Kim Jong-il y el cine

Productor, guionista, teórico, secuestrador de directores y enfervorizado cinéfago, el ex dictador norcoreano tuvo una gran relación con el cine durante toda su vida.

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19 de diciembre de 2011

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  • El cine y Corea del Norte vuelven a estar de actualidad. Kim Jong-il, el pasado dictador que estuvo al frente de Corea del Norte durante 17 años, el Secretario General del Partido de los Trabajadores de Corea, Comandante Supremo de su Ejército Popular (1,1 millones de soldados en activo y otros 4,7 millones en reserva) y Presidente de la Comisión Nacional de Defensa, sino también un dedicado cinéfilo. Porque, aquel a quien los norcoreanos conocían como “Querido Líder”, era un entusiasta del séptimo arte con una colección personal de más de 20.000 películas.

    Pese a lo que pueda parecer, Kim Jong-il disfrutaba de lo lindo con el cine de Hollywood. Se sabe que entre sus películas favoritas se encuentraban las sagas de Viernes 13, James Bond, Lo que el viento se llevó, Acorralado, El Padrino, Amistad y la filmografía de Elizabeth Taylor, su actriz favorita y también fallecida este año; lo que seguramente dejó sumido en una gran tristeza a su carácter melancólico, como ya vieron Trey Parker y Matt Stone en Team America.

    Antes de ser la máxima autoridad del país, Kim Jong-il fue el Ministro de Cultura de Corea del Norte cuando se encontraba bajo el mandato del presidente Kim Il-sung (a quien los norcoreanos llamaban “Gran Líder” y Kim Jong-il, simplemente, “papá”). La formación de un cine nacional eficiente y de éxito fue entonces una de sus grandes preocupaciones, igual que en los últimos años lo han sido el armamento nuclear y las alzas en los zapatos.

    En 1973 escribió el libro On the Art of Cinema (Sobre el arte del cine), donde expresaba sus reflexiones y pensamientos sobre la técnica cinematográfica. Hasta hace poco, era fácil hacerse con una copia inglesa en Amazon, pero, aunque ahora este manual que no llega a las 400 páginas se vende por unos 260 €, es fácil rastrear algunas de esas grandes aportaciones en refundiciones de su pensamiento como The Cinema and Directing. El siguiente extracto sirve para hacerse una idea sobre la peculiar prosa desecada y contundente del Querido Líder (en cuya biografía se aseguraba que había escrito 1.500 libros sólo durante sus años de estudiante universitario): “El trabajo creativo debe ser siempre original. El arte sólo interesa cuando es original, porque la originalidad es la esencia de la creatividad. El arte siempre debe ser variado y original; la creatividad es original y no repetitiva por naturaleza”. No es que podamos decir lo mismo sobre tu escritura, Kim.

    Otros de los consejos recogidos en este manual de obligatoria lectura para todo aspirante a cineasta en Corea del Norte son: “las emociones deben definirse desde la dirección”, “los actores dependen del director”, “la música y el sonido deben usarse de la mejor forma posible”, “el secreto de la dirección radica en el montaje”, “el argumento debe tener un buen desarrollo” o “una película debe empezar pequeña y acabar inmensa; algunos guionistas intentan hacer esto al revés”.

    Como no es que sean consejos demasiado rompedores u originales, la verdad, resulta más interesante ver la precisa descripción que hace el autor del sistema de producción de Hollywood, la cual no nos costaría ningún esfuerzo respaldar: “El cine capitalista, que promociona unas pocas “estrellas populares” para ganarse al público, es en esencia una forma artística reaccionaria que reduce a las estrellas a marionetas y a la película a mera mercancía. No puede haber un espíritu creativo genuino, y la hermosa flor del arte no puede florecer si los actores venden su rostro e inlcuso su alma. (…) En el sistema capitalista, el “director” lleva ese título pero, en realidad, el derecho de supervisión y control sobre la producción cinematográfica está completamente en las manos de los grandes magnates de la industria que tienen el dinero, mientras que los directores son sólo sus agentes. Son meros trabajadores que obedecen la voluntad de los empresarios les guste o no.”

    Todo un alegato a favor de la libertad de los realizadores, que el propio Kim Jong-il impulsó a su manera cinco años después secuestrando al cineasta surcoreano Shin Shang-ok y a su ex mujer, la actriz Choi Eun-hee para obligarles a hacer pelis en Corea del Norte. Durante los ocho años que duró su secuestro (consiguieron fugarse en 1986), Shang-ok dirigió siete filmes producidos por el Querido Líder como, por ejemplo, Pulgasari, una bonita historia de monstruo gigante al estilo japonés y seguramente la peli norcoreana predilecta de nuestro Crítico de mierda.

    La más reciente The Schoolgirl’s Diary (Janh In-hak, 2006), concebida como propaganda del Juche, la base ideológica del régimen norcoreano, fue presuntamente realizada sobre un argumento improvisado por Kim Jong-il, donde se cuenta la vida de una joven cuyos padres son científicos.

    Esperamos que al idearla tuviera en cuenta sus propios preceptos: “Una película con un argumento desordenado no puede atrapar al público y definir su respuesta emocional. Sólo cuando la trama fluye con naturalidad y lógica podrá la película despertar la simpatía ideológica y emocional, y hacer que los corazones latan más rápido”.

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