Las comedias de Robert De Niro, de mejor a peor

Nos hemos atrevido: todas las veces que el actor de 'Toro salvaje' ha intentado (e incluso logrado) hacernos reír, reunidas en orden de eficacia cómica.

Por - 27 de octubre de 2015

Al principio, nos resultaba casi inconcebible. Después, nos sorprendimos descubriéndonos que se le daba bastante bien. Y, finalmente, sentimos ganas de suplicarle que parara. La relación entre Robert De Niro y la comedia ha sido siempre tortuosa cuanto menos, pasando de ser uno de los actores más letalmente serios del cine estadounidense (ahí tenemos esos festivales de jolgorio que rodó con Scorsese, o el júbilo que transmite su interpretación en El Padrino II…) a enfangarse progresivamente en una serie de películas que a veces lograban hacernos reír, pero que generalmente sólo conseguían provocarnos vergüenza ajena. Pero hete aquí que El becario, el último trabajo humorístico que ha rodado el neoyorquino, está bastante bien. Así que nosotros le rendimos tributo con un salto sin red: hemos analizado TODAS sus comedias, ordenándolas desde las que más nos gustan a aquellas que nos dieron ganas de arrancarnos los ojos. Aquí tenéis el resultado…

Huida a medianoche (Martin Brest, 1988)

¿La mejor? Pues posiblemente. Por lo pronto es la que más nos gusta, y eso que a priori no promete demasiado. Ni el director ni la mayoría de los actores (salvo ‘Bobby’, claro, y con Yaphet Kotto como segunda excepción) son demasiado conocidos, y tampoco ocupa un lugar destacado en los libros de historia. Pero esta road movie con un cazador de recompensas protegiendo (y padeciendo) a un contable de la Mafia permite observar un raro fenómeno: ver a un De Niro que, pese a trabajar conscientemente para dar risa, no se convierte en una caricatura de sí mismo.

El rey de la comedia (Martin Scorsese, 1982)

En su momento, esta película (realizada justo después de Toro salvaje) se ganó la enemistad de muchos críticos, entre ellos la feroz Pauline Kael. Algo injusto, pero hasta cierto punto comprensible: en su papel del inigualable Rupert Pupkin, el cómico más demente a este lado del río Hudson, De Niro tenía que hacerle frente a todo un Jerry Lewis, y a un guión cuyo humor era (y sigue siendo) más negro y más pringoso que la pez. Si quieres saber lo que ‘Marty’ entiende por una película humorística, eso sí, el filme resulta un documento impagable.

Hola, mamá (Brian De Palma, 1970)

Aunque hoy cueste creerlo, el primer compinche de De Niro detrás de la cámara no fue Martin Scorsese, sino un Brian De Palma con el que nuestro hombre rodó tres filmes underground de presupuesto bajo cero y ánimo incordiante. Hola, mamá fue la última de esas colaboraciones, y probablemente sea la mejor, con ‘Bobby’ encarnando a un veterano de Vietnam un poco menos tronado que Travis Bickle, expuesto a la demencia cotidiana de un Nueva York guarro, convulso y psicodélico.

La chica del gangster (J. McNaughton, 1993)

Indicación preliminar: el director es el mismo de Henry, retrato de un asesino, la chica (una prostituta, en realidad) es Uma Thurman y el gangster de marras (cuya auténtica vocación es la de comediante de escenarios) no es otro que Bill Murray. Con esos mimbres, no es extraño que saliera una comedia agridulce, con más énfasis en lo agrio, sobre un triángulo amoroso en el que De Niro ejerce como fotógrafo forense de buen corazón y pocas luces. Una de sus películas más olvidadas, y seguramente la más reivindicable.

Brazil (Terry Gilliam, 1985)

Tal vez De Niro sólo aparezca unos minutos en esta película, pero se implicó a fondo en su producción: cuando Terry Gilliam no quiso darle el papel protagonista, ‘Bobby’ aceptó pese a todo un rol muy secundario a fin de que su nombre sirviese como gancho para la taquilla. Bendito sacrificio, porque Harry Tuttle (el fontanero guerrillero interpretado por nuestro hombre) es uno de los pocos puntos auténticamente joviales en un filme cuyos chistes hacen gala de la misma luminosidad que un agujero negro. Y eso, siendo optimistas.

Una terapia peligrosa (Harold Ramis, 1999)

¿Que De Niro comenzó con esta película su viaje hacia la autoparodia sin fuste? Posiblemente. ¿Que para un actor como él, tan asociado al cine de mafiosos, prestarse a interpretar a un ‘padrino’ con depresión no era precisamente un gesto de elegancia? Tal vez, más aún pudiendo compararle con Tony Soprano. ¿Que, en algún momento de nuestras vidas, casi todos hemos señalado a alguien sonriendo de medio lado y diciéndole lo de “Tú… tú eres bueno…” como ‘Bobby’ a Billy Crystal? Pues también. Y, si alguien lo niega, miente como un bellaco.

Los padres de él (Jay Roach, 2004)

Efectivamente: aquí preferimos la secuela al original. Tal vez el segundo encuentro del desgraciado Gaylord Folien (Ben Stiller) con su tremebundo suegro apostase aún más por la chabacanería que su anterior aventura familiar, pero el gusto de ver a De Niro (en su registro más envarado) interactuando con ese Dustin Hoffman de camisas inenarrables no nos lo quita nadie. Máxime si hacemos caso a ciertos rumores, según los cuales la relación entre Robert y Dustin en la película se parece mucho a la que mantienen en la vida real…

Las cien y una noches (Agnes Varda, 1995)

En esta película, De Niro interviene con un papel totalmente anecdótico. Pero nunca nos perdonaríamos omitirla en un informe como este, aunque sólo sea para recomendar su visionado. Para empezar, porque la firma Agnes Varda, para seguir, porque su historia (los recuerdos del anciano Simón Cine -Michel Piccoli-, personificación antropomorfa de este celuloide que nos trae locos) es el homenaje más encantador posible al séptimo arte en su centenario, y, para terminar, porque en su reparto están Gérard Depardieu, Marcello Mastroianni y Anouk Aimée, entre otros. Una delicia.

Nunca fuimos ángeles (Neil Jordan, 1989)

Cosas de Hollywood y sus servidumbres: si pones a dos intensos profesionales como De Niro y Sean Penn (con esa chispa suya para la comedia…) a remakear el clásico No fuimos ángeles, enmendándoles la plana a Humphrey Bogart y Peter Ustinov, pues te sale lo que te sale. Y si, para colmo, pones tras la cámara a un Jordan que se recupera como puede de un batacazo como El hotel de los fantasmas, pues lo auténticamente milagroso es que la película resultante funcione tan bien como esta.

Los padres de ella (Jay Roach, 2000)

Lo creas o no, el proyecto original de esta película incluía a Steven Spielberg como director. Y, en el papel protagonista, a un Jim Carrey que (dicen por ahí) insistió en que su personaje debía apellidarse “Folien”. ¿Cómo hubiera resultado semejante disparate? Sólo podemos soñarlo. Lo cierto es que Los padres de ella nos confirmó que De Niro había decidido apostar por a los papeles cómicos… y también nos hizo sospechar que, en el futuro, dichos papeles no iban a merecerse un talento como el de nuestro hombre.

Nadie es perfecto (Joel Schumacher, 1999)

De por sí, el rostro de De Niro no es precisamente de los que presagian un festival del humor. Y que Philip Seymour Hoffman nos perdone allá donde esté, pero él tampoco nos hacía pensar en carcajadas, precisamente. Si juntamos a estas dos alegrías de la huerta (uno como policía facha y con parálisis facial, el otro como la drag queen que le da lecciones de canto) con el menospreciado director de Batman y Robin… pues obtenemos una (tragi)comedia que, sin resultar especialmente memorable, se mantiene en pie con mucha dignidad.

Casi, casi una mafia (J. Goldstone, 1971)

Concebida a mayor gloria de Jerry Orbach, leyenda de Broadway a quien recordarás como el padre de Jennifer Grey en Dirty Dancing, Casi, casi una mafia es (a ver si lo adivinas…) una parodia del cine de gangsters inspirada por el éxito de El padrino. Algo que, de por sí, no tendría mucha gracia… salvo porque sus gags funcionan mejor de lo esperable, y porque en ella aparece un De Niro que, por entonces, ni se planteaba interpretar al joven Vito Corleone. Básicamente, porque el papel al que él había aspirado era al de Sonny, y no le habían cogido.

Machete (Robert Rodriguez, 2010)

El problema con Robert De Niro no es que le haya dado por hacer comedias brutotas y con un punto destrozón. El problema, insistimos, es que dichas comedias no le sacan partido. Por eso, cuando vemos un filme que sí aprovecha para ofrecerle un papel en condiciones, somos capaces de olvidar las irregularidades del guión, la obviedad de sus recursos e incluso a Lindsay Lohan. Porque, tras ver a ‘Bobby’ luciendo sombrero texano y encarnando a los EE UU profundos y fachas, incluso aquella ducha de Jessica Alba corría el riesgo de resultar poco memorable.

Stardust (Matthew Vaughn, 2007)

En su momento, la crítica la destripó. Pero esta adaptación de la novelita de Neil Gaiman gana con el tiempo… y uno de los factores que más contribuyen a hacerla entrañable es la estampa del capitán Shakespeare, ese bucanero aéreo y travestido con el que se encuentra la estrellita Claire Danes. Parece mentira, Robert, qué soltura bailando el cán cán…

La cortina de humo (Barry Levinson, 1997)

De Niro está bien, o muy bien. Dustin Hoffman también se luce, empleando ese contraste con su compañero de reparto que tan buenos frutos habría de dar en Los padres de él. Y la historia (algo más que inspirada en el ‘asuntillo’ de Bill Clinton, Monica Lewinsky y ciertos bombardeos sobre Yugoslavia) resulta terrorífica, por lo verosímil. ¿Dónde está, pues, el problema de esta película? Pues en que Barry Levinson quiere dotarla de un aire tan sofisticado y tan alusivo que acaba tirando el tempo de los gags por la borda.

La gran revancha (Peter Segal, 2013)

Venga: reconozcamos que esta tuvo su gracia. El segundo encuentro (tras Cop Land) entre un De Niro al que muchos daban por perdido y un Sylvester Stallone ansioso por revalorizarse tras el buen resultado de las dos primeras partes de Los mercenarios habría podido adoptar muchas formas, pero el hecho de que tuviese lugar en una comedia sobre boxeo nos descolocó bastante. Ahora bien: el problema de algunos chistes es que se agotan rápido una vez se ha acostumbrado uno a su premisa…

Otra terapia peligrosa ¡Recaída total! (H. Ramis, 2002)

El cántaro fue demasiadas veces a la fuente del psicoanálisis mafioso y, como suele pasar, se rompió. De hecho, la secuela de Una terapia peligrosa (¿de verdad hacía falta una secuela, a todo esto?) se habría ganado un lugar mucho más bajo en nuestra lista… de no ser por esas escenas en las que De Niro nos sorprende marcándose canciones de West Side Story entre los muros del talego. Si alguna vez tenemos ocasión de dirigir la obra, el papel de Anita será suyo de fijo.

Noche de fin de año (G. Marshall, 2011)

¿De Niro en una comedia romántica? Pues sí, y no en cualquier comedia romántica: en la película ‘especial Nochevieja’ con la que el director de Pretty Woman trataba de repetir el éxito de su ya de por sí cuestionada (siendo generosos) Historias de San Valentín, apostando de nuevo por los relatos corales con festividad de fondo. Para colmo, su historia de enfermedad y paternidad despechada (SPOILER: su hija es el personaje de Hilary Swank) no es precisamente la más graciosa del lote… aunque sí podría ser la más trillada.

Plan en Las Vegas (John Turteltaub, 2013)

La fórmula está gastada. Gastadísima, de hecho: cogemos a unos cuantos actores famosos en pleno climaterio (De Niro, Michael Douglas y Morgan Freeman, en este caso) y les ponemos a interpretar a un grupo de entrañables maduritos que se van de juerga, dando como resultado una entrañable (se supone) sobre la madurez y sus cosas. En lo que respecta a este subgénero, Plan en Las Vegas no es de lo peor… pero tampoco de lo mejor. Ni de lejos.

Manuale d’amore 3 (Giovanni Veronesi, 2011)

Famosísima en Italia, esta saga de películas episódicas sobre el romance y sus entresijos no ha llamado excesivamente la atención en el mercado internacional. A la altura de su tercera parte, el director Veronesi fichó a De Niro, por aquello del gancho para los mercados foráneos… y la cosa no le salió bien, por más que ‘Bobby’ despliegue en su historia una naturalidad inesperada (si nos atenemos a su última época) y una química sorprendente con Monica Bellucci, striptease masculino incluido.

El espantatiburones (B. Bergeron, V. Jenson, R. Letterman, 2004)

Si algún día nos llegan a decir que el reencuentro entre Scorsese y De Niro iba a tener lugar en un filme como este, nos habría dado un paralís. Pero así fue: en lugar de para hacer un largometraje como mandan los cánones, el actor y el director de Taxi Driver coincidieron como actores de voz en uno de los productos menos memorables de Dreamworks, ejerciendo de comparsas de un Will Smith convertido en pescadito de colores. Esperamos que a sus nietos les gustase, porque, lo que es a nosostros…

Saludos (B. De Palma, 1968)

Antes hemos dicho que las películas de De Niro con Brian De Palma fueron trabajos underground y de bajo presupuesto, ¿verdad? Pues Hola, mamá, la última y mejor de dichas colaboraciones, parece una superproducción de gran estudio comparada con Saludos, un filme que participa de su misma vena de sátira indie y cuyo máximo atractivo, si nos preguntan, es ver a ‘Bobby’ luciendo bigotillo y gafas a lo John Lennon. En fin, era la época…

Ahora los padres son ellos (Paul Weitz, 2010)

Hay comedias que dan ganas de llorar, y esta es una de ellas. Por Ben Stiller (más te vale que Zoolander 2 sea muy buena si quieres que te perdonemos esto, amigo), por el director de American Pie, condenado para los restos a los trabajos alimenticios, por ese Dustin Hoffman que se incorporó al rodaje a última hora (previo jugoso cheque) para tratar de levantar la fiesta… y por un De Niro embarcado en una de las tricuelas menos graciosas que jamás han sido en este mundo.

The Wedding Party (B. De Palma, W. Leach, C. Munroe, 1969)

Tan poco crédito tenía De Palma cuando firmó esta película, su primer largometraje (se rodó en 1963, pero tardó seis años en llegar a los cines) que tuvo que firmar el apaño en comandita con otros dos directores: uno de ellos era su profesor de realización en la escuela de cine, y la otra una compañera de clase. Tan indeciso estaba De Niro sobre su carrera, que aparece en los créditos como… ¡Robert Denero! Aparte de ver al actor con el apellido cambiado y hecho un chavalín (veinte años justos), el interés de The Wedding Party resulta puramente anecdótico.

Las aventuras de Rocky y Bullwinkle (Des McAnuff, 2000)

Menuda forma de entrar en el siglo XXI, Robert: cogiendo el prestigio acumulado en tres peliculones como Heat, Ronin y Jackie Brown… y tirándolo a la basura disfrazándote de nazi de opereta para luchar contra dos dibujos animados y digitalizados, en compañía de un Randy Quaid que, probablemente, no sabía ni dónde estaba. En cualquier caso, hemos de elogiar tu valor: nosotros no habríamos tenido ni en sueños el valor de ponernos ese uniforme.

Showtime (Tom Dey, 2002)

¿Dónde está la hez absoluta del De Niro cómico? ¿Cuál es la peor comedia que ha protagonizado jamás el actor de Uno de los nuestros? Pues la elección resulta difícil, pero en nuestra opinión Showtime aspira seriamente a ese título. No es sólo que su tibia sátira de los reality shows con policías resulte del todo insuficiente: es que eso de juntar a ‘Bobby’ con Eddie Murphy, esperando que ambos funcionen bien como pareja en una buddy movie, debería estar tipificado como crimen contra la humanidad. O, como poco, contra el cine.

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