Las 10 películas más sorprendentes de 2011

De lejos, estos filmes parecían desastres, ejercicios de estilo 'aburreovejas' o productos industriales sin alma ni novedad. Vistos de cerca, nos recordaron por qué amamos el cine. Por YAGO GARCÍA

28 de diciembre de 2011

Si tenéis algún amigo crítico de cine (o, peor aún, a un crítico en vuestra familia), os habrán dado muchas veces la lata con eso de que ver muchas pelis quema las retinas. Y es cierto: tal es la inundación de títulos que nos llega todos los meses, que es fácil perder el candor imprescindible para cualquier cinéfilo, esa capacidad de abordar un filme como si fuese el primero que  ves en tu vida. Menos mal que existen películas como estas. Porque, siguiendo con nuestros resúmenes del año, en CINEMANÍA hemos decidido dedicar un apartado a esos títulos que llegaron a nosotros casi por accidente, encuadrados en géneros poco afines a nuestros gustos palomiteros y orgullosos, o que sencillamente prometían ser un truño… Hasta que nos expusimos a ellos y resultaron ser, bien peliculones, bien obras de gran mérito que no se merecen el olvido. Si ayer te recordamos las películas más decepcionantes del año, hoy nos toca acordarnos de todo lo contrario: 10 filmes que nos recordaron por qué amamos el cine.

Win Win (Ganamos todos)

Lo que nos esperábamos: Una de esas comedietas con las que los grandes estudios quieren darnos gato comercial por liebre indie. Con todos los respetos, el caso de Juno sería un ejemplo apropiado. Y, ¿qué es eso que dicen de la lucha grecorromana?

Lo que nos encontramos: Pues, para empezar, no con una comedia en el sentido más hollywoodiense del término. Porque con Win Win uno se ríe mucho, es cierto, pero en esta película acecha una reflexión sobre los lazos personales (en la familia, en el deporte y en el propio contrato social, si nos apuras) que da muchísimo que pensar. Para colmo, un Paul Giamatti supremo y el novato peloestropajo Alex Shaffer compusieron un gran tándem dramático, redondeado con la aparición de Burt Young (el cuñado gorrón de Rocky) en un papel breve, pero importante. La perspectiva de este filme sobre la naturaleza humana acababa siendo amable, es cierto, pero eso no equivale a “indulgente” o “feliz”.

Rango

Lo que nos esperábamos: Otro intento chungo de explotar el estilo Pixar por parte de un gran estudio (Paramount, en este caso), aunque su reparto de voces famosas en VO, con Johnny Depp a la cabeza, anunciaba más bien un órdago a lo peor de Dreamworks.

Lo que nos encontramos: Tras terminar de ver Rango, uno podía intuir que Depp ha encontrado en Gore Verbinski (su director en Piratas del Caribe) un cineasta de cabecera al que recurrir cuando flaquee su química con Tim Burton. Sobreponiéndose por encima del género de funny animals, esta película se revelaba como un cuento bastante negro, bastante adulto (aunque no lo suficiente para espantar a los chavales, menos mal) y cuyos guiños cinéfilos, más allá del western, abarcaban a un título tan legendario como Chinatown. Pero no te confundas, porque el Espíritu del Far West también estaba presente en la película. Y cómo.

La legión del águila

Lo que nos esperábamos: Madre mía, ya han pasado once años desde Gladiator… ¡Y todavía hay estudios que pretenden convencernos de que el péplum vuelve a estar de moda! Vamos a ver, ¿a quién le apetece ver a Billy Elliot vestido de romano?

Lo que nos encontramos: Irregular, pero también muy hermosa, La legión del águila no es ‘una de romanos’ al uso. Se trata más bien de una reivindicación del género de aventuras, entendiendo como tal la prueba de que un filme puede hacernos segregar adrenalina sin recurrir a la cámara temblona, y también de que un ojo atento para el paisaje (los últimos minutos parecen de Peter Weir, por lo contemplativo) y una trama atenta a temas eternos (¡el poder de la amistad!) no son incompatibles con la acción y el ritmo. Channing Tatum está muy correcto en su papel de centurión, y si alguien tenía dudas sobre el talento de Jamie Bell, esperemos que estas se hayan disipado tras verle toreando al motion capture en Las aventuras de Tintín.

Attack the Block

Lo que nos esperábamos: Un pastiche de géneros de esos que tan bien se le dan a Edgar Wright, sólo que ejecutado por su guionista de cabecera Joe Cornish. El cual, para colmo, debuta aquí como director. Será divertida, pero del montón.

Lo que nos encontramos: Pese lo cachonda e irreverente que resulta esta película (tan cani y tan poligonera ella, pero en británico), sus resultados van más allá de un mero conjunto de guiños o de un ejercicio de estilo. Tras observar su agudo ojo para describir relaciones sociales,  no sorprende saber que Cornish concibió el guión tras ser atracado por una pandilla juvenil. Y, dado lo bien que le salen esas escenas de acción filmadas con cuatro perras y unos cuantos disfraces de “monos-lobo hijoputas del espacio exterior”, uno concluye que lo que acaba de ver es una recuperación del mejor espíritu de serie B, cercano a lo que hubiera hecho el John Carpenter de los 70 de haber contado con J. G. Ballard como guionista.

Midnight in Paris

Lo que nos esperábamos: Vaya, hombre, ya está otra vez este Woody Allen ganándose unas vacaciones pagadas a costa del contribuyente. Del contribuyente francés, en este caso, y encima haciéndole la pelota al presidente Sarkozy sacando a su seño en la película. Con que no le quede tan mal como Vicky Cristina Barcelona, va que se mata.

Lo que nos encontramos: Habrá a quienes le resulte cursi. Habrá a quienes les parezca que su constelación de guiños literarios y artísticos está metida con calzador. Y los habrá también que no coincidan con nosotros en que estar tan sexy como Marion Cotillard en esta película debería ser delito, por lo excesivo. Pero el público ha hablado, y Midnight in Paris no sólo ha supuesto la resurrección comercial del genio de Manhattan, sino también un baño de esperanza para aquellos que le dábamos por perdido tras Match Point. Sin dar más detalles, por los spoilers, sólo afirmamos que nos encantaría subirnos al mismo coche que Owen Wilson y hablar de rinocerontes con Adrien Brody. 

El padre de mis hijos




Lo que nos esperábamos: Un letárgico drama ‘de autor’ a la francesa, con el marchamo gafapasta de la sección ‘Una cierta mirada’ de Cannes, donde recibió un premio especial. Y encima llega a España con dos años de retraso…

Lo que nos encontramos: Para empezar, nos encontramos con unas ganas enormes de ajustar cuentas con quienes impidieron que esta maravilla se estrenase a tiempo en nuestro país. Porque, si se tiene paciencia para entrar en su juego, la película de Mia Hansen-Love muta de apacible historia familiar a tragedia desgarradora en lo que tarda un solo (y breve) plano. La cosa, no obstante, no se acaba allí: inspirada en la vida del productor Hubert Balsan, este filme ofrece también un ejercicio de ‘cine dentro del cine’ apartado de los estereotipos al uso para homenajear, con sentimiento pero sin misericordia, a los productores indie que se arruinan por el arte. Y sí: el director inaguantable de la penúltima escena es un trasunto de Lars Von Trier.

Pánico en la granja

Lo que nos esperábamos: ¿Es que a los belgas les ha dado por remakear Toy Story? Ah, no, que es una peli basada en una serie muy popular por allí… Qué pereza: productos europeos de animación como este llegan mil al año, y sólo unos pocos molan.

Lo que nos encontramos: Pues con que Pánico en la granja molaba, y mucho. Porque una cosa es hacer stop motion a todo lujo, como Henry Selick y Tim Burton, y otra muy diferente conseguir una pequeña, frenética obra maestra a base de figuritas de plástico de todo a cien. Tal es la imaginación desplegada aquí por Stéphane Aubier y Vincent Patard, que el tándem parece a veces inspirado por un Boris Vian apto para menores. Y, de hecho, la única duda que nos crea este filme es si los chavales podrían asimilar del todo su surrealismo juguetero. Aunque no hay nada más peligroso que subestimar a un niño…

Beginners (Principiantes)




Lo que nos esperábamos: Que sí, que vale, que Christopher Plummer quiere un Oscar, y como no lo consiguió el año pasado con La última estación, ahora se apunta a lo políticamente correcto encarnando a un gay jubilado.

Lo que nos encontramos: Precisamente, el tono políticamente correcto que a veces luce Beginners es su mayor defecto. Superado este, lo que nos encontramos es con una historia entrañable con “E” mayúscula, en la que lo circunstancial (las opciones sexuales) es sólo una tapadera para lo que realmente importa: una apología de la sinceridad en las relaciones personales vehiculada a través del personaje de Ewan McGregor y de su romance con Mélanie Laurent. Tras decepcionar (relativamente) con Thumbsucker, el director Mike Mills prueba que lo suyo es el cine mainstream, pero del bueno.

Verbo

Lo que nos esperábamos: Tanto tiempo esperando a que Eduardo Chapero-Jackson firme un largo, y resulta que ese largo es un vehículo de lucimiento para Verónica Echegui y Miguel Ángel Silvestre. Será como Tres metros sobre el cielo, pero con grafiteros.

Lo que nos encontramos: La verdad, por delante: Verbo es irregular. Su guión resulta grandilocuente a veces, y en general puede resultarle antipática a muchos. Pero, según sentenció nuestro crítico David Bernal, también es “la película a uno le hubiera gustado ver cuando el acné campaba en su rostro”. En el cine español reciente faltan trabajos con esta osadía narrativa, con este uso tan inteligente de los efectos digitales y con esta apelación tan sincera (y tan poco estereotipada) a la cultura juvenil y a los tropos de lo fantástico. Para colmo, la protagonista Alba García es una debutante encantadora.

Justin Bieber: Never Say Never

Lo que nos esperábamos: ¿De verdad tenemos que ir a ver esa del cantante teen que parece una nena? ¿No podemos optar por algo más agradable, como que nos descuarticen vivos?

Lo que nos encontramos: Más allá de su condición de producto para fans, Never Say Never nos sacudió con una tremenda revelación. Y es que este documental-biopic… ¡No apesta! El filme muestra agudamente el ascenso de Bieber al estrellato a través de las redes sociales, expone el talento musical de su prota (que lo tiene: que se note o no en sus temas, es otra historia) y resulta incluso inquietante, sospechamos que de forma involuntaria, al exponer la vida de un adolescente convertido en celebrity. Más allá de las ocho razones que te dimos en su día para apreciarla, nos remitimos a la opinión de John Waters. Si el autor de Pink Flamingos le da el visto bueno, nosotros también.