Los monólogos del pene

¿Cuántas reflexiones nos ha brindado el cine sobre el miembro masculino?

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23 de mayo de 2014

Al igual que en Anchorman no tardamos en enteramos de que Brian Fantana (Paul Rudd) ha bautizado a su miembro viril como Octógono —y de que su testículo izquierdo se llama James Westfall y el derecho Doctor Kenneth Noisewater—, al principio de Dom Hemingway es Jude Law quien se dirige a cámara para contarnos unas cuantas cosas sobre su pene. Aunque esta clase de sinceridad no suele estar tan extendida, Fantana y Hemingway no son los únicos personajes cinematográficos que hablan abiertamente sobre las características propias de sus genitales. Hemos recopilado otros ejemplos en los que, si bien los propios penes no reciben el turno de palabra —como sí ocurre en Marquis (foto de arriba) o en Brüno—, ellos son los auténticos protagonistas; incluso aunque no participe ninguno de los actores mejor dotados de Hollywood, ejem.

Dom Hemingway (2013)

Dom Hemingway

“¿Es mi polla exquisita? Yo creo que es exquisita. Creo que es una puta obra de arte. Como un Renoir, o un Picasso. En el Louvre debería haber un cuadro de mi polla. Mi polla debería estudiarse en las clases de arte; pasarse cursos enteros estudiando sus expléndidos contornos. Mi polla también debería ser estudiada por la ciencia, porque desafía a la Naturaleza. Mi polla es fuerte. Es metal, es acero, es titanio. No se rompe. No se ablanda. Mi polla puede pasarse el día entero como un buen soldado que intenta impresionar a sus superiores. Si mi polla pudiera ganar una medalla, lo haría. Si pudiera dar nombre a un colegio, lo haría. Si pudiera salvar de morirse de hambre a los pequeños niños somalíes, lo haría y ganaría un puto Nobel de la Paz por ello; el primer Nobel de la Paz para una polla. Mi polla ganadora del Nobel es como un guepardo: todo liso, peligroso y mortal. Se deberían escribir sonetos sobre lo peligrosa que es mi polla guepardo; poemas, obras de teatro. Se lucharían guerras, reinos caerían por ella. Mi polla es un relámpago, es fuego. Es un volcán lleno de sagrado semen, lava, azúcar, especias y todas las cosas… bellas”.

Con ese parlamento motivacional, capaz de rivalizar en épica con cualquiera de los más famosos del cine, se nos presenta Dom Hemingway (Jude Law) en la película de Richard Shepard que lleva su nombre. Como acaba de llegar a los cines, dejamos que descubras en ellos más detalles sobre la peculiar personalidad de este ladronzuelo charlatán, bebedor y fumador de fuerte acento cockney.

Magnolia (1999)

“Respetar la polla y domar el coño. Domadlo, cogedlo por los cuernos con los trucos que os enseñaré en el trabajo y decid: ‘No, no me controlarás. No me robarás el alma. ¡No! No ganarás este juego’. Porque es un juego, tíos. ¿Queréis creer que no? Pues volved al colegio, cuando estábais colados por la tetona de Mary Jane. Respetar la polla. Grabaos esta idea: ‘Yo soy el que manda. Yo soy el que dice sí. No. Ahora. Aquí’. Porque es universal, tíos; es evolutivo, es antropológico, es biológico, es animal. Nosotros somos hombres”.

El antológico papel de Tom Cruise como el gurú machista Frank Mackey es uno de los personajes más memorables de la película de Paul Thomas Anderson. Lo dramático del asunto es la cantidad de cabestros que pueden tomarse las soflamas de Frank en serio, no como elixir sanador de masculinidades bajas de autoestima, sino como justificación de comportamientos sexistas absolutamente reprobables. Esos, a verse la película otra vez.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)

“A primera vista, puedo parecerles demasiado delgado. Pero son apariencias. Los brazos, por ejemplo, son más musculosos de lo que parecen. Pero un hombre no folla con los brazos. El torso puede parecerles un poco escuálido. Pero un hombre no folla con el torso. Las piernas… las piernas no son las de un deportista. Pero un hombre no folla con las piernas. ¿Con qué folla un hombre? Ahí es donde yo quería ir a parar. Porque tengo un pollón… Cada vez que mi glande irrumpe en la vagina de una mujer, la destroza. Por eso tengo que ir con prostitutas, que tienen el coño más dado de sí por el uso. A las mujeres corrientes les da miedo ir conmigo; debería gustarles, pero les da miedo. Bueno, la leche… no sabéis lo que es. Qué blancura, qué espesor, qué presión; un géiser parece”.

Está claro que Jaime Chávarri merece un lugar de honor en el podio del cine español gracias a El desencanto, pero esta aparición posterior delante de las cámaras en la película de Pedro Almodóvar también es digna de cualquier antología. Así se describe un meticuloso exhibicionista anónimo ante unas atónitas Carmen Maura y Verónica Forqué a medida que se va desnudando. Un pitch digno de Don Draper y los suyos.

Les rencontres d’après minuit (2013)

Eric Cantona

“A los seis años ya escribía como un loco. Las palabras me venían con facilidad. Cada domingo, mis padres organizaban un piscolabis con la familia y yo leía los poemas que había escrito durante la semana. Evidentemente, los versos eran ingenuos, pero el estilo era prometedor y singular. A los 13 años las cosas empezaron a complicarse. Una pubertad delirante. Todo empezó a transformarse de forma irracional. Mi libido, mi rostro y mi polla. En pocas semanas, mi pene infantil se transformó en un verdadero monstruo. Al principio intenté ocultarlo, pero el rumor se había extendido por la escuela. Me daba vergüenza. Quería estar solo. Vi que la gente me miraba de otra forma. Los chicos dejaron de hablarme y las chicas me sonreían ruborizadas. Tenía la sensación de que toda la ciudad estaba al corriente. Me convertí en un fenómeno de feria. Lo peor es que me gustaba. Me sentía poderoso, irresistible. Empecé a estar obsesionado con mi polla y olvidé la escritura. Todavía hoy siento que ocupa todo el espacio, como una criatura autónoma. Como si siempre reclamara más placer. Me encanta mi polla. Puedo mirarla, tocarla durante horas sin cansarme. Y vivo con ella. Le hacen fotos. Es casi una estrella de cine. Pero a veces pienso que eso no tiene que ver conmigo. Yo soy un poeta, un artista. Así que maldigo esta polla que ha cambiado mi destino”.

Esta es la confesión de nada menos que el exfutbolista Éric Cantona, quien interpreta al semental de la orgía muy particular que monta Yann Gonzalez en su primera película, uno de los debuts más fascinantes del cine francés del año pasado. Si quieres enterarte de si este trágico poeta frustrado por el tamaño de su miembro termina enseñándolo en pantalla, tendrás que hacerte con la película. Un adelanto: merece la pena.

La chaqueta metálica (1987)

“Aquí mi fusil, aquí mi pistola. Uno da tiros, la otra consuela” / “This is my rifle, this is my gun. This is for fighting, this is for fun”.

La última película bélica de Stanley Kubrick estaba llena de cánticos militares, pero uno de los más fáciles de recordar, tanto en versión original como doblada, exponía de forma diáfana la dualidad del soldado en tiempos de guerra. El pathos donde confluyen eros y tánatos, si así lo prefieres. Y como banda sonora para el gesto de sujeción del paquete no tiene precio.

Marquis (1989)

“Mi único punto noble puede encontrarse en mi apéndice corporal, al que procedo a consultar democráticamente, dado que es algo caprichoso”.

El que probablemente sea el mejor biopic sobre el Marqués de Sade que se pueda hacer jamás bajo los efectos del ácido y el aplomo creativo contó con guión y diseños de Roland Topor. Eso explica inicialmente que todos los actores lleven máscaras de animales grotescamente antropomorfos, haya escenas de animación stop-motion y el pene del encarcelado marqués, con cara, boca y voz propias, sea como un personaje más… de voz suave y encantadora.

La cosa más dulce (2002)

“Tu pene es tan duro. Y el más largo de todos, seguro. Mi cuerpo es una peli y la estrella es tu puro. No, no puede caber aquí. No puede caber aquí. No puede caber aquí. Qué viaje tan brutal. Tu pene es colosal. Tu pene es demasiao. Una nave espacial. Tu pene es una bomba. Tu pene es un cañón. Y cuando se dispara, menudo mogollón. Listos, apunten: ¡pene! No, no puede caber aquí. Tu pene, qué poder. Cómo entra, qué placer. Tu pene tiene ritmo y me hace estremecer. Tu pene me marea, grande como una tea. Y pringa que no veas. No, no puede caber aquí. Qué pedazo de pene. Qué potente lo tienes. Tu pene es tan bonito. Qué perfecto es mi nene. Tu pene es tan duro. Y el más largo, seguro. Mi cuerpo es una peli y la estrella es tu puro. Protagonista: tu pene. No, no puede caber aquí”.

Aunque siempre preferiremos la versión original, ambas sirven para quitarse el sombrero ante Cameron Diaz, Christina Applegate y Selma Blair cantando las mentirijillas diplomáticas sobre tamaños, longitudes y grosores que toda mujer heterosexual se ha visto en la situación de tener que pronunciar alguna vez ante los ojos lagrimosos de un interlocutor.

(500) días juntos (2009)

“¡Pene! ¡Pene! ¡PENE!”.

Así es cómo Zooey Deschanel y Joseph Gordon-Levitt hicieron que una palabra no demasiado utilizada en las primeras citas se convirtiera en protagonista absoluta de una bella escena de amor en el parque. ¡Toma ya, Linklater!

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