El ‘síndrome de Tom Hanks’: 10 actores que se volvieron serios de golpe

En 'Blitz', Jason Statham pasa de estrella de acción a actor dramático en un 'thriller' de alto voltaje. Recordamos a otros intérpretes que han pasado de dar risa a causar admiración (en algunos). Por CINEMANÍA

24 de junio de 2011

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  • “Una interpretación por primera vez a la altura de sus posibilidades”, “un notable cambio de registro”, “su primer papel serio”… Cual si de comodines se tratara, los críticos emplean estas frases para ponerle flores a un un actor especializado en géneros ‘menores’ (ciencia-ficción, acción o, sobre todo, comedia) que decide hacer papeles de esos que te ganan aplausos y -a veces- premios.

    Pero la realidad es cruda, y estos parabienes suelen responder a lo que algunos llaman ya el “síndrome de Tom Hanks”. Es decir, cuando la industria se da cuenta de que ese tipo menospreciado es un actorazo, agasajándole acto seguido con papeles de los de emocionarse mucho. En espera de ver qué tal se porta Jason Statham en Blitz, un thriller en el que ‘reparte’ mucho menos y habla mucho más de lo habitual en él, recordamos a otros intérpretes aquejados por el mismo cuadro clínico.

    Tom Hanks

    Punto de inflexión: Philadelphia (1993) – Oscar al Mejor Actor Principal.

    Antes: Durante los primeros años de su carrera, Hanks fue recordado principalmente por participar en un filme (Despedida de soltero) en el que un burro esnifaba rayas como raíles. El carisma que irradiaba en títulos como Big hechizaba al gran público, pero no a los plumillas.

    Después: Primero llegó Forrest Gump (1994) y, ¡hala! ¡Otro Oscar al canto! Tras hacer historia con su logro, Hanks desfiló por Salvar al soldado Ryan, Camino a la perdición, Náufrago y otros títulos de índole similar. Tras interpretar a un héroe enfermo de sida, el hombre de Concord (California) pasó del encasillamiento cómico al encasillamiento lacrimógeno, compensado por excepciones como Atrápame si puedes.

    Robin Williams

    Punto de inflexión: El club de los poetas muertos (1989) – Nominado al Oscar.

    Antes: Tras un debut desastroso (el Popeye de Robert Altman), Robin Williams pasó de famosísimo comediante de TV a actor especializado en una cierta comedia agridulce (El mundo según Garp, Good Morning Vietnam).

    Después: Tras ponernos el corazón en un puño con su profesor Keating, Williams se lazó a una carrera con un pie dentro y otro fuera de la comedia. A cada esfuerzo dramático (Despertares, El indomable Will Hunting -la del Oscar-) le seguían inmersiones cómicas de mejor (El rey pescador) o peor catadura (Jack). Cuando trata de hacernos llorar, le sale una Patch Adams, y cuando trata de meternos miedo, más le vale tener a un Christopher Nolan (Insomnio) dirigiendo. World’s Greatest Dad es su mejor trabajo reciente.

    Bruce Willis

    Punto de inflexión: Pulp Fiction (1994)

    Antes: ¿Fue al oír lo de “Zed está muerto, nena” o al verle aguantar el discurso de Ving Rhames? El caso es que, tras pasar por las manos de Tarantino, el protagonista de La jungla de cristal recordó que Luz de luna (su serie junto a Cybill Shepherd) era una joya de la screwball comedy, que aprendió del mismísimo Blake Edwards en Cita a ciegas y que para interpretar a un tipo como John McClane hace falta saber mucho de esto.

    Después: Más chulo que un ocho, Willis nunca ha renegado de la acción o la comedia, pero tampoco del drama. Pese a una notable tendencia a dar tumbos, rueda a ritmo estajanovista, entregando más maravillas (El sexto sentido, El protegido, Sin City…)  que desastres (Chacal), y ahora le ha dado por reírse de sí mismo (Red).  

    Adam Sandler

    Punto de inflexión: Embriagado de amor (2002)

    Antes: Cuando el monologuista cachondo encontró su armonio y a Emily Watson, Roger Ebert le comparó con Dennis Hopper. Cuatro años antes, a cuenta de El aguador, el archicrítico había descrito su voz como “unas uñas arañando una pizarra”. Gracias a El chico ideal, algunos ya habían visto en él un diamante en (muy) bruto.

    Después: Tras aspirar (sin conseguirlo) al trono de James Stewart Gary Cooper (Mr. Deeds), Sandler sigue a sus comedias, para lo bueno (50 primeras citas, Zohan) y para lo malo (Niños grandes). En Hazme reír, trató de convencernos junto a Seth Rogen que los profesionales del chiste tienen sus cosas, pero hay que quererles.

    Jim Carrey

    Punto de inflexión: El show de Truman (1998) – Globo de Oro al Mejor Actor Dramático.

    Antes: Cuando Peter Weir le encerró en un decorado gigante, Carrey era el actor mejor pagado de Hollywood y un imán para la taquilla. Pero sus detractores eran legión, y ni Batman Forever ni La máscara podían convencerles de su talento.

    Después: Carrey aprovechó el respaldo crítico de El show de Truman para dar saltos al vacío tan disfrutables como Man on the Moon. Pero a continuación se vino abajo: El Grinch no tenía gracia, mientras que The Majestic olía tanto a cebo para el Oscar que hacía reír. Irónicamente, sus mejores películas (Una serie de catastróficas desdichas, ¡Olvídate de mí!) han sido también las menos taquilleras.

    Will Smith

    Punto de inflexión: Ali (2001) – Nominado al Oscar.

    Antes: Lo contaba Paco Alcázar en un chiste para CINEMANÍA: ya puede Smith encarnar al personaje más trágico del mundo, que la primera reacción de sus fans será partirse de risa con El príncipe de Bel Air. En Independece Day, Men in Black y Enemigo público, el ex rapero dio a entender que la acción (con más o menos gotas de comedia) era lo suyo.

    Después: Dejarse machacar por Michael Mann y George Foreman en Zaire convirtió a Smith en un icono internacional. Desde su combate, el actor ha dosificado sus títulos con cuentagotas. ¿Porque no le llegan ofertas? No: por lo muchísimo que cobra y por su control sobre su carrera (y la de sus hijos, claro).

    Bill Murray

    Punto de inflexión: Lost in Translation (2003) – Nominado al Oscar.

    Antes: La noche de los Oscar de 2004 fue especialmente dolorosa. Y no porque la estatuilla al actor principal fuese para Sean Penn, sino porque en ese momento muchos recordamos que la Academia no había nominado a Murray por Los Cazafantasmas, ni por Atrapado en el tiempo, ni por La chica del gangster, ni por…

    Después: “De (Oscar) perdidos, al río”, debió pensar Murray tras su espantá en la noche fatídica. Desde entonces, se reparte entre lo alimenticio y bochornoso (Garfield) y lo indie (Flores rotas, Life Aquatic). Cada vez más errático, fue uno de nuestros reyes de la risa desaparecidos.

    Sean Penn

    Punto de inflexión: El clan de los irlandeses (1988)

    Antes: El único consuelo de Bill Murray al llegar a casa tras los Oscar fue acordarse de Shanghai Surprise. Porque, aunque filmes como El juego del halcón le garantizasen buenas críticas desde el comienzo de su carrera, Sean Penn había sido teenager cachondo primero (Aquel excitante curso) y marido de Madonna después.

    Después: La silueta de Penn se parece cada vez más a la de un Oscar: tiene tres nominaciones (Pena de muerte, Acordes y desacuerdos, Yo soy Sam) y dos estatuillas en su poder (Mystic River, Mi nombre es Harvey Milk). Pese a lo que pronosticó Ben Stiller en Tropic Thunder, su último movimiento no ha sido interpretar a un ciego, sino a Joaquín Reyes disfrazado de Robert Smith.

    Jamie Foxx

    Punto de inflexión: Collateral (2004)

    Antes: Si Michael Mann no llega a quedarse con su cara durante el rodaje de Ali, el público de EE UU seguiría conociendo a Foxx principalmente por sus monólogos y sketches. El resto del mundo le recordaría (es un decir) por Booty Callz: Sexo sí… pero seguro.




    Después: Tras servir de taxista para un Tom Cruise asesino, Foxx se apuntó al club de los Oscar con Ray. Desde entonces, su carrera no ha sido como para tirar cohetes, pero si se lleva el papel protagonista en el Django Unchained de Tarantino (papel para el que compite con Will Smith) la cosa puede cambiar.

    Alfredo Landa

    Punto de inflexión: Los santos inocentes (1981) – Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes, ex aequo con Paco Rabal.




    Antes: Ojipláticos se quedaron algunos cuando vieron al actor de Jenaro, el de los 14, No desearás al vecino del quinto y Aunque la hormona se vista de seda aclamado en la Croisette. ¿Es que no recordaban Atraco a las tres o De cuerpo presente?




    Después: Como todos los actores españoles de su época, Landa hacía lo que podía y lo que debía para ganarse las habichuelas. Cuando ganó su premio en Cannes, la industria no cambió, así que su ritmo de trabajo tampoco. Tanto para lo bueno (La vaquilla, El bosque animado) como para lo malo (Los Porreta).

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