Jennifer Aniston es mucho más que la Rachel Green de ‘Friends’

No hay Rachel Green sin Jennifer Aniston, pero sí hay Jennifer Aniston sin Rachel Green. Reivindicamos la carrera de la californiana.

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05 de octubre de 2020

Rachel Green, como todo protagonista carismático de un fenómeno televisivo, es un personaje que pesa. Un personaje del que es difícil desvincularse. Jennifer Aniston (Los Ángeles, 1969) lo sabe bien. Fue el papel que la catapultó a la fama internacional, que le valió aquel Globo de oro que recogió sorprendida en 2003, que la convirtió en la novia de América durante las 10 temporadas que duró Friends.

No se puede entender la carrera de Jennifer Aniston sin Rachel Green, pero eso no significa que la actriz haya dejado que el mundo la encasille en los looks (siempre a la moda) y los peinados de aquella novia a la fuga que terminó conquistando Bloomingdale’s. Conviene recordarlo y reivindicar a la polifacética californiana, sobre todo ahora que ha confesado que ha estado cerca de retirarse.

No hay Rachel Green sin Jennifer Aniston, pero sí hay Jennifer Aniston sin Rachel Green y estos papeles lo demuestran.

 

Tu primer amor

La carrera de Aniston siempre ha estado ligada a la comedia romántica más edulcorada, a esas historias de ‘chica conoce a chico’, a menudo con final feliz, que la convirtieron en una de las reinas del género en los años 90.

Mientras la pequeña pantalla se rendía ante aquella niña consentida llamada Rachel Green, la gran pantalla conocía a Kate (Novio de alquiler, 1997), una publicista que se inventaba novios para conseguir un ascenso; o a Nina Borowski (Mucho más que amigos, 1998), que se enamoraba de su amigo gay (lo entendemos, lo interpretaba Paul Rudd).

 

Probando otros géneros

Aniston se despidió del siglo XX como la animada Annie Hughes (El gigante de hierro, 1999), y dio comienzo al nuevo milenio en la piel de Justine Last (The Good Girl, 2002), una mujer hastiada de su rutinaria vida que se redescubría a sí misma en los brazos de un jovencísimo Jake Gyllenhaal. De repente, Jennifer sabía hacernos sufrir, no solo reír, y, más allá de la calidad del filme, ella sabía hacerlo muy bien.

Con el final de Friends, volvería a desafiarse a sí misma probando suerte en el thriller y, con la gabardina de Lucinda Harris (Sin control, 2005), se subiría a aun tren para desestabilizar a Clive Owen. Entremedias, regresó a la comedia como Grace Connelly (Como Dios, 2003) y la entrañable y alocada Polly Prince (Y entonces llegó ella, 2004), capaz de quitar los miedos a Ben Stiller bailando salsa.

 

Las mujeres de una vida

En los años posteriores, el papel más destacable de la actriz fue probablemente el de Jenny (Una pareja de tres, 2008), protagonista junto a Owen Wilson de la historia del amor a tres más sana y leal: la que comparte una pareja y su pedro labrador. Eso sí, el romance más turbio lo protagonizaría como Sarah Huttinger (Dicen por ahí, 2005) reviviendo El graduado con Kevin Costner.

Tampoco faltó su particular trilogía de matrimonios fallidos con los tipos duros Vicent Vaughn (Separados, 2006), Ben Affleck (Qué les pasa a los hombres, 2009) y Gerard Butler (Exposados, 2010). Normal que, después de tanta testosterona, necesitara tomarse un descanso en Hawái con Sígueme el rollo (2011), ‘la típica comedia romántica de Adam Sandler’ (con todo lo que eso conlleva).

 

Qué buena es cuando es mala

Da igual el género, las villanas son por norma más divertidas que las princesas del cuento. En el caso de Jennifer Aniston, sus grandes papeles en la década pasada dan buena cuenta de ello: de la agresiva y acosadora Julia Harris (Cómo acabar con tu jefe, 2011), a la estirada Carol Vanstone (Fiesta de empresa, 2016), pasando por Rosie (Dumplin’, 2018), antigua reina de la belleza sin mucho instinto maternal.

Tampoco podemos olvidar a Rose O’Reilly (Somos los Miller, 2013), una stripper experta en enseñar a besar a adolescentes; a Claire Bennett (Cake, 2014), mujer aquejada de un dolor crónico que le valió a la californiana una nominación al Globo de oro (otra prueba de que el drama siempre da más reconocimiento que la comedia); y a Alex Levy (The Morning Show, 2019), su regreso a la televisión y su último papel hasta la fecha.

 

Reina de la pequeña pantalla

La televisión sigue siendo un oasis desprejuiciado de creatividad y oportunidades, sobre todo para las mujeres. Jennifer lo sabe bien. Si Rachel Green la catapultó, Alex Levy ha vuelto a consagrarla como una de las mejores actrices de su generación.

La presentadora de un informativo matutino envuelto en un escándalo por acoso nos ha traído a una nueva Aniston. Se lo decía su compañera de Friends Lisa Kudrow durante una conversación de Actors on Actors en plena cuarentena: “Es magnífico lo que has hecho. No veía a Jen por ninguna parte”.

Alex Levy, una mujer que alza la voz para exigir su lugar en una industria de la comunicación regida por hombres, le ha valido a la californiana el premio del Sindicato de Actores. Y, sobre todo, nos ha recordado que hace tiempo que el talento de Jennifer Aniston se expandió más allá de Greenwich Village.

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