16 cosas que (probablemente) no sabías de ‘El padrino: Parte II’

La mejor secuela mafiosa de la historia cumple 45 años: un momento ideal para penetrar en los secretos de la 'famiglia' Corleone.

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20 de diciembre de 2019

En la Nueva York de 1917, un joven inmigrante siciliano se convierte en criminal para sacar adelante a su familia. 41 años más tarde, su hijo hereda su imperio y lo mantiene en lo más alto… a costa de traicionar todo aquello que su padre consideraba honorable. Con su compleja estructura y sus interpretaciones de órdago (encabezadas por Al Pacino Robert De Niro), El padrino: Parte II prolongó la saga de los Corleone de manera deslumbrante, siendo aclamada aún hoy como una de las mejores secuelas de la historia, si no la mejor.

Las vidas paralelas de un Vito ambicioso y un Michael satánico se merecen un estudio en profundidad. Y nosotros te lo ofrecemos aquí tras haber indagado en los asuntos de la famiglia con grave riesgo para nuestra vida. Recuerda: todo lo que vas a leer son asuntos de negocios, nada personal.

Historia de un padre y un hijo

El éxito de El padrino en 1972 había cogido a todo el mundo por sorpresa, empezando por un Coppola que pasó las de Caín rodándola. Así pues, tras hincharse a millones gracias a la recaudación de la película, encontró una forma de prolongar la historia: adaptando la novela original de Mario Puzo, Coppola había dejado fuera muchos capítulos sobre el ascenso de Don Vito Corleone dentro de la Mafia. Asimismo, su guion original para El padrino había estado lleno de flashbacks y saltos temporales que no llegaron a la pantalla, de modo que narrando en paralelo las andanzas del ‘padrino’ original y de Michael, podía poner en práctica esa idea. “Siempre había querido escribir un guion que narrase las historias de un padre y un hijo cuando tenían la misma edad”, comentó.

Un trabajo para el amigo ‘Marty’

Por entonces, Coppola estaba dispuesto a escribir el guion de El padrino: Parte II, pero no a dirigir la película. En parte, esto se debía a razones de prestigio (“Los grandes directores no rodaban secuelas de sus propias películas”, explicó a posteriori el productor Fred Roos) y en parte a que el rodaje de El padrino había sido un puro sufrir para él. Así pues, el director tenía pensado a alguien para relevarle en la silla de tijera: un prometedor amigo suyo llamado Martin Scorsese. Por suerte o por desgracia, Paramount pensó que aquel jovenzuelo de Little Italy no daba la talla para el proyecto. Y a causa de esa desconfianza todos salimos ganando, porque en 1974 estrenó Alicia ya no vive aquí.

Las cuatro condiciones

Por supuesto, Coppola no iba a aceptar sin más el encargo de El padrino: Parte II. Para hacerse cargo del trabajo, exigió cuatro cosas: que el productor Robert Evans no participara en el proyecto, presupuesto para rodar La conversación (una de sus mejores películas, que se estrenó también en 1974), dirigir una producción de la Ópera de San Francisco (su elección fue La visita de la vieja dama, basada en la obra de Friedrich Dürrenmatt) y escribir el guion de El gran Gatsby, la adaptación de la novela de Scott Fitzgerald dirigida por Jack Clayton con Mia Farrow Robert Redford. Y que, la verdad, tampoco fue nada del otro jueves.

Francis y Mario se van al casino

Ludópata empedernido, Mario Puzo había escrito El padrino para pagar sus deudas de juego. Y, a la hora de escribir la secuela, Coppola decidió explotar esa debilidad suya. “[Coppola] y Mario se iban a un hotel en Reno o en algún otro sitio donde hubiera casinos –recuerda Fred Roos–. Trabajaban durante dos o tres horas en el guion, y después se tiraban un par de horas jugando. Era como un premio que se daban por haber trabajado duro”.

¿A qué viene ese número? 

En ocasiones, Coppola se ha declarado culpable de la moda que exige numerar las secuelas de una película. Y aunque esto sean exageraciones de las suyas, sí es cierto que en los 70 aquello no se estilaba nada. Habla Fred Roos: “Lo de Parte II en el título fue muy polémico. El estudio dijo: ‘¡No puedes llamarlo El padrino: Parte II. Eso no lo ha hecho nadie nunca. Tendrás que pensar en otro título”. Como

‘Bobby’ entra en la ‘famiglia’

Como sabemos, las puertas de los Corleone no se abren para cualquiera. De hecho, en 1971 no se habían abierto ni para el mismísimo Robert De Niro, que fue rechazado por Coppola tras una memorable audición para el papel de Sonny. Pero dos años más tarde, tras haber rodado Malas calles con Scorsese, aquel picciotto ya había hecho méritos para subir en el escalafón, y Coppola le llamó para que interpretase al joven Vito. ‘Bobby’ se tomó la misión muy a pecho, viajando a Sicilia para aprender el dialecto local, usando una prótesis en la boca similar a la de Brando en el primer filme y (¡gulps!) dejándose bigotillo.

La rebelión de Clemenza

A lo largo de El padrino II, se nos informa que Frankie Pentangeli (Michael V. Gazzo) ha heredado el territorio de Clemenza (Richard Castellano) tras la muerte del veterano caporegime. Algo que es cierto en muchos sentidos: en el guion de Coppola y Puzo, Michael se enfrentaba a este último mafioso, que había sido su mentor en la primera parte. Pero Castellano se subió a la parra, exigiendo más salario y el derecho a escribir sus propios diálogos, con lo que Coppola le mandó a hacer puñetas. Pentangeli y Clemenza, no obstante, tienen muchos puntos en común, como su humor socarrón, el físico rechoncho y esa afición por los libros de historia que tan decisiva se muestra al final.

Atrápame esas braguetas

Megalómano como siempre, Coppola echó el resto rodando las escenas sobre la juventud de Vito en Little Italy. Y su meticulosidad tuvo efectos inesperados: cuando un diseñador de vestuario comentó que los pantalones con cremallera no eran históricos (a principios del siglo XX, las partes nobles de la ropa de caballero se aseguraban mediante botones), Coppola volvió a rodar varias escenas para corregir ese error.

El señor Lansky y el señor Roth

Hyman Roth, ese veterano gangster judío con el que Michael hace negocios en El padrino II, está bastante más que basado en Meyer Lansky, un histórico del crimen organizado en EE UU. Tras dar vida a este veterano profesional, el actor y maestro de actores Lee Strasberg se llevó un susto de muerte cuando el propio Lansky le llamó a su casa. “Podría usted haberme hecho más simpático –se quejó el gangster–. Después de todo, soy un abuelete”.

Palabras de mal agüero

Debido a las presiones del capo Joe Colombo, Coppola no pudo usar las palabras “Mafia” ni “Cosa Nostra” en El padrino. Pero, a la altura de la secuela, los verdaderos wiseguys no estaban por la labor de hacerle la puñeta, cosa que el director aprovechó a fondo: durante las escenas de la investigación contra Michael, los términos en cuestión suenan varias veces, algunas en boca del propio Al Pacino.

El ‘capo’ Corman hace un cameo

Como tantos otros directores de su generación, Coppola había comenzado su carrera trabajando para Roger Corman, el viejo pirata de la serie B. De modo que quiso rendirle homenaje sacándole en El padrino II como uno de los senadores presentes en la investigación contra Michael. Sus compañeros en la tribuna también fueron nombres ilustres de Hollywood: el productor Phil Feldman (Grupo salvaje) y los guionistas William Bowers Richard Matheson (El increíble hombre menguante, El péndulo de la muerte). 

Marlon, siempre faltón

Para el desgarrador flashback final de El padrino II, Coppola quería contar de nuevo con James Caan como Sonny y Marlon Brando como Don Vito. El primero aceptó, aunque exigió cobrar por su cameo el mismo salario que recibió por El padrino. Lo de Brando fue, para variar, una pesadilla: de primeras, el actor accedió, pero cuando tocó rodar la escena le dio por acordarse de lo mal que le había tratado Paramount durante el rodaje del primer filme. Así pues, Brando ni siquiera hizo acto de presencia en el plató, obligando a Coppola a escribir de nuevo la escena y rodarla al día siguiente.

“¡Que alguien pare a este hombre!”

¿Una película de Coppola sin desfases de tiempo y presupuesto? Qué chiste más bueno. Rodada en Italia, Nueva York, la República Dominicana y Nevada, El padrino II fue una trituradora de billetes durante todo su rodaje, cosa que estresó de lo lindo a los jefazos de Paramount. Fred Roos recuerda haber recibido llamadas de ejecutivos al borde de un ataque de nervios, exclamando cosas como: “¡Vais dos semanas por detrás del plan de rodaje y os habéis pasado dos millones del presupuesto! ¿No puedes parar a ese hombre?”.

Si ves una naranja, sal corriendo

Siguiendo la tradición instaurada en la primera parte, las naranjas simbolizan la muerte en El padrino II. Sin ir más lejos, Johnny Ola lleva a Michael una naranja de Miami como obsequio de parte de Hyman Roth, el senador Geary manosea una naranja antes de faltarle al respeto al Don (con las consecuencias que todos conocemos) y Don Fanucci (Gastone Moschin) se zampa un jugoso cítrico antes de caer a manos del joven Vito. Para luego hablen de la vitamina C…

La famiglia Coppola

Además de para pagarle un sueldo decente a su hermana Talia Shire, Coppola aprovechó esta película para lanzar otros guiños a su familia. Por ejemplo, la opereta napolitana que Vito y su amigo Genco ven en un teatro de Little Italy fue compuesta por su abuelo materno, Francesco Pennino. Y una escena eliminada mostraba al futuro ‘padrino’ y sus amigos entrando en tratos con un armero llamado Augustino Coppola, cuyo hijo (que toca la flauta) atiende por Carmine. Se trata, claro está, de recreaciones del abuelo paterno del director y de su padre, el músico Carmine Coppola.

Menos taquilla, pero más Oscar

Rodada con más del doble de presupuesto que El padrino (13 millones frente a los cinco de la primera parte), El padrino II recaudó menos de la mitad: si su predecesora se había llevado 286 millones de dólares en EE UU, esta secuela solo se llevó 88 millones. A Coppola y a Paramount esto no les importaba mucho, porque su verdadero objetivo no eran los billetes, sino las estatuillas doradas.

Esta secuela fue nominada a 11 Oscar, de los que ganó seis, incluyendo Mejor película, Mejor director, Mejor guion adaptado y Mejor actor principal para un De Niro que había pasmado la mundo. De esta manera, ‘Bobby’ no solo se convirtió en uno de los pocos actores que han ganado el premio por actuar en una lengua distinta del inglés (recordemos que su papel está dialogado en italiano): Marlon Brando y él son los únicos actores que han recibido sendos Oscar por interpretar al mismo personaje. Y es que Don Vito es mucho Don Vito…

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