Los 10 grandes escándalos del Festival de Cannes

Lars von Trier no es el primer cineasta que da la campanada en el certamen francés. Godard, Buñuel y muchos otras figuras del cine también tuvieron su ración de polémica. Por CINEMANÍA

20 de mayo de 2011

Del subidón maníaco al bajón depresivo: así ha sido la trayectoria de Lars Von Trier desde que el martes anunciase lo de “comprendo a Hitler” en el Festival de Cannes. Pero, ¿es el danés, actualmente vetado por el certamen, el primero que protagoniza un escándalo similar? Ni mucho menos: como punto de encuentro para personalidades muy, muy fuertes, Cannes ha sido el escenario de campanadas muy sonoras, las mayores de las cuales ofrecemos a continuación. Con vosotros, los mayores escándalos que han sacudido la Croisette.

* El III Reich agua la fiesta (1939)

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¿Sabes cuál fue la fecha de inicio del primer Festival de Cannes? El 1 de septiembre de 1939. Con un finísimo sentido de la oportunidad, los organizadores del certamen habían programado su comienzo el mismo día en el que un tal Adolf Hitler tenía apuntado en su agenda: “Invadir Polonia y comenzar una guerra mundial”. Al anunciarse la bélica noticia, todos los asistentes al festival (incluyendo al venerable Louis Lumiére, presidente del jurado) tuvieron que salir por piernas rumbo a sus respectivos países de origen.

* Antonioni, abucheado por L’Avventura (1960)

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Si tuviésemos que hacer una lista con todos los títulos proyectados en Cannes a los que el público ha despedido con pitos y jaleo, no acabaríamos nunca. Pero el caso de L’Avventura, el filme que Michelangelo Antonioni presentó al certamen en 1960, es un caso especial: execrada entonces por el público y la crítica, la película se ha ganado con los años el estátus de clásico incontestable, dejando como unos patanes a aquellos que entonces la consideraron un bodrio.

* Buñuel arma la de Dios con Viridiana (1961)

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La dictadura franquista se las veía muy felices autorizando al genio de Calanda a volver a España, así como autorizándole a rodar una película en su suelo natal. Estúpidos como siempre, los censores se alegraron cuando la película ganó una Palma de Oro, para después llevarse las manos a la cabeza cuando el diario vaticano L’osservatore romano publicó un encendido artículo desvelando la realidad de los tejemanejes de Fernando Rey, Silvia Pinal, los mendigos y ese Paco Rabal jugando al tute con su prima. El resultado: la película prohibida, Buñuel exiliado de nuevo, la productora Uninci disuelta y el gobierno de España quedando por los suelos ante los cinéfilos (los que pudieron enterarse, claro)

* La ‘Nouvelle Vague’ (y Polanski) se alían con el Mayo Francés (1968)

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Aunque no se suele recordar demasiado, las revueltas populares que sacudieron Francia en 1968 tuvieron un origen muy cinéfilo: los estudiantes de París se lanzaron a la calle, entre otras razones, para protestar por el cese de Henri Langlois, director de la filmoteca de la ciudad. Dado que Langlois era amigo y protector de Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y otros prometedores jóvenes, el festival de Cannes de aquel año fue movidito, y las manifestaciones organizadas por la plana mayor de la Nouvelle Vague (pidiendo, entre otras cosas, que se proyectase Peppemint Frappé de Carlos Saura, retirada de la competición) provocaron la cancelación del certamen. El presidente del jurado, un tal Roman Polanski, secundó la protesta, no sin antes espetarle a Godard: “Tus discursos me recuerdan a los que escuché en la Polonia estalinista”.

* Coppola se la juega con Apocalypse Now (1979)

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Tras tres años de rodaje, el barbudo más megalómano aún seguía empantanado en la jungla de Filipinas, enredado en el rodaje de esa película bélica con Marlon Brando y música de Wagner que, según afirmaba, iba a ser la repanocha. Pese a todo, había que darle salida al material por alguna parte, así que Apocalypse Now fue presentada en Cannes en una versión inconclusa de tres horas. Tras la proyección, y el consiguiente aplauso, Coppola cargó contra quienes habían cuestionado su decisión, aprovechando de paso para pronunciar una frase histórica: “Esta película no habla de Vietnam. Esta película es Vietnam”.

* David Cronenberg, Premio Especial del Jurado (1996)

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¿El director de Vinieron de dentro de…, La mosca y Scanners, aclamado en el festival por excelencia de los auteurs? ¿Un canadiense amante de la serie B, las motos y el sexo chungo triunfando en Cannes? Pues sí: pese a las protestas de parte del público (incluyendo, y no es broma, asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico), Cronenberg no sólo se llevó uno de los premios gordos con su Crash, sino que fue nombrado presidente del jurado en 1999. Y es que, como bien sabe el genio de Videodrome, no hay nada como renunciar a los efectos especiales y al gore para que los ‘serios’ te tomen en serio, aunque en el fondo tu mensaje no haya cambiado.

* El público pide la cabeza de Sofia Coppola (2002)

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El clamor popular contra María Antonieta rompió todos los récords, y suponemos que también algún medidor de decibelios que otro. Ofreciendo a una Kirsten Dunst pija y empelucada bailando canciones de New Order, la hija de Francis Ford Coppola no tuvo en cuenta lo sensible que es el público francés con su historia y su grandeur: tanto la crítica como el público detestaron el filme.

* Roger Ebert y Vincent Gallo se buscan las cosquillas (2004)

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Uno de los mayores combates de egos jamás librados en la Croisette fue el que enfrentó al crítico más querido de EE UU con el director de Buffalo 66, que presentaba su película Brown Bunny. Tras el pase del filme, Ebert afirmó que el filme era “el peor jamás proyectado en Cannes”, a lo que Gallo replicó describiendo al periodista como “un gordo seboso”. Sin inmutarse, Ebert respondió: “Puede que algún día yo adelgace, pero Vincent Gallo siempre será el director de Brown Bunny”. Moraleja: nunca te metas con un tipo que, además de hacer historia, ha escrito guiones para Russ Meyer.

* Von Trier provoca desmayos con Anticristo (2010)

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¿Quieres que los espectadores de tu última película se lleven un recuerdo imborrable? Incluye un primer plano de la actriz protagonista cortándose los genitales. Aplicando esta fórmula a las intimidades de Charlotte Gainsbourg, Lars Von Trier no sólo llegó a unos extremos de sordidez que ni Haneke en La pianista, sino que también provocó desmayos, abandonos de la sala y abucheos a granel. En la rueda de prensa posterior, el danés soltó aquello de “Soy el mejor director de cine del mundo”, un mero aperitivo para su asonada de 2011.

* Uma Thurman se olvida de algo importante (2011)

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Tan ocupados estamos este año con lo que Lars Von Trier ha dicho o ha dejado de decir, que casi se nos olvida el primer pequeño escándalo de esta edición de Cannes. La actriz de Kill Bill, que participa este año como miembro del jurado, acudió a la ceremonia de apertura muy fresquita por debajo, obsequiando inadvertidamente a los fotógrafos con un cruce de piernas a lo Instinto básico gracias a su falta de ropa interior. Aún a riesgo de suscitar la ira de La Novia, afirmamos que Kira Miró lo hace con más gracia.