¿Es el fin de los skinheads en el cine?

'Green Room' llega a las salas para aterrorizar al personal y, de paso, acabar con la cultura skinhead en el cine.

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12 de junio de 2016

Hay skinheads violentos, otros que no lo son. Hay skinheads con la cabeza rapada, otros que tienen el pelo largo. Hay skinhead neonazis, también los hay con ningún signo político. Pero si tuvieras que elegir un tipo de skinhead para una película ¿cuál sería tu elección? Está claro, un skinhead educado en las ideas del nazismo, si tiene tatuada una esvástica, mejor. Con la cabeza rapada, por supuesto. Botas altas y ganas de usarlas contra negros, gitanos, judíos y cualquiera que no sea de raza aria. Sádico y sin miramientos con sus víctimas. Aterrador. O sea, un villano puro.

Pero los villanos así solo están en el género de terror y hasta ahora todo lo relacionado con la cultura skinhead en el séptimo arte ha ido de la mano del drama y del cine social.

El mundo interior de los skin

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Y para que personajes tan llenos de odio protagonizaran películas sobre gente obrera con protagonistas repletos de traumas es muy importante la redención. La década de los 90’ estuvo bien nutrida de este tipo de títulos. 1998 fue el año del cine neonazi por excelencia. Tony Kaye dirigió una película que se convertiría en un hito para todos los adolescentes de la época, American History X. El buque insignia del cine skin con un Edward Norton en uno de sus mejores papeles. Sin embargo, la cinta es puro maniqueísmo, un retrato irrisorio sobre una tribu urbana que en su momento se tomó en serio porque los noventa fueron los años del revival de la cultura neonazi, pero que hoy no se puede contemplar sin una pizca de ternura y condescendencia.

Primero Edward Norton aplasta cráneos contra los bordillos y después se convierte en un ciudadano ejemplar cuando pasa una temporada en la cárcel junto a un negro.

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Pariah fue el otro ejercicio de cine skin en el que una pareja interracial era atacada por una banda de neonazis, él sobrevivía pero ella acababa suicidándose debió al trauma ocasionado por la violación. Él, lleno de ira y con ganas de vengarse se hace pasar por un skinhead para infiltrarse en el grupo e intentar comprender la razón de tanto odio y violencia. Otro drama moralista donde se realiza un retrato casi caricaturesco del skinhead.

Y luego esté ese diamante titulado El Creyente en el que un casi imberbe Ryan Gosling interpreta a un neo-nazi judío. El colmo. Esto es lo que se dice rizar el rizo. Danny Balint, que así se llama el personaje de Gosling, se convierte en un admirado líder neofascista mientras se forma como rabino y estudia la Torah. Por la mañana judío ortodoxo y por la noche antisemita. Esta película con exceso de esquizofrenia ganó en Sundance, ojo.

Redefiniendo el término skin

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El boom neonazi de los 90’ llega cuando los skinheads ya llevan unos años sobreviviendo como tribu urbana. Y en ese momento es donde está ambientada la mejor película que se ha hecho hasta ahora sobre el skin, This is England.

El tacherismo se cierne sobre Inglaterra en los años 80 mientras la cultura skin sobrevive sin cazadoras bomber, sin oi!, sin violencia. Hay botas altas, pitillo, cabezas rapadas o de peinados punk, mucho ska y una camaradería centrada en pasarlo bien y disfrutar de la amistad, del barrio. Entonces llegan los malos, los hijos del nazismo para estropearlo todo.  Pero nosotros ya hemos vivido un aprendizaje como el de su protagonista, un niño de 12 años llamado Shaun e interpretado con muchísimo talento por Thomas Turgoose. Tras tres continuaciones en televisión tituladas This is England’ 86, This is England’ 88, This is England’ 90, a cuál mejor, todos crecen y todos se desenvuelven en el mundo real después de haber dejado atrás unos años en los que solo fueron ejemplo vivo de una cultura callejera, una moda demonizada.

This is England sí es puro cine social.

El fin del skinhead es el género de terror

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Y todo esto nos lleva al último estreno sobre la cultura skinhead, Green Room. La película de Jeremy Saulnier es un tiro en la cabeza, un ejercicio de terror cuyo argumento es tan sencillo como eficaz. Un grupo de punk rock son testigos de un asesinato en un bar, después son encerrados por los autores del homicidio que son una pandilla de skinhead liderada por un despiadado Patrick Stewart.

Saulnier utiliza a los Skinheads como villanos de esta maquinaria terrorífica construida y planificada al milímetro pero bien podrían ser zombies, o extraterrestres, o robots malignos. El director es suficientemente inteligente para usar al skinhead como un villano de género despojándolo así de todo blackground, una fórmula ya agotada hasta la extenuación. No importa si son gente de barrio, si han sufrido, ni por qué son violentos, ni de dónde viene tanto odio. Solo importa matar o morir. Y cuantos más mueran mejor.

Todas las películas que se hagan después de Green Room sobre skinhead con mundo interior no tendrán sentido. Green Room es demasiado buena y ha sentado cátedra.

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