Lucrecia Martel: “Hacer cine es inventar recursos para ver el mundo”

La cineasta argentina estrena 'Zama' tras impartir un seminario en la ECAM para animar a pensar y crear el cine partiendo del sonido. FOTO: Marina Tizón.

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15 de enero de 2018

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  • Están el cine silente (sin sonido sincronizado), el cine sonoro y el cine de Lucrecia Martel. Sencillamente, las películas de la directora argentina suenan de manera distinta al resto, como puede comprobar cualquiera que vea La ciénaga (2001), La niña santa (2004), La mujer sin cabeza (2008) o su últime filme, Zama, que se estrena en los cines españoles el 19 de enero; las anteriores pueden recuperarse en Madrid gracias a la retrospectiva completa que le dedica Filmoteca Española este mes.

    Durante el pasado fin de semana, Lucrecia Martel impartió un seminario sobre creación y experimentación sonora en la ECAM (Escuela de Cinematografía y Audiovisual de la Comunidad de Madrid) con el propósito de transmitir su particular manera de abordar la creación cinematográfica. “Quiero dar a los estudiantes de cine una alternativa a lo que suele enseñarse sobre la construcción de películas: pensar con una matriz menos visual y más sonora, que permite escribir, dirigir a los actores y tomar decisiones de otra manera”, nos contó la cineasta antes de empezar la charla. “No enseño para que otros hagan lo mismo que yo, sino para que vean lo necesario que es inventarse una manera alternativa de pensar. Ser director de cine es inventar recursos para ver el mundo, más que inventar formas de hacer una película”.

    Ante un público de estudiantes entre quienes también estaban presentes algunos de los cineastas más prometedores del actual cine español, como Carla Simón [en la foto, junto a Lucrecia Martel], Luis López Carrasco, Fernando Franco o Lois Patiño, Martel expuso su manera personal de observar la realidad como paso previo al planteamiento de una película.

    “Yo uso la oralidad y el sonido como una matriz de pensamiento que me permite observar ciertas cosas del mundo, escribir, filmar la imagen y, por supuesto, plasmar el sonido de una manera particular, porque ha estado presente en todo el proceso”, nos contaba la directora. “No tengo un pensamiento muy claro sobre los encuadres o la puesta en escena, pero sí sé que llegué a ellos por una concepción sonora. La imagen se desprende de un concepto sonoro”.

    Si bien esta forma de trabajar se hace evidente en toda la filmografía de la argentina, es en Zama, adaptación de una novela de Antonio Di Benedetto construida mediante el monólogo interior de un oficial español destinado a las colonias de ultramar a finales del siglo XVIII, donde el ritmo musical de la narración y la preponderancia de la atmósfera sonora se impone con más fuerza. “Con Guido Berenblum [editor de sonido en todos los largos de Martel] queríamos que el sonido se alejase de los preconceptos que definen una película de época, y que están muy relacionados con las ideas que tenemos sobre la naturaleza, como oposición a la cultura”, explica Martel. “Es muy curioso cómo hemos construido ese concepto de naturaleza los humanos. ¿Por qué pensamos que las ciudades son opuestas a la naturaleza? ¿Un hormiguero es menos natural que las hormigas? Hago muchos ejercicios para escapar a estas tonterías. El olor a petróleo en una autopista, ¿no es olor a fósil, no es natural? Abracemos al plástico como si fuera una orquídea. Hicimos una colección de sonidos de chicharras, pájaros e insectos que existen en la región donde filmamos, pero que uno asocia a sonidos electrónicos, no a sonidos de la naturaleza. Esa ambiguedad es una fuente de desasosiego fundamental para que nuestra percepción se renueve”.

    Al presentar diálogos en muchas lenguas, varias de ellas indígenas, Zama supuso otro desafío extra a la concepción sonora de la película. “Escribía diálogos que no sabía exactamente cómo iban a sonar”, recuerda la cineasta. “Al abordar el sonido, el habla, el mundo de los diálogos, entra en una zona rara. Son sonidos que tienen sentido y construyen el sentido. Parece que pertenezcan al guion y no a la banda sonora. Pero cuando escribes los diálogos es como si escribieras una partitura musical, con la que además debes construir frases con sentido. Los actores son como instrumentos de música. Además de su cara y sus movimientos, está el sonido que tiene esa persona, algo que tú debes aprender a ‘tocar’ de la manera que te interesa”.

    Por último, Lucrecia Martel defiende ante todo la necesidad de buscar nuevas vías de expresión que se salgan de los caminos ya marcados por los modos de representación convencional o el sistema narrativo hegemónico que se asume como naturalizado cuando, en realidad, existe todo un campo abierto de alternativas. “Muchas veces me da la sensación de que hacemos cine basándonos en películas que hemos visto, y despreciamos lo que nos rodea, como si en el mundo no hubiera otras estructuras narrativas que observar”, concluye.

    Zama se estrena el 19 de enero.

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