‘El Hobbit. La desolación de Smaug’: Así fue el evento internacional para fans

Peter Jackson, Evangeline Lilly, Orlando Bloom y otros intérpretes de la película se asomaron a sus seguidores de todo el mundo en un encuentro que pudo verse en los cines Kinépolis. Por YAGO GARCÍA

05 de noviembre de 2013

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  • Además de albergar la sala de cine más grande de España, los cines Kinépolis de Pozuelo de Alarcón son a veces escenario de fenómenos extraños: una lluvia de dinero, por ejemplo, o una invasión de elfos, hobbits e incluso algún mago que otro que tuvo lugar durante la noche del lunes 4 de noviembre. Los fans madrileños de la Tierra Media se habían desplazado hacia la Ciudad de la Imagen para un encuentro online que les conectaría, en pantalla grande, con Peter Jackson y gran parte del reparto de El Hobbit. La desolación de Smaug. Y, en esas circunstancias, ¿quién se resiste al atractivo del cosplay? 

     Bueno, la proporción de seres tolkienianos era algo baja para el total de asistencia al evento, pero eso no importó: tras la proyección de El Hobbit. Un viaje inesperado que sirvió de prólogo, los disfraces más llamativos fueron recogidos en un photocall, y el periodista de Antena 3 Gonzalo del Prado, en funciones de presentador, no se privó de hacer preguntas a algunos espectadores disfrazados. “Yo intenté ser Rosie Cotton [la novia de Sam Gamyi en El Señor de los anillos], explicó una, “pero digamos que voy de chica hobbit a secas”. “Yo soy un mago arcano que usa las runas, pero sin nada que ver con la Tierra Media”, anuncia otro fan masculino y más puntilloso.

    Entre recordatorio y recordatorio de lo mucho que su emisora se vuelca en la promoción de los filmes, gracias a lo cual podemos ver la ya famosa intro de Los Simpson en escala descomunal, Del Prado aborda a otros asistentes: uno de ellos ha seguido un tutorial de YouTube para hacerse unas orejas puntiagudas (la capa, eso sí, se la ha hecho su abuela), mientras que una fan ha decidido desafiar las convenciones y vestirse como “una montaraz, seguidora de Aragorn”. Por supuesto, todos estamos impacientes por que empiece la retransmisión, pero ya se sabe: “Las cosas del directo no siempre cuadran”.

    Y, entonces, se hacen la oscuridad en el patio de butacas, y la luz en la pantalla: Richard Armitage (Thorin Escudo de Roble) y un Orlando Bloom con vetas de gris en el cabello están en Nueva York mientras que desde Los Ángeles saluda una Evangeline Lilly muy pizpireta y en Londres se encuentran Lee Pace (Thranduil, rey elfo del Bosque Negro), Luke Evans (Bardo el arquero) y Andy Serkis, recibido por la muchachada de todos los continentes con un aplauso ensordecedor. Desde Wellington, capital de Nueva Zelanda, saluda un Peter Jackson que luce sus emblemáticos pies descalzos, flanqueado por Graham McTavish (intérprete del enano Balin)… Pero no por Martin Freeman, que no ha podido acudir. El actor inglés ha grabado sus excusas en un vídeo que le muestra luciendo una americana de tartán malva, rosa y negro: la yuxtaposición de dichos colores en forma de cuadros escoceses podría matar a un orco del susto, pero se le agradece la simpatía.

    A continuación, se suceden las preguntas del público, tanto en persona como vía Twitter. Los españoles, eso sí, las recibiremos a través de una traducción simultánea que (como reconocerá Gonzalo del Prado tras el encuentro) no está para nada a la altura. Tal vez alguien debería haber advertido a su responsable que, en un contexto como este, no queda nada bien traducir “elf” como “duendecillo”. En todo caso, el encuentro tira para alante: “Me alegra ver a gente haciendo cosplay”, saluda Jackson. Y prosigue: “Como podréis ver, yo también voy disfrazado de director de cine”, antes de presentar unos extractos de su videoblog con “las 10 semanas más intensas que he vivido jamás”. En ellos encontramos el usual bullicio del plató, alguna gansada que otra, y una prueba de la apabullante capacidad del cineasta para repantigarse en ángulos que diríanse imposibles sobre el sofá de la sala de montaje.

    Comienzan las preguntas, y por supuesto la primera es para Jackson: Con un reparto tan amplio -expandido respecto de la novela original-, ¿es un problema encontrarle un hueco en la historia a cada personaje? El director responde: “En las novelas hay un punto de vista narrativo, y en este caso es el de Bilbo. Yo no quiero que dé la impresión de que es el director quien te guía por la historia, tiene que ser el protagonista quien desempeñe esa función. Por ello, hay que lograr que los personajes evolucionen de forma orgánica, y creo que lo hemos conseguido”.

    Una chica con adecuadas orejas puntiagudas formula la siguiente cuestión, dirigida a Evangeline Lilly: ¿Cómo fue su primer día de rodaje? La actriz, excitadamente hiperactiva, apunta que “El rodaje fue muy natural, muy orgánico: Peter, Fran Walsh y Philippa Boyens improvisan todo el rato según tus reacciones, digamos que te hacen el papel a tu medida. Lo cual tiene un punto malo, y es que a veces te llegan diálogos que fueron escritos la noche anterior. O sea, que todo comenzó de forma muy interesante”. Otra pregunta para Lilly: Dado que Tauriel, su personaje, no fue creado por J. R. R. Tolkien, ¿cómo preparó el papel? Tras confesar que, por recomendación de Jackson, no vio El Señor de los anillos antes del rodaje “para no verme forzada a imitar a Liv Tyler o Cate Blanchett”, Evangeline propina uno de los primeros sobresaltos de la noche: “Para Tauriel, me inspiré en Campanilla, el hada de Peter Pan. No me miréis raro: es una chica muy dura [badass] pese a ser tan pequeña, y nadie en su sano juicio la querría tener como enemiga”.

    Cuando le toca responder sobre lo que ha supuesto su retorno a la Tierra Media, Orlando Bloom confiesa referirse a Legolas como “Leggie”, y haberse probado su viejo vestuario de El Señor de los anillos antes de llegar al plató. Requerido por otro consultante, Richard Armitage se lo piensa dos veces, pero acaba declamando su frase favorita del guión: “Si esto tiene que acabar entre llamas, arderemos juntos”. Por su parte, Luke Evans explica que sí, aprendió a tirar con arco para preparar el rol de Bardo. Y una pregunta sobre la relación paternofilial entre sus personajes lleva a Bloom y a Lee Pace a una delirante, y transcontinental, exhibición de andares élficos: “Le fui enseñando poco a poco”, explica Orlando. “Primero empezamos con el que yo llamo ‘el paso del elefante’, y terminamos con el ‘paso de Elvis”. Una verdadera pena que no podamos enseñároslos, porque motivaron la mayor carcajada de la noche. 

    Andy Serkis, que en esta película ha ejercido a ratos como director de segunda unidad, parece un poco harto de que le pregunten siempre sobre Gollum. Pero a su respuesta algo desganada sigue otra para Jackson que vale su peso en oro: ¿Qué sintió el director tras rodar la última toma de la película? Tras un instante de vacilación, Peter se arranca a hablar: “Es difícil responder sin entrar en clichés, pero… El último día de rodaje me levanté a las cuatro de la mañana, me puse a montar vídeos para el blog, y después me quedó una sensación agridulce. Siempre es emocionante cuando te despides de la gente y te das cuenta de que es un fin de ciclo. Pero, después de seis películas, también es un alivio pensar que todo se ha acabado”.

    A continuación, Jackson se explaya sobre los extras que hallaremos en la edición doméstica de la trilogía: “Hay toneladas de tomas falsas, y merece la pena verlas: a Ian [McKellen] no le hace gracia cometer errores, pero sus reacciones cuando se equivoca son para morirse de risa. También hay bromas, y momentos grabados a traición”. A continuación, comenta que también hay tomas falsas inéditas de El Señor de los anillos, pero que sus grabaciones se encuentran “en un montón de cintas VHS guardadas en una caja fuerte, en algún lugar de Arizona”. Uy, qué misterio… Pero no tenemos tiempo de pensar en ello, porque a continuación nos esperan veinte minutos de metraje de El Hobbit. La desolación de Smaug.

    ¿Qué nos espera durante ese tiempo? Pues, como Jackson ha rogado (amablemente, pero con firmeza) que la prensa limite los spoilers, nos quedamos en los hechos básicos. La primera escena es el combate de Bilbo con las arañas gigantes, momento que seguramente proporcionará algún escalofrío que otro cuando se estrene el filme. Los siguientes nos permiten echarle un vistazo a los elfos del Bosque Negro, incluyendo cierta memorable evasión en barriles, y a Esgaroth, la Ciudad del Lago, con Bardo el arquero como guía. Pero lo mejor viene al final. Porque, mientras un Martin Freeman pimpante se desliza entre montañas de oro y joyas, algo muy grande, muy antiguo y muy malvado despierta… Y, entonces, el viejo dragón Smaug nos sonríe, para después hablar con la voz de Benedict Cumberbacht. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que todo ha valido la pena.

    El Hobbit. La desolación de Smaug se estrena el 13 de diciembre

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