Jonah Hill: “Es bueno para la industria que dejen de hacerse sólo pelis de superhéroes y remakes”

El actor norteamericano estrena el 9 de septiembre 'Juego de armas', donde interpreta a un traficante de armamento pesado al servicio de un país en guerra.

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09 de septiembre de 2016

Dicen que Dustin Hoffman le consiguió su primer papel y Jonah Hill lo confirma. Está sentado frente a mí en el hotel Claridge’s de Londres. Se rasca un par de veces la mano derecha, como si la palabra “Bam” tatuada (por unas horas) en su piel le escociera. “Me lo pusieron ayer en un restaurante y no he podido borrarlo en la ducha” explica, antes de volver a esos primeros pasos que dio en el mundo del cine, allá por 2004 en la película Extrañas Coincidencias de David O. Russell, y de la mano del bueno de Dustin. Los recuerda sin aspavientos ni alarde de ningún tipo, ajeno a ese aura de estrella de Hollywood que inevitablemente le confiere el haber estado nominado dos veces al Oscar (Moneyball y El lobo de Wall Street). Él, que nació en Los Ángeles, en la cuna del show business, parece estar curado de egos.

Confeso admirador de su descubridor (“Dustin [Hoffman] hace comedias y dramas con la misma grandeza”) y uno de sus impulsores (“Pintaría la casa a Scorsese si me lo pidiera”), ha sido sin embargo Todd Phillips (Resacón en Las Vegas) quien le ha liberado de su eterno papel como mano derecha: la de Brad Pitt en Moneyball, la de Channing Tatum en Infiltrados en clase, o la de su gran amigo Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street. El 9 de septiembre se estrena en España Juego de armas y esta vez Hill es el cabecilla del dúo que forma con Miles Teller, a quien arrastra al fructífero negocio de la compraventa de armas.

Si creíais que Donnie Azoff era avaricioso, eso es porque no habíais conocido aún a Efraim Diveroli, un veinteañero aspirante a Tony Montana (aunque más parecido a los rufianes de La gran estafa americana), que consiguió en 2005 un contrato de 300 millones de dólares para suministrar armamento militar al Gobierno de EE UU, todo a través de una página web. Y encima el filme está basado en hechos reales. Así que mientras Hill empezaba en el mundo del cine, Diveroli se paseaba por los despachos de Washington D.C. Ahora, 11 años después, el ex secundario “graciosillo” se mete en la piel del joven traficante en el idioma cinematográfico que mejor se le da, la dramedia. Y aún le queda tiempo para dirigir su primer filme. Vaya ojo el de Hoffman…

Todd Phillips cuenta que desde el principio te quería a ti en el papel de Efraim, pero te hiciste de rogar.

La primera vez que me lo ofreció, acababa de terminar el rodaje de El lobo de Wall Street y me pareció un proyecto demasiado similar, así que lo rechacé. Cuando volvió a contactar conmigo meses después y me envió el guión definitivo, no pude decir que no. Pensé: “Si veo a otra persona interpretando a Efraim, voy a ponerme muy celoso”. Siempre me han interesado los personajes que me permiten ahondar en algo tan individual como es la moralidad, plasmarla en gran pantalla, y ver la respuesta del público. ¡Esta vez incluso hubo traficantes de armas que me dijeron que estaban emocionados porque los íbamos a representar!

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¿Conocías esta especie de eBay de compraventa de armas con el que hacen negocio los protagonistas?

Para nada. Cuando leía el guión, no paraba de repetirme: “¡Esto no puede ser cierto!”. No sabía nada de guerra, ni de negocios y me quedé como paralizado. Todd afrontó y ejecutó el proyecto de forma brillante: cogió un material que podía resultar aburrido y lo convirtió en algo entretenido e instructivo.

Contasteis con la colaboración del David Packouz real (interpretado por Miles Teller), pero Efraim se desvinculó del proyecto. ¿Cómo encaraste el personaje sin él?

Opté por empaparme de la cultura tan única de Miami, que impregna el ADN de Efraim: su obsesión por El precio del poder, los colores chillones con los que viste, el moreno falso… Ves gente que va como él por las calles de Miami Beach. Además, allí existe una gran cultura del sueño americano, de gente que viaja desde Haití o Cuba en su busca, y claramente malentendida por estos dos personajes

Y luego está esa risa tan peculiar que tiene…

Lo de la risa tiene su historia. Faltaban pocos días para empezar a rodar y notaba que faltaba algo. El David real me había dicho: “Si conoces una vez a Efraim, no lo olvidas”. Así que pensé en gente así con la que me había topada a lo largo de mi vida, y recordaba cómo reían. Quise crear esa risa distintiva y creo que lo conseguí, porque no paran de preguntarme por ella en las entrevistas.

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¿Hay algún momento clave en la película que defina a tu personaje?

Recuerdo una escena eliminada en la que comparto un momento tierno con David y le confieso, al borde de las lágrimas: “Mi moreno no es real”. Ese es Efraim, un “mafiosillo” carismático de Miami, capaz de utiliza su religión judía para manipular a la gente y enmascarar las cosas malas que hace.

Debe de ser complicado meterse en la piel de David con ese carisma de Efraim haciéndole sombra.

Miles es una gran actor. Se unió al proyecto justo después de hacer Whiplash, donde ya demostró con creces su valía. Esta vez le tocaba interpretar un papel muy desinteresado y, honestamente, no creo que muchos actores se hubieran atrevido con David al ser Efraim un personaje tan llamativo, como decías. Pero si no fuera por la gran actuación de Miles, yo no habría podido ser tan carismáticamente malvado, ni billar tanto. 

¿Qué fue lo más complicado a la hora de realizar este proyecto?

Aunque parezca lo contrario, nunca diría que interpretar a este personaje fue una experiencia divertida. Me lo paso mejor hablando de ello ahora que rodándolo en su día. No es que me llevara al personaje a casa o hablara como él, aunque iba a cenar con amigos y tenía ese moreno de locos. Pero no era eso. Me sentía culpable de cómo mi personaje trataba al resto en el set. Los actores que trabajaban un día con nosotros pensarían: “Este tío es idiota”. Además, el David de Miles, a pesar de ser menos “atractivo”, parte de una posición en la que tiene que tomar una decisión, pero la elección de Efraim está tomada antes de que lo conozcamos.

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¿Significa eso que temes la reacción del público? 

La verdad es que da miedo, pero no porque puedan odiar a Efraim, sino porque nunca sabes si la gente va a ir a ver la película. Creo que Todd ha hecho un gran filme, que tiene que ser visto. Lo diría aunque no participara en ella. Debemos darnos cuenta de que es bueno para la industria que estas películas tengan éxito y que se sigan haciendo proyectos basados en historia reales, en personajes reales. Y no sólo pelis de superhéroes y remakes. Afortunadamente, estas cosas parece que son cíclicas. 

¿A qué te refieres?

Recuerdo que Martin Scorsese me habló de cuando él y sus amigos consiguieron emerger en un panorama en el que reinaban las películas del viejo Hollywood, que ignoraban la vida real. Luego vinieron los blockbusters y las películas de acción de Schwarzenegger. Y más tarde llegaron Tarantino, David O. Russell, Wes Anderson… Ahora, 20 años después, la cartelera está llena de pósters de superhéroes. Así que confío en que los buenos cineastas empiecen a emerger otra vez. No tengo nada en contra de las películas de superhéroes; muchos amigos participan en ellas y entiendo por qué. Sólo digo que deberían dejar de hacerse sistemáticamente y que la industria tendría que ayudar a financiar otros proyectos de calidad. 

¿Tu primer filme como director, Mid ’90s, va en esa línea?

Sí, es una película independiente. No puedo adelantar mucho, pero definitivamente quiero apostar por un futuro cinematográfico en el que el público quiera ver películas más personales y emocionales. Espero que, como ya pasó antes, la gente se plante y diga: “Ya es suficiente. ¿Hay algo real que pueda ir a ver al cine?”. Trabajos como el de Edward Norton en Las dos caras de la verdad o la película Cadena Perpetua ya no existirían en este mundo actual, no se habrían realizado y no los habríamos disfrutado.  ¡Y eso es una locura!. Confío en que la gente vuelva a sentir atracción por un cine más profundo.

Juego de armas llega a los cines el 9 de septiembre. 

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