El cine británico contra Margaret Thatcher: 10 películas que atacaron a la ‘Dama de Hierro’

La fallecida ex primera ministra del Reino Unido se ganó la enemistad de muchos directores de cine. Aquí te ofrecemos una selección de filmes que ella hubiese odiado. Por YAGO GARCÍA

08 de abril de 2013

La recién fallecida Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, tuvo muchos enemigos. Y muchos, muchísimos de ellos estuvieron en el mundo de la cultura y las artes, algo que Phyllida Lloyd y Meryl Streep se olvidaron de contarnos en La dama de hierro. Así, mientras los mineros se alzaban en Yorkshire, los ciudadanos se manifestaban contra el poll tax (impuesto sobre el censo) y el Partido Laborista le daba caña desde el Parlamento, la gobernante tory (conservadora) se enfrentaba a músicos como Morrissey, que quería verla guillotinada, y a muchos directores de cine.

 Aunque la Gran Bretaña conservadora prefería verse reflejada en las costosas producciones de David Putnam como Carros de fuego, en los dramas de época de James Ivory o en los filmes ‘modernos’ del ex publicista Alan Parker, su celuloide rebosó durante el mandato de Thatcher con películas que atacaban muy duramente sus decisiones, tan conservadoras en lo social como liberales (y liberalizadoras) en lo económico, mostrando a un país desmoralizado y presa de unas desigualdades sociales cada vez más feroces. Aquí te ofrecemos una selección.

Britannia Hospital (Lindsay Anderson, 1982)

Thatcher la hubiera odiado porque… En 1982, tres años después de su ascenso al poder, la primera ministra recibía su primer sopapo fílmico, propinado además por uno de los grandes nombres del ‘Free Cinema’. Lanzando sus dardos a la gestión sanitaria del gobierno de Thatcher, Britannia Hospital concluye una trilogía satírica (protagonizada por Malcolm McDowell, La naranja mecánica) que comenzó en los 60 (If..) y prosiguió en 1973 (Un hombre de suerte)El centro sanitario (parcialmente privatizado) que da título a la película espera una visita de la Reina Madre: los médicos están más preocupados por quedar bien que en sanar a sus pacientes, los trabajadores se ponen en huelga, la policía reparte mamporros y la sangre corre por doquier. 

La comida del labrador (Richard Eyre, 1983)

Thatcher la hubiera odiado porque… Los telefilmes estrenados en los 80 por Channel Four destacaron por su calidad (fuera del Reino Unido, muchos fueron estrenados en pantalla grande) y también por la actitud anti-Thatcher de muchos de ellos. Por ejemplo, el guión de esta película, escrita por el novelista Ian McEwan (Expiación), nos cuenta cómo el empeño del periodista Jonathan Pryce por cubrir la Guerra de las Malvinas se convierte en una obsesión que le aparta de su vida familiar, necesitada de atención urgente. Y, para colmo, todo acaba en una convención del Partido Conservador. ¿Sería una metáfora?

Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, 1985)

Thatcher la hubiera odiado porque… Empeñada en dar una imagen saneada y liberal (en el sentido económico) de Gran Bretaña, la administración de Thatcher sufrió un severo soponcio cuando Stephen Frears estrenó su tercer largometraje. La primera razón: Mi hermosa lavandería muestra una sociedad paralela de inmigrantes, pakistaníes en este caso, que sobrevive al margen de la Inglaterra tradicional y conservadora. La segunda razón: el filme enseña que dicha cultura y la clase obrera british pueden llegar a un entendimiento… Mediante el romance gay entre un chico asiático (Saeed Jaffrey Gordon Warnecke) y un Daniel Day-Lewis que va de nazi por la vida, pero cuyas inclinaciones cantan tanto como su tinte rubio criminal.

Cuando el viento sopla (J. T. Murakami, 1986)

Thatcher la hubiera odiado porque… La política exterior de la ‘Dama de Hierro’ consistió, básicamente, en arrimarse a EE UU durante lo más crudo de la Guerra Fría. De modo que esta sátira antinuclear, protagonizada por dos enternecedores ancianos, apuntaba a mala idea contra ella. Cegados por sus recuerdos de la II Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña estaba del bando de los buenos, y creyéndose a pies juntillas una propaganda oficial que miente como una cosaca, la pareja protagonista se deja llevar por una situación en la que no hay esperanza posible. 

Withnail y yo (Bruce Robinson, 1987)

Thatcher la hubiera odiado porque… Haciendo una excepción en esta lista de dramones sociales, incluimos una comedia desmadrada (y cruel) ambientada a finales de los 60. ¿Por qué? Pues porque Withnail y yo refleja, a través de las correrías de dos actores sin suerte, el fin de los sueños del laborismo y el nacimiento de la debacle social que llevaría a Thatcher al poder en 1979. Además, sospechamos que una señora de su casa como la ex primera ministra hubiese encontrado muy desagradables la avalancha de insultos y el desbordante consumo de alcohol que inunda sus fotogramas.

The Last of England (Derek Jarman, 1988)

Thatcher la hubiera odiado porque… Entre las medidas de la administración Thatcher estuvo, recordemos, la infame ‘Section 28’, texto legal que prohibía la supuesta ‘propaganda homosexual’ en escuelas y medios de comunicación públicos. Así pues, un cineasta gay, anarquista y enfermo de sida como Derek Jarman fue uno de los grandes flagelos fílmicos de la primera ministra. Autor de videoclips memorables para The Smiths y Pet Shop Boys, entre otros grupos, el director se marcó seguramente la película más extraña de nuestro reportaje: un híbrido entre diario filmado, lleno de imágenes de pobreza y decadencia social, y alegoría surrealista protagonizada por su gran amiga Tilda Swinton. 

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (P. Greenaway, 1989)

Thatcher la hubiera odiado porque… Dice Peter Greenaway que El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante fue su respuesta particular a los excesos del gobierno tory. Si lo dice el director, tan erudito él, habrá que hacerle caso, pero es muy probable que esta película pase a la historia como uno más de sus desparrames artísticos y conceptuales. Pese a todo ello, el personaje del gangster Michael Gambon (que presume de gourmet sin tener ni idea y que aterroriza a su mujer-florero Helen Mirren) es fácil de ver como una sátira de los nuevos ricos que medraron a la sombra del gobierno de Thatcher.

Agenda oculta (Ken Loach, 1990)

Thatcher la hubiera odiado porque… Está claro: una película de Ken Loach tenía que aparecer por narices en nuestro informe. Pero el caso de Agenda oculta es especial, porque estamos ante la película más sañuda y hostil que el director dedicó a la ‘Dama de Hierro’ y a su gobierno. Investigando el asesinato de un activista en el Ulster, Brian Cox y Frances McDormand descubren que el ascenso al poder de Thatcher fue el resultado de un golpe de estado institucional perpetrado por la policía, el ejército y los tories más reaccionarios. Por supuesto, dicha trama es totalmente ficticia. O eso suponemos.

La vida es dulce (Mike Leigh, 1991)

Thatcher la hubiera odiado porque… Cansada y repudiada tanto por el pueblo británico (que salió a la calle en masa para protestar contra su impuesto censal) como por su propio partido, Margaret Thatcher dimitió en noviembre de 1990. Pocos meses más tarde, llegó a los cines británicos la primera película del autor de Secretos y mentiras, un cineasta rojeras de vocación que sacaba punta a su estilo improvisatorio y a sus comentarios sociales. Pero aquí la cosa había cambiado: en lugar de un sombrío dramón social, La vida es dulce queda como una historia dura, pero alegre, de familia, comida y sexo. Puede que la gobernante se hubiese retirado, pero Gran Bretaña estaba plenamente dispuesta a seguir sin ella.

Sólo para sus ojos (John Glen, 1981)

Thatcher la hubiera odiado porque… ¡Un momento! ¿Por qué terminamos este repaso con una película de 1981? ¿Y por qué con una de James Bond, ese icono de la Gran Bretaña más imperial? La respuesta es sencilla si ves el clip, donde un par de imitadores (Janet Brown y John Wells) parodian con mala uva la vida doméstica de doña Margaret y de su esposo Dennis Thatcher. Mientras la primera ministra (en delantal) se empeña en felicitar personalmente al espía, y en evitar que su santo pique entre comidas, 007 (Roger Moore) prefiere echar el kiki de rigor con Carole Bouquet, delegando en un loro la tarea de responder a los parabienes oficiales. Admitimos, eso sí, que el chiste es machista con ganas.