La vida animada de ‘Mafalda’

La creación más famosa del dibujante Quino, fallecido a los 88 años, lleva más de cuatro décadas paseándose por el cine y la TV.

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30 de septiembre de 2020

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  • Su propio creador acabó un poco harto de ella, y no nos extraña: además de una conciencia social que deja en nada a la de Lisa Simpson, y de su capacidad astronómica para las preguntas incómodas (que se lo pregunten a sus padres), Mafalda fue siempre acompañada de una pandilla de amigos capaz de transmutar al Dalai Lama en Herodes. A ver qué adulto en su sano juicio podría aguantar (fuera de las viñetas, se entiende) las neuras de Felipe, las artimañas publicitarias de Manolito o los delirios maternales y cotillas de la inefable Susanita, entre otras subespecies de su fauna. El fallecimiento de Joaquín Lavado ‘Quino’, su creador, nos ha hecho recordar esto, y también que la niña más protestona de Buenos Aires también tuvo una carrera en el cine y la TV.

    Nacida en 1962 como personaje en una historieta publicitaria, y residente en diversas publicaciones del país austral a partir de 1964, Mafalda sólo protagonizó sus tiras durante nueve años. Período éste durante el cual se ganó una popularidad instantánea y arrolladora, tanto en Argentina como en el resto del mundo hispanoparlante y en países como Italia, donde la primera edición de sus cómics fue prologada por Umberto Eco.

    Así las cosas, en 1972 (un año antes de que el personaje desapareciera del papel) comenzó su periplo animado: hablamos de una serie de cortometrajes que produjo la friolera de 52 episodios, a cargo del director Jorge ‘Catú’ Martín. La popularidad del programa, que llegó a emitirse en España, estuvo a la altura del personaje, y aunque Quino considerase su duración algo escasa (“Son tan cortos que el espectador protesta, creyendo que es un avance”) se mostró contento con el resultado: “Lo más importante era la voz, porque, tratándose de un cómic que todo el mundo conoce, cada cual se la imagina de una manera”, reconoció en 1973 durante una entrevista con Maruja Torres.

    La verdad es que Quino tuvo razones para estar contento: además de atinar en un tema tan peliagudo como las voces, la serie de Mafalda no se cortó un pelo en respetar los guiones del original. Gracias a ello, los fans pudieron ver a su heroína preguntándose cuál es el sexo del globo terráqueo, aprovechando las macetas de su padre para acciones de guerrilla, aborreciendo la sopa y adorando a The Beatles. Pero también era cierto que los sketches sabían a poco, y que pese al videlazo (o, tal vez, a resultas de él) la capacidad de Mafalda para meter el dedo en las llagas del sistema seguía despertando adhesiones inquebrantables.

    De ahí que en 1981, dos años antes del final de la dictadura, se estrenase en Argentina el largo Mafalda (La película). El director Carlos D. Márquez perpetuó la costumbre de no alterar los diálogos de Quino, aunque cohesionándolos con una mínima línea argumental, final navideño incluido.

    Pero, ojo: las aventuras de Mafalda no han sido los únicos trabajos de Quino que pasaron a la pantalla. Juan Padrón, director cubano al que recordarás por sus Vampiros en La Habana, se dedicó durante los 80 a adaptar varias tiras del autor con el título general de Quinoscopio. Los lectores de volúmenes como ¡A mí no me grite!, Bien, gracias, ¿y usted? y Quinoterapia lo tendrán fácil para reconocer su humor afilado, surrealista y sin palabras.

    Resulta que Juan Padrón y Quino eran buenos amigos, de modo que esa amistad propició la última incursión animada de Mafalda hasta la fecha. Se trata de Mafalda animada, otra colección de cortometrajes, con fecha de 1993 y centrada en esos gags que, por carecer de diálogo, habían sido pasados por alto en la serie y la película. La opinión de los mafaldamaníacos sobre su calidad es, siendo generosos, ambivalente. Pero aun así merece la pena echarles un vistazo.

    Altibajos aparte, lo cierto es que muchos de los viajes mafaldescos a la pantalla siguen mereciendo mucho la pena. Y también que Mafalda sigue manteniendo incólume su atractivo contra viento, marea, modas y revivals. Siempre que recordemos a Quino, nos vendrá a la mente aquella frase legendaria de Julio Cortázar: “No importa lo que yo pienso de Mafalda: lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”.