Esta abuela se merece un Goya

A sus 84 años, la actriz de 'Amama' es la debutante más aclamada del cine español en 2015. Nosotros hemos hablado con ella.

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16 de octubre de 2015

Es una mujer muy simpática. Simpatiquísima, de hecho: sentada en el patio de butacas de un cine madrileño, Amparo Badiola responde a nuestras preguntas a la velocidad del rayo, siempre sonriendo y sin que se le escape ningún detalle. También es muy locuaz, algo que puede sorprender por dos razones. La primera, que esta actriz de 84 años ha retomado hace poco el uso del castellano tras una larga vida en Francia, país al que emigró en 1937 por culpa de la Guerra Civil. La segunda razón: que en Amamala película de Asier Altuna en la que debuta frente a las cámaras, Badiola no pronuncia una sola palabra. Pero mucho ojo, porque la presencia escénica de esta debutante se ha ganado ya muchos aplausos. Tantos, de hecho, que no nos extrañaría verla como candidata a Actriz Revelación en los próximos Goya.

La historia de Amparo Badiola es de novela, o de película: tras sufrir el exilio y la separación de su familia (su padre y el mayor de sus seis hermanos se quedaron en España, su madre fue internada en un campo de refugiados) fue acogida por los dueños de un hotel donde trabajó durante décadas, en la ciudad occitana de Brive-La-Gaillarde. “Cuando lo vendimos, fue dificilísimo”, explica, “yo pensaba que me iba a morir allí”. Pero, acto seguido, puntualiza que un empleo tan sufrido es una buena preparación para el ajetreo de un plató de cine: “He trabajado allí hasta los 72 años, así que ya estaba bien, ¿no?”. Así las cosas, unida a una familia muy extensa con la que por fin pudo reencontrarse, Badiola podría haber quedado como una amama de la vida real, hasta que, durante un viaje a Pasaia para ver a su hermano, decidió sentarse en la terraza de una cafetería a tomar algo y fumarse un cigarrito. “Pasé tres días allí, para ir al cumpleaños de uno de mis hermanos. Estaba lloviendo, así que me senté esperando a que escampara, y se paró allí el Asier Altuna. Llevaba tres meses y medio buscando un actriz, y eso que lo tenía todo preparado: tenía el caserío alquilado, el guion hecho, todo el reparto… faltaba la amama. Y me encontró a mí”.

Amparo Badiola-1

Foto: Xavier Torres – Bacchetta

Cuando el director la abordó para ofrecerle un papel en su película, la futura actriz de Amama tuvo clara una cosa: “Este hombre no está bien de la cabeza”. ¿No había oído hablar de él antes? Porque, dentro de ese cine vasco que ahora sube como la espuma con la precandidatura al Oscar de Loreak (“¡Qué buena!”), Altuna es un nombre a tener en cuenta… “¡Qué va! Yo en el País Vasco sólo he estado de paso. No conocía la vida de allí. Ahora sí, después del rodaje y de visitarlo más veces, he conocido el país como no lo había conocido nunca antes. Y todo gracias a Asier. Ha sido un regalo”. 

Hablando sobre su personaje, Amparo se quedó bastante tranquila al saber que éste se definía por el silencio: “Me fue muy bien. Se me había olvidado totalmente el castellano, me ha vuelto ahora. Cuando él me lo explicó y me dijo ‘tu mirada me basta’, yo dije ‘¿no hablar? ¡adelante!”. Otra cosa fue la expresividad, algo de lo que la película saca partido a espuertas. Y otra cosa son, también, algunas escenas en las que Badiola tuvo que salir al monte al amanecer y en camisón. Cualquiera diría que aquello la puso en un aprieto (otros intérpretes más jóvenes se lo hubiesen tomado como tal), pero ni por asomo: “Nada, un poco de deporte… Ya ves tú, salir al monte… Y además, en un ambiente tan simpático, rodeada de gente joven, pues como unas vacaciones”. Con Altuna, insiste, la química ha sido ideal. “Un encanto. Tiene un sentimiento muy profundo: su manera de hacer la película me gustó mucho, y todos íbamos muy alegres en el rodaje”. Un rodaje sin sofisticaciones, pero siempre con mucha concentración: cuando le preguntamos a Amparo cómo abordó su personaje, vuelve a tirar del francés: “Es todo… ressentirYo todo eso lo he vivido. Era como estar con mi familia”.

Sobre esto, cabe añadir algo. Rodando Amama, Badiola ha gozado de un lujo que siempre le sienta bien a un actor o una actriz, y más aún a un debutante: la historia que cuenta la película le gustaba mucho. Y se nota. Este relato de una familia en descomposición, con un padre (Kandido Uranga) que aspira a mantener su forma de vida sin contar con la opinión de sus hijos, le parece aplicable a muchas situaciones, no necesariamente al mundo rural del País Vasco. “Vivir del campo es cada vez más difícil en toda Europa, al menos en los países que conozco, pasa lo mismo. No puedo hablar del País Vasco porque no he vivido allí, pero al otro lado de la frontera también hay caseríos, y yo he tenido contacto con ellos, el mundo agricole. Y en el sentido del carácter, pues lo mismo: son muy cerrados, su mundo es trabajar, trabajar y trabajar. He conocido a muchos Tomás [el personaje de Uranga], y Kandido hace un trabajo formidable con eso”. 

Y, frente al padre que sólo da órdenes, está la abuela que no suelta palabra, pero que traba con sus nietos (y en especial con su única nieta, Iraia Elías) una relación que les vincula al pasado. “La abuela va con sus nietos”, explica Amparo. “Evoluciona interiormente con ellos, y ve de que ese mundo rural ya se acaba, con su forma de vivir y de pensar. A veces ellos creen que ella les ata al caserío, pero eso no es verdad, ella no les obliga. Con quien se enfrenta ella es con su propio hijo, le mira diciendo: ‘Si no cambias, vas a romper la familia, que es lo mejor que tenemos”. Esas miradas entre madre e hijo ponen los pelos de punta, desde luego. ¿Hablaron Altuna y ella en alguna ocasión de por qué su personaje no habla? “Yo creo que la abuela lo observa todo sin decir nada porque ella está frente al fin de su mundo, y ya no es parte del mundo que viene. Iraia, mi nieta, tiene una frase que dice: ‘Hacen falta 80 abuelas de 90 años, la edad de mi personaje, para ir al Neolítico’. Y son pocas, ¿no? ¿Qué son ochenta abuelas? Son muy pocas”. 

En cualquier caso, Badiola si que es abuela. Y de cinco, además: “32 el mayor, y 20 el más joven. Les ha encantado la película. Y me ha encantado a mí también: el silencio y la música [de Javi P3z] es muy fuerte”. Y, si después de las buenas críticas, sonara su nombre para la gala de los Goya, ¿cómo se lo tomaría? “Yo hago lo que me diga Asier: le tengo mucho cariño a este. Si me llaman él y los demás del equipo, vendré de Francia, o si hace falta de China. Son como mi familia”. Y uno nunca sabe cuándo va a encontrar una familia.