Dave Bautista: de luchador a actor de moda

El exluchador de wrestling es mucho más que Drax el Destructor y está dispuesto a sacar tanto partido a su vis cómica y rango interpretativo como a sus músculos.

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28 de agosto de 2019

Es fácil pasar por alto a cierta clase de actores. Aquellos que no son prestigiosos, que antes de dar el salto al cine se dedicaron al deporte, a las artes marciales, a la televisión o a cualquier cosa que se consideren entretenimientos infantiles. Y es fácil pasarlos por alto porque no se les toma en serio. Incluso sí, en ocasiones, tienen unas tablas que ya querrían para sí otros actores con mucho más prestigio.

Dave Bautista es un buen ejemplo de esto. Nacido el 18 de enero de 1969 en Washington DC, tras una infancia convulsa, se emanciparía legalmente de sus padres a los 17 años, consiguiendo encarrilar su vida al descubrir las dos cosas que le harían famoso: el fisioculturismo primero y el wrestling después. De ese modo conseguiría destacar de forma especial en la WWE, la empresa de wrestling más famosa del mundo, donde se haría llamar con el sobrenombre de Batista. Convirtiéndose así en uno de los atletas más famosos del mundo del entretenimiento.

Ese fue el comienzo de su carrera como actor. Trabajando en la WWE. A fin de cuentas, los luchadores de wrestling son actores con un trabajo extraordinariamente físico; son actores de una telenovela, sólo que todos sus conflictos se resuelven sobre un ring, dándose trompazos de un modo que normalmente quedaría relegado al papel de los dobles. Por eso, más que decir que en un momento dado dio el salto a la actuación, deberíamos decir que dio el salto a otras formas de actuación. Otras mejor socialmente sancionadas.

Más allá del porrazo en carnes propias el primer papel de relevancia de Bautista fue en Smallville. En 2006, en su sexta temporada, hizo de Aldar, un alienígena con superfuerza y superresistencia que, tras fugarse de la dimensión carcelaria conocida como la Zona Fantasma, acabaría siendo ejecutado por el Detective Marciano en ese mismo episodio, cerrando así uno de los primeros papeles secundarios del, por entonces, campeón del mundo de pesos pesados de la WWE.

A partir de ahí su carrera cinematográfica empezó a despegar lentamente. En Una familia casi perfecta y My Son, My Son, What Have Ye Done? haría dos pequeños papeles que no exigirían de él nada más que lo que ya es de por sí: un tío que no cabe en una camiseta XXL. Y así, acumulando pequeños papeles, su oportunidad llegaría cinco años más tarde. En 2011 se estrenaría Wrong Side of Town, una película de acción de serie B de encanto más que limitado donde Bautista pudo demostrar que podía hacer algo más que gruñir y ser intimidante, incluso si su guión no acompañaba para demostrar sus dotes actuales.

Algo que tampoco entendería Brian A. Miller al contratarlo como protagonista de la olvidable House of the Rising Sun, una película de acción donde el por entonces campeón de la WWE pelea contra un guión repleto de clichés, dándole una dignidad a su personaje que muy difícilmente podía tener sobre el papel.

Tras ese par de roles protagonistas abandonaría el wrestling, lanzándose de lleno a la actuación. De ese modo, encadenaría, entre 2011 y 2013 varios papeles de secundario en películas como El rey Escorpión 3: Batalla por la redención, El hombre de los puños de hierro y Riddick. Películas que, si bien no destacaron mucho, le abrieron el camino hacia su verdadero canto de cisne en 2014. Llegar a manos de James Gunn.

Guardianes de la galaxia fue una sorpresa afortunada. Cogiendo un grupo de superhéroes virtualmente desconocidos para el grueso de los espectadores, era una prueba de fuego para Marvel: descubrir si ya era capaz de conseguir vender cualquier película de superhéroes única y exclusivamente por la fuerza de su departamento de marketing. Y así fue. Con una excepción. Además, era una buena película. Gunn llevó su estilo gamberro y socarrón a la ciencia-ficción superheroica con un buen equilibrio entre lo emocional y lo nostálgico, con un casting, tanto de personajes como de actores, que invitaban a soñar. Algo en lo que Bautista no fue una excepción.

Si decimos que Drax el Destructor es el papel más importante de Bautista hasta la fecha no suena exagerado. Siendo un brutal guerrero intergaláctico, pero a la vez alguien que ejerce de bis cómica por su incapacidad de comprender la ironía, es un personaje que funciona gracias a la fisicalidad de Bautista. Cada vez que no entiende una broma, que dice con cara completamente seria o un pequeño gesto de suficiencia cómo ha malinterpretado un juego de palabras muy sencillo, se gana al público no por ser el tonto gracioso, sino por algo más difícil. Por conseguir hacer que no parezca tonto, sino entrañable. Un bruto que no es que le falten luces, sino que tiene una relación con el lenguaje diferente al de todos cuanto le rodean.

Esto será algo que se reforzará a partir de Guardianes de la galaxia Vol. 2. Con un Bautista ya completamente cómodo en su personaje, proactivamente humorístico, gana en profundidad al empezar a entender el lenguaje de sus compañeros y empezar a usarlo él mismo, algo que con Bautista se convierte en algo muy entrañable: un soldado letal que, de vez en cuando, se comporta y se ríe como un niño. Una labor actoral no a la mano de muchos. Apareciendo en Spectre, El golpe del siglo y Los conspiradores, llevó su papel de matón a producciones de calidad y presupuesto notablemente mayor. Y en Hotel Artemis y Blade Runner 2049, dos películas que se merecían más reconocimiento del que tuvieron, demostró que, si algún director se atreviera, tiene todo lo necesario para ser un buen protagonista para un thriller estiloso que vaya más allá del ABC del cine de acción norteamericano.

De hecho, eso es algo que ha intentado demostrar cuando ha ejercido de productor. Protagonizando en 2017 Bushwick, de Jonathan Milott y Cary Murnion, y en 2018 La última jugada, de Scott Mann, demostró que, cuando le dan un mínimo margen para desarrollarse, puede defender sin problemas papeles con cierta profundidad en tramas complejas. Incluso si en ambas producciones no se pasa de una patina intelectual para lo que son thrillers mainstream.

Es por eso que Bautista es un actor muy interesante. Mucho más que un deportista reconvertido en actor. Algo que parece querer demostrarnos ahora con Stuber Express, su primera incursión en la comedia pura como protagonista que, además, no va a ser la última. Pendiente de estreno tiene también Juego de espías, de Peter Segal, donde hará de un agente del FBI que tiene que aprender a trabajar con una niña de nueve años. Algo que suponemos que le dará muchos quebraderos de cabeza.

¿Y fuera de su vis cómica? Pues, en 2020, tiene dos oportunidades de oro. Por un lado, regresa a las órdenes de Villeneuve haciendo de Glossu Rabban en su adaptación de Dune, un papel secundario, pero de importancia dramática. A su vez, se estrena a las órdenes de Zack Snyder como protagonista de su nueva película de terror, Army of Dead. Algo que nos demuestra una cosa evidente: lo de Bautista no ha sido un capricho. Hay mucho más que rascar de lo que parece bajo su físico imponente y su gesto en apariencia pétreo. Y quizás, lo que haya debajo, es un buen actor al cual estamos haciendo mal pasándolo por alto.

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