Las mejores adaptaciones de Stephen King

El escritor estadounidense más vendedor de la historia va a cumplir 71, y nosotros le felicitamos con esta lista de filmes. Ojo: has visto más de los que crees.

Por - 21 de septiembre de 2018

No sabemos si el 21 de septiembre de 1947, los cielos de Portland (Maine, EE UU) se oscurecieron, si un payaso de sonrisa inquietante se paseó por las calles de la ciudad o si un funcionario escribió, por error, “No por mucho madrugar amanece más temprano” en el registro de nacimientos. Pero todo ello podría haber ocurrido, porque en esa fecha, hace casi 70 años, nació un tal Stephen King. El escritor estadounidense más vendedor de la historia es un director de cine pésimo (si quieres comprobarlo, échale un vistazo a La rebelión de las máquinas, su único filme) y algunas sus novelas han dado pie a más de un truño fílmico… Pero otras de sus obras, y sobre todo sus relatos cortos, fueron el germen de películas estupendas.

El resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

El novelista y el director neoyorquino, ambos unos maniáticos de tomo y lomo, se cayeron fatal durante la producción de este filme (rodado, no lo olvidemos, en orden cronológico). Hasta tal punto llegó su enemistad que King, no contento con comparar el filme con “un coche muy bonito, pero sin un motor dentro”, siguió choteándose de Kubrick hasta después de la muerte de este. Pero, por más que le pese al novelista, y por más que el director alterase su novela como le dio la gana, la imagen de Jack Nicholson con su hacha y su sonrisa demencial es en lo primero en lo que pensamos al asociar el horror kingiano con el cine. Y, para colmo, el telefilme de 1997 (mucho más fiel a la novela, y con las bendiciones del escritor) no le llega ni a la suela de los zapatos.

Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994)

La colección de relatos Cuentos de las cuatro estaciones ha demostrado ser la mejor fuente literaria para los directores que adaptan a King: tres de sus historias han llegado a la pantalla, y todas han dado lugar a buenas películas. ¿Por qué? Este filme, uno de esos que nunca nos perdemos cuando lo ponen en la tele, nos da la respuesta. Sus tramas son sencillas, pero emocionantes, sus personajes tan carismáticos como Tim Robbins y Morgan Freeman, y su renuncia a los recursos fantásticos prueban que King es un escritor que, aunque formalmente muy descuidado, domina las mañas de su arte.

Christine (John Carpenter, 1983)

Amante en la vida real del rock estruendoso y los vehículos de gran cilindrada, King estaba destinado a encontrarse con un cineasta tan macarra como él. El autor de Rescate en Nueva York y La noche de Halloween transformó una novela menor del autor de Maine en un relato subversivo, original (con su coche Plymouth Fury de 1957 funciones de vampiresa seductora) y cinéfilo, invocando constantemente los mitos del cine juvenil como Rebelde sin causa. Desde su primera escena (ver vídeo), Christine rebosa toda ella de morbo, cachondeo, gasolina y guitarrazos.

La zona muerta (David Cronenberg, 1983)

El mismo año en el que Carpenter abordaba la obra de Stephen King desde su estilo macarra, otro director igual de aficionado que ambos a los coches, pero mucho más hermético, se atrevía con una novela del escritor. Aunque Cronenberg afirme que La zona muerta fue un trabajo de encargo, y aunque la película no suela aparecer en las antologías de su trabajo, sólo por ver cómo el canadiense más morboso y Christopher Walken coinciden en un mismo filme debería justificar su visionado. El mismo argumento (un hombre que, tras un período en coma, adquiere la facultad de ver el futuro) sirvió en 2002 para realizar una serie televisiva muy apañada, con Anthony Michael Hall al frente.

Verano de corrupción (Bryan Singer, 1998)

Nuestra segunda visita a los Cuentos de las cuatro estaciones se basó en un relato donde King demostró otro de sus talentos: el terror psicológico. Ian McKellen, nazi retirado y fugitivo, es víctima del chantaje de su angelical vecinito, un Brad Renfro tan estudioso que quiere saberlo todo sobre la II Guerra Mundial… Y, en especial, sobre los campos de exterminio. Según el relato original, el más terrorífico del cuarteto, entre un quinceañero americano y triunfador de la ‘era Reagan’ y un cachorro del III Reich no había mucha diferencia: viendo a los dos actores en sus papeles, nos lo creemos.

La niebla (F. Darabont, 2007)

Mientras que en Cadena perpetua y La milla verde Darabont había adaptado dos de las obras más sencillas de King, en esta ocasión el director cogió al toro por los cuernos. La niebla expande un relato en el que el autor ponía de relieve su admiración por H. P. Lovecraft (los monstruos primigenios surgidos de Cthulhu sabe dónde) y lo convierte en una metáfora política donde los personajes se autodestruyen debido al pánico de una amenaza exterior. ¿A qué se estaría refiriendo?

Misery (Rob Reiner, 1990)

Una Kathy Bates muy chiflada (en una interpretación que le valió el Oscar), un James Caan con la pierna rota, una casa en mitad de ninguna parte y una máquina de escribir con múltiples usos. Si Stephen King desahogó en esta novela la irritación que le producía su encasillamiento como escritor de sustos y monstruos, el director de La princesa prometida (y William Goldman, su guionista) consiguieron un thriller tan cruel como divertido llevando la historia a la pantalla. Cada vez que la vemos, nos duelen los tobillos…

Los ojos del gato (Lewis Teague, 1985)


Cat’s Eye (Trailer) por Tower-of-Dark

Reconozcámoslo: si King resulta un inepto como director de cine (cuando filmó La rebelión de las máquinas iba drogado hasta las cejas, y se nota), como guionista se defiende bastante bien. La prueba es esta película, para la cual nuestro hombre escribió tres historias originales que son interpretadas por Drew Barrymore James Woods, entre otros. Todas ellas son de pasar miedo, aunque las raíces de este varían: desde la ansiedad que provoca el dejar de fumar hasta la apuesta más estúpida, probablemente, de la historia del cine. Hay donde escoger.

Cuenta conmigo (R. Reiner, 1986)

Nos encontramos por última vez con Cuentos de las cuatro estaciones, y con Rob Reiner, para señalar otra de las virtudes de Stephen King: su talento para describir las crisis de la infancia y la adolescencia no tiene rival. Esta película, entrañable como pocas, lo demuestra compaginando la nostalgia por la juventud perdida con la descripción de un entorno rural tirando a miserable, y la intriga policíaca con los vómitos de tarta.

Carrie (Brian De Palma, 1976)

¿La mejor de todas? Es posible, aunque tendría que competir con El resplandor por el título. Lo cierto es que la historia de la pobre Carrie White (Sissy Spacek) sirvió para tres cosas: para que King desahogara toda la mala sangre acumulada en sus años como profesor de instituto, para que el escritor tuviera su primer éxito a gran escala, y para que Brian De Palma firmase un filme excesivo, delirante, cruel y que se ha incrustado en la memoria colectiva bajo múltiples formas, desde una lluvia de támpax hasta un cubo de sangre de cerdo. A ver cómo se porta ese remake con Julianne Moore como mamá devota.

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