[Crónica Gijón 2014] De familias rotas, relaciones y alegorías místicas

Los ciclos paralelos siguen a un buen nivel y la sección oficial alza el vuelo con Gregg Araki.

Por - 25 de noviembre de 2014

¿De qué se habla en Gijón? De que el buen cine parece asomar la cabeza. Después de un par de jornadas un poco dudidativas a nivel de calidad, sobre todo en lo referente a la sección oficial a concurso, por fin han llegado películas como Party Girl o White Bird in a Blizzard para dejar las cosas claras. Plympton sigue aprovechando sus pases para vender DVDs y merchandising y no lo hace solo: le acompaña su hijo de unos tres años mientras desarrolla sus labores de babysitting. Verlo es toda una experiencia, es un currante nato y es imposible no hablar sobre ello. ¿Qué más? Pues de todo y de nada… en un festival se ven películas y el resto es complemento. Por cierto que se ha superado la prueba: los llenazos de las salas no se debían exclusivamente a la excusa del fin de semana, no. El lunes también se ha hecho pleno. El FICX está bien vivo.

¿Qué has visto? La jornada de hoy ha consistido en picar un poco de cada sitio, sobre todo porque la mañana la hemos dedicado a asistir a la masterclass que daba el mismísimo Terry Gilliam aprovechando su presencia en la ciudad. Una oportunidad única para acercarse a la forma de pensar y trabajar de uno de los autores más imaginativos que ha dado el cine en años. No obstante, también ha habido sesión de películas y dentro de la oficial hemos recuperado White Bird in a Blizzard de Gregg Araki, la adaptación cinematográfica de la novela de Laura Kasischke traducida en castellano como Pájaro blanco de la tormenta de nieve. Sin alejarse del molde del independiente norteamericano actual, Araki construye una película que es capaz de alzar el vuelo en algunos momentos de lirismo puramente orgánico, en una trama que por personajes y situaciones, amén de acercamiento al drama con algún punto de humor, podría recordar a la ya clásica American Beauty de Sam Mendes. Aquí de nuevo tenemos una familia desestructurada, en la cual las dos figuras femeninas principales son el eje de una trama en la que es fácil anticipar ciertos movimientos, pero que tampoco importa porque lo realmente atractivo es la ejecución. Sabemos que Eva Green suele estar siempre bien, pero la sorpresa es la notable interpretación principal de una Shailene Woodley alejada de iconos adolescentes, sintiendo su personaje y viviéndolo al límite. La chica tiene talento de verdad, no es sólo una cara bonita.

La sección de la crítica, Convergencias, presentaba hoy la segunda de sus cinco películas, Appropriate Behavior, otro film independiente nacido en tierra estadounidense y que encontró su bautismo en el mismísimo Sundance. No podría ser no obstante más alejado del film de Araki tanto en intenciones como en el mismo acercamiento, pues en el film protagonizado, dirigido y escrito por Desiree Akhavan se apela a la etiqueta como algo real: está hecha en los márgenes, adquiriendo una fisicidad en la imagen que puede llevar a pensar incluso en el tan de moda mumblecore. De hecho si hubiera que definir este largometraje en pocas palabras cabría apuntar a que parece una película de Lena Dunham, digamos Tiny Furniture, cambiando a su actriz principal y añadiendo conflictos basados en la diversidad sexual. Ni una coma cambiada de sitio, ni una imagen sorprendente; se acerca tanto al modelo instaurado en estos últimos años que en verdad, aunque la película no tiene grandes problemas, tampoco presenta ningún acierto destacable, quedando como ‘una más’ sin una personalidad excesivamente marcada.

Por supuesto, la animación también es muy importante en el Festival de Gijón, y una vez más ha tocado acercarse a dos largometrajes presentados dentro de la sección AnimaFICX y la retrospectiva de Bill Plympton. El primero, Rocks in my Pocket, es el primer largometraje de la cortometrajista Signe Baumane, estrechísima colaboradora del propio Plympton, que ahora debuta con una película laberíntica en la que se habla continuamente para contar una historia de tintes autobiográficos y que pareciera una redacción solicitada por algún psiquiatra a la propia Baumane. La película desnuda su pasado, yéndose tres generaciones atrás para contarlo todo en primera persona y sin pelos en la lengua, logrando algunos momentos verdaderamente intensos. Quizá se ahoga un poco con tanto texto y pueda parecer densa, pero es un pequeño sacrificio que se ve eclipsado por sus múltiples virtudes, comenzando por su sensibilidad, la verdad que desprende lo que se cuenta y la forma de hacerlo, con una animación muy particular. Antes del film se proyectó, por cierto, el inquietante cortometraje de Tomasz Siwinski A Blue Room. Rara vez se ha hablado de la muerte o la pérdida con tanta lucidez en menos de quince minutos. Dicho sea de paso, muy bien animados al óleo.

Plympton presentó su penúltima película, Idiots and Angels, un film que gana con los revisionados y que supuso su primer trabajo con cierta estructura narrativa antes de la llegada de Cheatin’, funcionando su obra previa como una sucesión de sketches o cortometrajes engarzados con un débil nexo. Aquí sin embargo encontramos un film extraordinario, maduro, con un gran guión que apuesta todo a la imagen al carecer de diálogos y dedicarse a mostrar. La historia de un hombre maquiavélico que recibe unas alas de ángel como castico por sus fechorías podría haber resultado insoportable en otras manos, pero Plympton sabe cómo trabajar con el concepto para crear una película verdaderamente magnífica, más cerca del noir que de la comedia salvaje a la que acostumbraba previamente, aunque cómo no también hay algo de eso. Si le sumamos que es un film único, imposible de separar de su autor, daremos con una experiencia que saborear pacientemente. Por cierto que, como toda la obra del autor, la copia proyectada era en 35mm… y teniendo en cuenta su método de trabajo los colores y los trazos a lápiz se ven mejor que nunca de esta forma. Una verdadera experiencia.

¿Qué te has perdido? Life Feels Good, película polaca a competición, ganadora del festival de Montreal el año pasado. No podremos recuperarla al tener el calendario cerrado, pero las primeras opiniones apuntan a un film poco más que correcto, sin grandes excesos ni para bien ni para mal. No parece una gran pérdida para ser honestos.

Gijonmetro: White Bird in a Blizzard pone en el palmarés a dos actrices con tanta fuerza en el film como son Shailene Woodley y Eva Green, y además la película cuenta con un guión muy sólido. Podrían ser buenas opciones en un festival en el que se están echando en falta película “premiables” a concurso. De momento, ésta y Calvary siguen siendo, con diferencia, las dos mejores de lo ya proyectado.

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