El club de los ‘humildes’: 12 directores a los que nos encanta odiar

¿Es Almodóvar el único director de cine que se merece una colleja por divo? ¡Por supuesto que no! Te presentamos una nutrida colección de egos desbocados, desde Godard y Lars Von Trier a Uwe Boll y Michael Bay. Por YAGO GARCÍA

06 de diciembre de 2011

A veces, uno diría que todos los problemas de Pedro Almodóvar caben en tres letras: las que forman la palabra “ego”. Y no es para menos, porque (como corresponde a un cineasta tan amante de George Cukor, Douglas Sirk y otros señores del melodrama) el manchego universal lleva ya una porción de años tratando de convencernos de que es más total y más divino que nadie, incluso (si le dejaran) que Pe. De ahí que el premio otorgado a La piel que habito por el Círculo de Críticos de Washington D. C. haya sido una nueva excusa para que internet se llene de recordatorios a los excesos del cineasta, desde sus calculadas estrategias promocionales a esa extrema sensibilidad ante las criticas que, sin ir más lejos, le llevó a convertir su blog oficial en una colección de invectivas contra Carlos Boyero.

Pero, cinemaníacos, reflexionemos: ¿acaso es Almodóvar el único cineasta vivo que se merece collejas por su exceso de divismo? ¡Por supuesto que no! Desde que el cine es cine, este mundillo rebosa con autores (y auteurs) con la autoestima más grande que los alerones de un DeLorean, siempre dispuestos a recordarnos lo geniales que son, y a ganarse nuestra antipatía en el proceso. Haciendo nuestro el lema que reclamó Eric Von Stroheim en los tiempos heroicos del celuloide, hemos recorrido nuestras listas negras para ofreceros esta lista de 12 directores de cine a los que nos encanta odiar. ¿Echáis de menos a alguien en ella?

Jean-Luc Godard

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A veces le odiamos por… Si tras ver un filme te sientes como si alguien te hubiera llamado “imbécil alienado por la sociedad de consumo”, a la cara, varias veces y riéndose a carcajadas, es muy probable que dicha película tenga la firma de este suizo con gafas. Durante sus 50 años largos de trayectoria (Al final de la escapada, su debut largo, es de 1960), Godard ha tratado siempre de demostrarle al espectador que es más listo que él, más culto que él y más comprometido políticamente que él, a veces a costa de entregar verdaderos tostones. Que nosotros sepamos, aún sigue en ello.

Pero le perdonamos por… A Bande Apart, Weekend, El desprecio, La Chinoise, la reciente Film Socialisme… Todas estas obras maestras están firmadas por Godard. Y sólo son unos pocos ejemplos de una carrera presidida por el genio. Eso quiere decir algo, ¿no?

Lars Von Trier

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A veces le odiamos por… ¿Hay una palabra que defina al cineasta danés? Sí, la hay, y esa palabra es “bocazas”. No nos referimos sólo a sus alardes verbales, como el que le costó su veto a perpetuidad en Cannes, o a su insistencia en proclamarse como lo mejor que le ha ocurrido al cine desde los Lumiére, sino en esos fragmentos de su mundo interior que se ven en sus películas y que tanto miedo dan a veces. Si nos remitiéramos sólo a ellos, el amigo Lars sería un misógino contumaz y un misántropo irreductible que odia a la humanidad (así, en general) sólo un poco más de lo que odia a las mujeres.

Pero le perdonamos porque… Un vistazo cuidadoso a Anticristo y Melancolía (por citar algunos ejemplos) revela que Von Trier no es tanto un monstruo de crueldad como un ser humano muy triste, muy sensible y, sobre todo, muy asustado. Lars, búscate una chica de verdad y lo mismo se te pasan las neuras.

James Cameron

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A veces le odiamos por… La egolatría de Cameron es tan densa que la luz no puede escapar de su interior. Y su talento, a veces, tampoco: vale que Avatar estaba bastante bien, pero de ahí a presentarla como un acontecimiento trascendental para la historia del cine media un trecho muy largo. Por no hablar de esas crisis de conciencia ecologista que a veces le dan, y que nos recuerdan lo patético que puede resultar un salvaballenas (o salvajunglas amazónicas) multimillonario, que ha hecho su fortuna mediante la venta al por mayor de espectáculo palomitero y tecnológico.

Pero le perdonamos porque… Además de las dos primeras partes de Terminator, de Aliens: el regreso y de otros momentos de gran gloria, el Séptimo Arte le debe dos cosas a Cameron. A saber: su trabajo pionero en el mundo de los efectos especiales, y la carrera de Kate Winslet. Ahora es fácil olvidarlo, pero antes de Titanic casi nadie daba un céntimo por aquella chica inglesa tan mona.

Michael Bay

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A veces le odiamos por… Lector, ¿no te sientes un poco mareado? ¿Como si la cabeza te diese vueltas? Tranquilo: está demostrado que la sola mención del nombre de Michael Bay provoca ataques del “síndrome de la cámara temblona”. Macarra y egocéntrico como el solo, contínuamente rodeado de pibones como Megan Fox y Rosie Huntington y amparándose en el prestigio de Steven Spielberg (su ‘primo de Zumosol’ en la saga Transformers), Bay parece embarcado en una cruzada personal contra la coherencia y la estabilidad en el arte del montaje. Por no hablar de su (aparente) incapacidad para encabezar proyectos con un presupuesto de menos de seis cifras.

Pero le perdonamos porque… Si Bay tratase de convencernos de que es un auteur con derecho a Palma de Oro, lo suyo sería de juzgado de guardia. Pero, en el fondo, está claro que este chaval de Los Ángeles dirige sus pelis como quien conduce un coche de gran cilindrada a toda mecha por una freeway desierta. Además, los robots gigantes son una debilidad de la casa.

M. Night Shyamalan

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A veces le odiamos por… Allá por la prehistoria (es decir, en 1999), Shyamalan sonaba en los corrillos como uno de los cineastas más prometedores del mundo, gracias a El sexto sentido. Después llegó El protegido y todos vimos que aquello era bueno. Pero partir peras con Bruce Willis y perder el amor de crítica y público fue todo uno para el director hindú: tras algunos trabajos polémicos (El bosque) llegaron abiertas decepciones (El incidente), y aún recordamos la pena que daban sus intentos de vendernos Airbender como una gran película. Shyamalan, en suma, da la rabia propia de aquellos que poseen un inmenso talento, pero que se ven incapaces de sacarle partido.

Pero le perdonamos porque… Eso mismo: por mucho que derrape, por mucho que se autoengañe y por más truños que entregue, todos sabemos que ‘Night’ es un chico con talento e ideas, sólo necesitado de una voz amiga que le explique (sin ir más lejos) que a La joven del agua no había por dónde cogerla. ¡Bruce, por favor, vuelve junto a él! ¡Te necesita!

Mel Gibson

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A veces le odiamos por… ¿Hace falta decirlo? Dejando de lado su faceta como actor (en la cual hallamos tantos truños como aciertos), el australiano ha desarrollado una trayectoria tras la cámara tan breve como intensa… En la cual nunca sabremos cuánto hay de compromiso personal y cuánto de sensacionalismo gratuito: por si Braveheart no fuera ejemplo suficiente de esto último (pese a sus Oscar), recordemos La pasión de Cristo, un filme que tendió puentes entre el género religioso y el gore. De alcoholismos, misoginias y antisemitismos, mejor hablamos otro día, pero también contribuyen a su mala estampa. Muchísimo.

Pero le perdonamos porque… Incluso los más antifans del australiano coincidirán con nosotros en que Apocalypto es un peliculón como un piano de grande. Por otra parte, cuando vimos a Jodie Foster saliendo hecha una fiera en defensa de su amigo Mel, pensamos que lo mismo no estábamos ante un mal sujeto. Al menos, no ante uno malo del todo.

Darren Aronofsky

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A veces le odiamos por… Con esas pintas de buen chico, el segundo canadiense más enfermizo del mundo (el primero es Cronenberg, claro) recorre el difuso límite entre un cineasta de casta y un timador con suerte. Sus filmes describen hechos horribles, pero con una complacencia, un regodeo y un gustirrinín que nos hacen dudar sobre si Aronofsky nos ofrece material para la reflexión, o símplemente ceba nuestras ansias de carnaza: véanse Requiem por un sueño y El luchador si se tienen dudas. Por otra parte, los ‘parecidos razonables’ entre Cisne negro y el anime Perfect Blue de Satoshi Kon abren un amplio interrogante sobre las fuentes de inspiración de Darren.

Pero le perdonamos porque… Recordemos un hecho innegable: el cine es un arte de imágenes, y Aronofsky demuestra siempre una inventiva visual de primera. Por otra parte, entre tanto retorcimiento, sus guiones suelen arrear en las partes más sensibles de nuestras conciencias (como los de Lars Von Trier, mira tú). Y eso es un mérito muy grande.

Sofia Coppola

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A veces la odiamos por… Cuando papá Francis Ford Coppola bautizó a uno de sus vinos con el nombre de su figlia favorita, no tuvo otra idea que la de vender dicho caldo en lata, cual un refresco con burbujas. La anécdota (extraída de un texto de Jordi Costa) viene de perlas para señalar todo lo malo en la carrera de Sofia: tanto Las vírgenes suicidas como María Antonieta y Lost in Translation transmiten una sensación tan esteticista, tan calculada y tan conscientemente divina (de la muerte, of course) que resulta fácil preguntarse si no nos estarán vendiendo dosis de glamour barato disfrazadas de arte y ensayo.

Pero la perdonamos porque… Al igual que otros cineastas de esta lista, la Coppola se gana el indulto gracias a una joya rara y preciosa: la personalidad. La de una niña pija, nutrida a base de revistas de tendencias y de excursiones de compras por Manhattan, pero personalidad al fin y al cabo. Por otra parte, ¿no estamos un poco hartos de que, siempre que se la menciona, se recuerde su desastrosa intervención en El Padrino III?

Christopher Nolan

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A veces le odiamos por… No, no has leído mal. Estamos apuntando nuestros dardos hacia el director de El Caballero Oscuro y Origen, el máximo impulsor del blockbuster intelectual, el niño mimado del público y (parte de) la crítica… Y un señor tan, pero tan extremadamente alabado por todos que dan ganas de preguntarse cuánto hay en él de auténtica genialidad, y cuánto de buena prensa. Aunque la capacidad de Nolan para regir superproducciones con mano de hierro está más que demostrada, y aunque haya generado filmes inmensos, reconozcamos que en los juegos mentales que nos propone hay, muchas veces, una sobredosis de pretenciosidad injustificada. Y que su tendencia al montaje hiperveloz en las escenas de acción rivaliza muchas veces con la de Michael Bay.

Pero le perdonamos porque… Siguiendo el ejemplo de su adorado Kubrick (cineasta antipático donde los haya), Nolan convierte la falta de emociones en una enorme virtud. Y, ya que ha salido la palabra de marras, recordemos esa obra maestra llamada El prestigio. Si el venerable Michael Caine, que a su edad ya no está para inclinarse ante nadie, declara su amor incondicional al director británico, ¿quienes somos nosotros para negarle el nuestro?

George Lucas

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A veces le odiamos por… Bueno, “a veces”, no. El papá de Star Wars se ha ganado nuestro odio cotidiano por sobradas razones. ¿Hace falta recordarlas? Pues allá van: las precuelas de la saga galáctica, su insistencia en presentarnos versiones tuneadas de sus propios clásicos, su tendencia a cambiar de chaqueta según soplen los vientos del mercado, la molesta sensación de que el merchandising derivado de su obra le importa más que la obra en sí,  el “¡Nooooo!” de Darth Vader en la versión Blu-ray de la serie… Y alguna otra que se nos escapa, seguro.

Pero le perdonamos porque… Lucas nos da tres sólidas razones para conservar nuestra estima: La guerra de las galaxias, El Imperio contraataca y El retorno del Jedi. Ya sabemos que sólo dirigió la primera, y que la tercera no es lo que se dice una maravilla (si la hubiese dirigido David Lynch, lo mismo lo sería), pero pocos pueden alardear de haber creado, y mantenido con vida, un universo entero durante casi 40 años.

Isabel Coixet

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A veces la odiamos por… “¿A qué huelen las flores?”. Lanzándonos esta pregunta por boca de Silke y en el contexto de un anuncio de compresas, la cineasta catalana comenzó a ganarse una numerosa cohorte de antifans que, juraríamos, crece con cada uno de sus estrenos. Sensiblería, trapacería emocional, preciosismo vacuo y abuso de la música de Anthony And The Johnsons son algunos de los cargos que Coixet ha acumulado en Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras, Mapa de los sonidos de Tokio, et al.

Pero la perdonamos porque… ¿Te has dado cuenta de que en esta lista sólo hay dos mujeres? Pues así es: en el mundo del cine, las féminas lo siguen teniendo muy crudo para ponerse al frente de un largometraje, y es de ley admitir que Coixet se ha peleado su puesto. Además, recordemos que gracias a ella la troupe de Muchachada Nui nos presentó uno de sus mejores Celebrities.

Uwe Boll 

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A veces le odiamos por… Hay directores que se mueven por el instinto, y otros que se mueven por el afán de notoriedad. Manifiestamente malhablado, antipático y bocazas, el autor de Alone in the Dark, En el nombre del rey y Auschwitz sólo parece tener un móvil para dirigir filmes: el dinero. Privado del espíritu gozoso de otros profesionales de la serie B, y parcialmente culpable de que las adaptaciones al cine de videojuegos lleven el letrero de “truño automático” pegado a sus chepas, Boll parece dispuesto a cualquier cosa para que el público pase por taquilla. Que dicho público, una vez acabada la proyección, se vea provisto de argumentos para exigir la inmediata devolución de la entrada le trae sin cuidado.

Pero le perdonamos porque… A ver… Un momento… Lo tenemos en la punta de la lengua, pero no se nos ocurre nada. Bueno, sí: Postal (2007) no estaba nada mal.

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