Kitarô Kôsaka: el talento oculto detrás de Ghibli

El estreno de 'Okko, el hostal y sus fantasmas' nos anima a repasar la carrera de su director, un gran talento siempre a la sombra de Miyazaki.

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31 de mayo de 2019

Studio Ghibli es Hayao Miyazaki, pero no sólo es Miyazaki. Más allá de su más insigne fundador, el estudio está compuesto por decenas, incluso cientos de personas que le han dado la forma que tiene hoy. Y si bien no todos tienen la misma importancia, ya no digamos la misma fama, es importante tener eso en consideración. Que no siempre conocemos a la gente de talento que hace posibles las cosas. Algo de lo cual Kitarô Kôsaka es un buen ejemplo.

Kôsaka, nacido en 1962 en la prefectura de Kanagawa, comenzó su carrera siguiendo los pasos de Miyazaki. Admirador confeso del autor desde sus trabajos pre-Ghibli, hizo todo lo que estaba en su mano para intentar trabajar en Telecom, el estudio donde el maestro trabajaba por aquel entonces. Pero para su desgracia, la compañía no le seleccionó. Esto, que hubiera sido suficiente para que otros abandonaran, no hizo mella en Kôsaka.

Por eso, si no podía trabajar directamente con Miyazaki, lo haría indirectamente. Para eso se postuló para trabajar en una de los estudios más famosos de la época, Oh! Production, los cuáles se encargaban de ayudar a otros estudios y compañías con sus trabajos de animación. Entre las cuales estaban, como no podría ser de otro modo, Telecom. De ese modo, en 1979, Kôsaka consiguió entrar en Oh! Production, consiguiendo así su propósito de trabajar con Miyazaki.

Pero la relación con Miyazaki no fue precisamente carente de baches. Entrando a trabajar en la producción de Nausicaä del Valle del Viento, su estilo lento y metódico chocó frontalmente contra el carácter férreo y poco amable del director. Algo que hizo que acabara fuera de la producción. Pero de nuevo, lejos de desanimarse, perseveró. De ese modo, haciéndose freelance en 1986, siguió trabajando en series y películas, además de en producciones del otro histórico de Ghibli, Isao Takahata, como La tumba de las luciérnagas o Susurros del corazón. Algo que, finalmente, consiguió que volviera a trabajar estrechamente con su admirado Miyazaki haciendo de supervisor de dirección de animación en La princesa Mononoke y El viaje de Chihiro, además de director de animación y diseñador de personajes en la producción más reciente del director, El viento se levanta.

Entonces, ¿qué cualidades tiene Kôsaka para, a través de los años, haber logrado encandilar al siempre exigente Miyazaki? Su versatilidad y su capacidad para mantener una calidad constante en todos sus dibujos. Algo que le viene como anillo al dedo al trabajo de director de animación. A fin de cuentas, esta posición implica, en esencia, mantener consistente los dibujos en la producción. Es decir, corregir y unificar el estilo en los diseños que llegan por parte de los animadores, haciendo que se noten las menos diferencias posibles en el dibujo entre planos. Algo que Kôsaka demostró ser muy capaz de hacer en su primer trabajo como director: el vídeo musical de Clover, una adaptación del manga en poco más de seis minutos en el que consiguió replicar, casi a la perfección, el estilo de dibujo de las CLAMP, el grupo de dibujantes detrás de grandes obras como Sakura: Cazadora de cartas.

Pero antes de eso, Kôsaka ya era famoso en Madhouse, el estudio para el que dirigió Clover, gracias al excepcional trabajo que había hecho con las adaptaciones al anime de otro mangaka famoso: Naoki Urasawa.

Encargándose básicamente del grueso de las adaptaciones de dos de sus obras tempranas, Yawara y Master Keaton, Kôsaka se convirtió en una pequeña celebridad dentro de la comunidad del anime no sólo por su capacidad para mimetizar el estilo de Urasawa, algo que se suele considerar prácticamente imposible, sino por su capacidad para dotarle del mismo peso y contundencia que tenía el original. Algo que no pasó desapercibido ni siquiera para el propio Urasawa. No por nada fue el dibujante y guionista quien pidió que Kôsaka se pusiese al mando de la adaptación más ambiciosa que ha tenido hasta ahora cualquiera de sus obras, la aún hoy increíble Monster. Pero por desgracia, Kôsaka estaba ya comprometido con otros proyectos, por lo cual sólo pudo encargarse del diseño preliminar de personajes, concluyendo así, al menos de momento, su leyenda junto con Urasawa.

¿Y qué estaba ocurriendo por aquel entonces para que no pudiera encargarse de la producción de Monster? Pues además de sus compromisos como animador en Ghibli, que su carrera como director estaba desplegando gracias a una pasión muy particular, el ciclismo.

Aunque en Japón el ciclismo no es un deporte popular, tanto Kôsaka como Miyazaki son bastante fans del mismo. Eso hizo que, un día cualquiera, Kôsaka le propusiera a Miyazaki que adaptaran Nasu, de Iou Kuroda, un manga que trataba, al menos parcialmente, sobre el arte del pedaleo. Pero Miyazaki se rajó, alegando que no tenía la energía suficiente como para embarcarse en un proyecto de esas características. En cambio, propuso a Kôsaka que se llevara el proyecto a otro estudio, y este le tomó la palabra. Vendiéndole la idea a Madhouse, filmó, en 2003, la que sería su primera película como director: Nasu: Summer in Andalusia.

Transcurriendo durante la Vuelta Ciclista a España, siguiendo una etapa particular de la carrera que pasará por el pueblo natal del protagonista Pepe Benengeli en Málaga, es una preciosa película de apenas 47 minutos sobre cómo un hombre normal puede lograr algo inconcebible si tiene la voluntad de hacerlo. Algo que demostraría el propio Kōsaka encargándose no sólo de la dirección, sino también del guion y de la animación. Algo extremadamente inusual en el contexto del anime.

En cualquier caso, esa implicación extrema resultó en un éxito rotundo. Nasu: Summer in Andalusia no sólo fue el primer anime de la historia en ser seleccionado por el festival de Cannes, sino que además gano el premio a mejor película en formato doméstico de la Tokyo Anime Award. Algo que le sirvió para, en 2007, hacer una secuela de la película, Nasu: A Migratory Bird with Suitcase, que, aunque pasó más desapercibida, fue igualmente notable.

Tras eso, se hizo el silencio. Kôsaka seguía haciendo cosas para Ghibli y Madhouse, pero sin ponerse detrás de las cámaras. Hasta que el año pasado se estrenó en Japón la película que ahora se estrena en nuestras salas: Okko, el hostal y sus fantasmas.

Adaptando una popular serie de libros infantiles, Waka Okami wa Shōgakusei! de Hiroko Reijo, la película tiene un incontestable sabor Ghibli tanto en el dibujo y la animación como en su pretensión de hacer una película familiar, no sólo dirigida a los pequeños de la casa. Todo ello sin perder sus cualidades esenciales que le han convertido en uno de los más famosos y respetados directores de animación de la industria: su obsesión por el detalle, su consistencia y su capacidad para dotar de peso y entidad, de hacerlos ver como si estuvieran transitando un espacio tridimensional, a los personajes que anima.

Por eso decíamos que Studio Ghibli no es sólo Miyazaki. Sin gente como Kôsaka, personas capaces de poner en común todos los talentos implicados y darles forma según las órdenes de sus directores, sería imposible que viéramos películas tan bien pulidas y cohesionadas. Algo que le convierte en una persona muy a tener en cuenta, ya sea cuando asume el papel de director de animación o el de director. Incluso si, normalmente, son otros quienes se llevan la fama.

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