no sobre sus frustraciones sacando adelante sus proyectos, sino sobre su arte, sobre su maestría. Para mí eso era muy importante. No quería contar la historia de unas víctimas, sino la historia de unas cineastas.  

¿Y por qué decidiste estructurarlo con estas preguntas?
Porque soy también soy un cineasta y me hago estas preguntas. ¿Cómo diriges una gran película bélica? ¿Cómo ruedas un buen travelling? ¿Cómo filmas a gente trabajando? Estas son las grandes preguntas prácticas que nos hacemos. No hay conceptos teóricos ni términos técnicos. Creo que esto es lo que mis amigas directoras querrían que hiciese. Muchas de ellas no quieren que se las trate como mujeres directoras o que les preguntes cómo es ser una directora mujer. Quieren ser tratadas como cineastas. Eso es lo que hace que Women Make Film sea una película política. No es abiertamente política pero sí de manera implícita.  

Es una manera de no meter a las directoras mujeres en un gueto.
Cuando estudiaba en la universidad enseñaban literatura, por un lado, y literatura escrita por mujeres, por otro. Como si fuese un hobby, como una subsección, como algo pequeño. Cuando ya has estudiado la melodía, puedes pasar a la armonía. Las mujeres no son la armonía. Son tan melodía como los hombres. 

Me gusta mucho la idea de que Women Make Film es un escuela en la que todas las profesoras son mujeres.
El título provisional del documental era The Film School. Ni siquiera aparecía la palabra “Women”.  

¿Tenías algún tipo de prejuicio antes de empezar esta investigación?
[Duda antes de contestar] Sabía que en la Unión Soviética encontraría muchas mujeres directoras o que en Irán la proporción de mujeres directoras era mucho mayor que en EE UU. Lo que sí que he descubierto, y esto me ha decepcionado, es que muchas activistas que están intentando cambiar la industria del cine para que haya más cineastas mujeres no conocen a casi ninguna de las mujeres que las preceden. Han visto las películas de Jane Campion, Claire Denis y poco más. Creen que eso es todo. Es un problema grave. Si piensas que solo hay doce directoras en el mundo es como si estuvieses ciego. Esta falta de curiosidad ha sido una sorpresa, la verdad. 

¿Pero no estamos todos volviéndonos ciegos con el cine en general?
No lo creo. Yo soy muy optimista. Crecí sin internet. Recuerdo que la primera vez que oí hablar de Ciudadano Kane tenía ocho años. No la vi hasta que cumplí los 18. Fueron diez años de espera, de deseo, de hambre. Ahora, si quieres ver Ciudadano Kane lo puedes hacer en cinco segundos. Vivimos en una edad de oro para la historia del cine. Nunca habíamos tenido tanto acceso a ella. El problema es que en vez de hambrientos nos sentimos bombardeados. La mesa está llena de comida y no sabemos qué comer. Por ejemplo, ayer en el Festival de Sevilla pregunté quién había visto las películas de Ana Mariscal y nadie las había visto. A veces, estamos más pendientes del cine norteamericano que de nuestra propia historia del cine. Mañana voy a ir a su tumba a dejarle unas flores. Si quieres venir, estás invitada. 

Por eso mismo, ¿no crees que el cine, como cultura, está en peligro?
En cualquier caso, se dice mucho que la capacidad de atención de la gente cada vez es más limitada pero al tiempo la gente ve 50 horas de Breaking Bad… Estamos todos en esto. Todos tenemos que asegurarnos de que nuestra cultura cinematográfica esté viva y sea amplia. Cuanto más amplia sea más frente podremos hacerle a gente como VOX. A aquellos que nos dicen cómo deben ser las mujeres y los hombres, o lo que significa ser español. Como amantes del cine tenemos un lenguaje único y universal. Deberíamos ser la gente más internacional del planeta porque hablamos el lenguaje universal del cine. En estos tiempos, VOX, aquí en España, o Boris Johnson en mi país, nos intentan decir que hay algo de ser inglés que es distinto a ser español, hay que decirles: “¡Vete a la mierda!”. Nos puede conmover de igual manera una película japonesa de los años 30 que una inglesa de los 80. 

Tus documentales hacen una labor que las instituciones no hacen.
¿Sabes qué instituciones apoyaron este proyecto? Ninguna. ¿Sabes qué canales de televisión lo apoyaron? Ninguno. Lo hemos hecho sin un duro. Cuando les presentábamos el proyecto exclamaban: “¿Quién? No la conozco, nunca he oído hablar de ella. ¿Sale Jane Campion?”. Hay en mi trabajo un componente educacional, pero lo que me gusta es convertir esos datos en pasión, en poesía.  

¿Crees que las plataformas pueden darle una nueva vida a los documentales?
Hasta finales de los 90, los documentales no se exhibían en los cines. Llegó Michael Moore y los cines quitaban la ficción de sus carteleras para proyectar documentales. Después del 11 de septiembre, lo real empezó a interesar más a los espectadores que la ficción. Creo que no es un momento malo para los documentales. En cuanto a las plataformas… Ayer cuando llegué al hotel vi dos películas de Pere Portabella de las que me había hablado un periodista. ¿Las encontré en Netflix? No. ¿Hay cine clásico español en Netflix? No. Estaban en Amazon Prime. Así que hay plataformas mejores que otras en cuanto a historia del cine. Estoy siendo optimista una vez mas, pero es la verdad. Algunas plataformas están alimentando el amor a cine y otras no. 

  

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