Así rueda el guionista de ‘Ocho apellidos vascos’

Visitamos el rodaje de 'Zanahorio', el nuevo cortometraje del nominado al Oscar Borja Cobeaga

Por - 25 de abril de 2017

La zona de Madrid en la que se rueda el nuevo corto de Borja Cobeaga, Zanahorio, está desierta un sábado a las nueve de la mañana. No podía ser de otra forma: al norte de la ciudad, todo zonas residenciales, grandes centros comerciales y explanadas de cemento y oficina, la vida un fin de semana no empieza hasta bastante más entrada la mañana.

Pero el guionista de Ocho apellidos vascos y director de Pagafantas y No controles lleva ya un buen rato convirtiendo una diáfana sala de reuniones en el plató donde se va a rodar su nuevo corto: hacer cine es un proceso cuidadoso y delicado, como la elaboración de un buen ron, y el equipo de Cobeaga lo sabe, así que todo está medido hasta el mínimo detalle. Zanahorio se graba en las oficinas de una conocida empresa de bebidas con alcohol, y por eso todas las salas tienen nombre de cocktail, impreso en grandes cristaleras. Bajo la denominación de cada sala, se puede leer una pormenoraizada lista de ingredientes necesarios para preparar cada combinado. Nos sentamos a observar entre “Cuba libre” y “Bloody Mary”.

Un equipo reducido, de apenas una docena de personas, ponen en marcha una historia perteneciente a la serie Historias que cuentan, producidas por Havana 7, a la que cientos de personas enviaron sus historias reales con la esperanzas de verlas convertidas en una historia de ficción. Concretamente, en tres cortometrajes que dirigen Fran Perea (aún en preproducción), Ángeles González-Sinde (que ha optado por la animación) y Borja Cobeaga, que tras una preparación dubitativa ha acabado llevando la historia a su terreno.

Me generaba curiosidad el punto de partida: que la gente contara historias reales de su vida, y luego convertirlas en un producto de ficción”, nos cuenta el director. “La base de la historia es la de la anécdota real: el protagonista está trabajando en el departamento de recursos humanos de una empresa y le toca entrevistar a alguien que le hizo bullying cuando eran niños. Lo que más me llamó la atención es que ya en la anécdota original, intenta tomarse una revancha y le sale el tiro por la culata”.

El resultado es una peripecia vital que está a medio camino entre el “podía haberle pasado a cualquiera” y la comedia netamente Cobeaga, en la que se suman mala suerte, comportamientos vergonzantes y habilidades sociales nulas para generar unos cuantos momentos incómodos marca de la casa.Al principio iba a escribir algo completamente serio, casi con tono de thriller tenso, pero empezaron a salir chistes, y se convirtió en una comedia negra, no he podido evitarlo”, asegura Cobeaga. “No es una comedia evidente, de carcajadas, pero el ridículo que hace el protagonista es bastante considerable”.

Jorge Suquet, Borja Cobeaga y Daniel Pérez Prada @Javier K

En el despacho, los técnicos continúan cambiando de sitio focos y el atrezzo. Todo el día de rodaje se va a desarrollar, casi en su integridad y salvo unos pocos planos fuera del despacho, dentro de la sala. “Es un espacio reducido, una sala y con mucho diálogo entre los actores”, nos cuenta Cobeaga, que quería mantenerlo todo a escala mínima: “Muchas de las historias reales que leí abarcaban una vida entera, pero yo buscaba más bien conceptos rápidos, con principio y fin, que encajaran en un corto”.

Un tema complicado

Una de las escenas que presenciamos en el rodaje abunda en una de las indiscutibles especialidades de Cobeaga a la hora de hacer humor: el silencio incómodo, la mirada nerviosa y la situación perturbadora. El protagonista, interpretado por Dani Pérez Prada, se encuentra en una entrevista de trabajo con su antiguo abusador y le echa en cara los momentos de suplicio durante la infancia, mientras que este, Jorge Suquet no es capaz de recordarlo. “No queríamos cargar las tintas en lo trágico, la intención ha sido en todo momento la de hacer comedia”, nos dice Dani Pérez Prada que, con su rotundo físico, resaltado por el traje de chaqueta de exactamente el mismo color que la moqueta de la oficina, sabe bien de qué habla: “A mí como pelirrojo, algún ‘zanahorio’ sí que me ha caído. Nunca sufrí bullying, pero algún insulto cayó, claro que sí”.

La relación de Jorge Suquet con el complicado tema es algo más íntima: “Desde que me llegó este guión he pensado mucho en aquellos años, tanto cuando yo recibía como cuando era yo el que tenía una posición de poder, que supongo que es algo que a todos nos ha pasado…”. En un descanso del rodaje de esta misma escena, desbordando la misma confianza que su propio personaje, reconoce que “es curioso cómo a veces se te quedan marcadas unas cosas, otras veces otras, y hay cosas que llevas en la mochila, la vida de unos sigue, la de otros también, pero cada uno lleva sus posos y sus heriditas”.

Borja Cobeaga deja bien claro que el tema del bullying es simplemente un trasfondo en la vida de los personajes, y la prueba es que “cuando hablé con el autor de la historia, al que vivió la anécdota real, ni siquiera llegué a preguntarle por qué le hacían bullying. Cuando me dijo que era pelirrojo tuve la idea de que podía haber sido esa a causa”. De hecho, Zanahorio no disimula cierta simpatía perversa por el personaje del involuntario villano: “No quería que el que le hizo bullying fuera un malote, un matón, sino que fuera más bien un pijo, el guay de clase”. Jorge Suquet coincide por completo: “¡Yo creo que es buen tío! Al menos ahora lo es…”.

Viejos conocidos

En los descansos entre tomas, Borja Cobeaga consigue mantener la moral del equipo alta gracias a su constante buen humor, pero hay un componente más de camaradería: Dani Pérez Prada y Jorge Suquet ya se conocían con anterioridad: “Habíamos trabajado en algo completamente distinto, un Macbeth se Shakespeare”, nos cuenta Suquet. “Jorge es el tío que mejores nudos de corbata hace de la historia”, afirma Pérez- Prada, corroborando la buena sintonía existente entre ambos.

En un género tan complicado como la comedia, ambos dejan que Borja Cobeaga, el auténtico experto en el plató, lleve la voz cantante. Dani Pérez Prada ya había hecho incursiones en el género en películas como Todos tus secretos o Cómo sobrevivir a una despedida y Jorge Suquet “en un título también extraño, Esa sensación, de Juan Cavestany, aunque allí tiraba más al absurdo”. Pérez Prada reconoce que “parece que siempre decimos esto, que los actores siempre estamos dorando la píldora al director, pero en este caso es cierto: Borja Cobeaga tiene el sentido de humor que me gusta, y me siento afortunado de haber podido colaborar con él en un corto como este”.

El rodaje se prolonga a lo largo de todo el día: antes de la esperada pausa para comer se ha rodado buena parte del material necesario, dada la abundancia de largas conversaciones en el guión que se ruedan del tirón y a que casi toda la acción transcurra dentro de una única sala. Dani Pérez-Prada no ha perdido en todo momento cierto gesto circunspecto, adecuado para su personaje: como alguna vez ha dicho Cobeaga, la comedia narra situaciones divertidas, pero no necesariamente para quienes las protagonizan.Esta es la historia de una vendetta, pero que no acaba de fructificar”, reflexiona Pérez Prada. “Es que yo creo que hay gente que nunca se termina de librar del todo del pasado”. Y esa es la esencia de Historias que cuentan: experiencias imposibles de olvidar.

La Incubadora de la ECAM vuelve a abrir sus puertas al futuro del cine español

La Incubadora de THE SCREEN, iniciativa impulsada por la ECAM para fomentar la creación de nuevos proyectos de largometrajes, ha presentado su segunda edición.

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? Es el póster de ‘Superlópez’

El cartel de la adaptación al cine de 'Superlópez' se presenta en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona

Mecano y el cine: chocolate y palomitas de maíz

¿Qué tienen en común Hans Zimmer, Penélope Cruz y Santiago Segura? Respuesta: el grupo pop más popular de la España de los 80

Ángeles González-Sinde: “El cine es como un ejército”

Hablamos con la cineasta, escritora y ex Ministra de Cultura sobre lo jerárquico del oficio, sus maestros Borau, Azcona y Ricardo Franco y qué implica ser directora y mujer