‘La Inocencia’ o cómo hacer tu película junto a La Incubadora de la ECAM

El filme de Lucía Alemany fue unas de las películas presentes en la sección Nuevos Directores de la pasada edición del Festival de San Sebastián.

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25 de octubre de 2019

“Tuve una oportunidad delante de mí y la aproveché”. Lucía Alemany estudió dirección en la ESCAC, donde conoció a Laia Soler, especializada en guion. Su proyecto para terminar el grado fue el cortometraje 14 años y un día que acabó siendo, según explica, “la semilla” de la película. Tras salir de la escuela, entró como meritoria de dirección en El Olivo (Icíar Bollaín), a cuyas productoras contó que había rodado un corto y, después de enseñárselo y que les gustara, llamó a su amiga Soler porque les tocaba ponerse a escribir un largo.

Con ya más de una versión del libreto, La Inocencia llegó a manos de La Incubadora de la ECAM. Allí, fueron uno de los cinco proyectos seleccionados de la que fue su primera edición, que ahora cuenta los días para cerrar la convocatoria de la tercera el próximo 27 de octubre. Lina Badenes y Belén Sánchez se habían unido como productoras y, con agosto de 2018 en el horizonte porque debían rodar sí o sí aprovechando las fiestas del pueblo de la directora, en marzo comenzaron las reuniones con las que fueron sus tutoras. Antes acudieron además a un encuentro con las otras cuatro películas elegidas por el programa.

“Que exista un proceso de selección hace que los proyectos seleccionados ya tengan una calidad y estén avanzados hasta cierto punto”, comenta Valentina Viso (Blog, María (y los demás)), que trabajó con ellas el guion. El “acompañamiento”, como lo define Mar Coll (Tres días con la familia, Matar al padre), mentora de dirección, duró cinco meses en los que tuvieron cinco reuniones. “Después de cada charla, ellas tenían tres semanas para volver a escribir, mandarlo y yo tener una semana para leer y analizar de cara a la siguiente sesión”, explica Viso, “incidimos en qué era lo que querían contar, cuáles eran los puntos débiles, qué le sobraba y qué le faltaba”, todo ello dejando intacta su esencia: “La gestión de las emociones en un pueblo donde no hay intimidad”.

El pueblo, ese también protagonista de La Inocencia, que cuenta la historia de Lia, una adolescente que suela con convertirse en artista de circo y salir de su localidad valenciana, aunque sabe que para conseguirlo tendrá convencer y luchar con sus padres. Durante el verano, disfruta del tiempo con sus amigas y su novio, y entre medias se queda embarazada. Un drama que habla sobre la búsqueda de la identidad, y la dificultad de encontrarla habitando en un lugar en el que “todo se sabe y se comenta”.

“Se me había olvidado que tenía que dirigir”

La entrada en escena de Coll marcó “un antes y un después” para Alemany, “tenía tantas cosas en la cabeza que se me había olvidado que tenía que dirigir la película. Las tutorías con ellas fueron determinantes para ello”. La directora de Todos queremos lo mejor para ella recuerda que lo que hicieron fue “potenciar en la escritura la dirección. Que ubicara cuál era la idea que había detrás de su película y que se concentrara en contarla”. La cineasta de la cinta apoyada por La Incubadora, que en el pasado Festival de San Sebastián participó en la sección de Nuevos Directores, comparte que Coll llegó a las sesiones con todo el guion subrayado y con anotaciones. “Hablamos de dónde iba a estar la cámara, qué habría de fondo” sobre alguna de las escenas, que le permitieron repetir el mismo proceso de trabajo con todas las demás. Otra de las lecciones aprendidas tuvo que ver con la capacidad de “ajustar la película al presupuesto”, como señala la realiazadora de Matar al padre.

El diseño del largometraje a nivel de producción o el proceso de casting fueron otros de los aspectos abordados. “El programa es útil, porque te permite compartir dudas con alguien que tiene una visión global como tú”, defiende, “si no, el trabajo de director puede ser un poco solitario en algunas cosas”. Eso sí, sostiene que “cada tutoría tiene que estar adaptada a cada proyecto y a cada cineasta”.

La puerta al “cerrado mundo” del cine

“El cine es un mundo bastante cerrado cuando estás fuera de él y quieres entrar”, sostiene Viso, que actualmente está trabajando junto a Nely Reguera en su segunda película, “este tipo de iniciativas te dan una manera de entrar”. Coll comparte su postura argumentando que “validar el proyecto que estás haciendo es ya de por sí un empuje para que no se quede en el cajón”. Viso destaca también la importancia de que la iniciativa de la ECAM “se convierta en sello de calidad como el de los laboratorios de Sundance”. ¿Y Alemany? ¿Se vería tutorizando proyectos así en un futuro? “Sería muy bonito”, responde, aunque de momento tiene por delante una larga ruta de festivales previa al estreno en salas: Huelva, Sevilla, Valencia, Albacete, Almería y Lleida. Eso sí, con la segunda película en el horizonte, compartiendo compañera guionista y productoras, en la que pretende “despegarse y hacer un cine radicalmente diferente a La Inocencia”.

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