‘Arriba Hazaña’: la película de culto que debes ver el 14 de abril

Estrenada en 1978 y conservada en la memoria por muchos espectadores, esta película mezcla el terror, la comedia adolescente y la alegoría sobre la historia reciente de España.

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14 de abril de 2020

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  • Poner en relación el cine español con la política es meterse en un avispero: eso lo sabemos de sobra. Y no hablemos ya si, en el proceso, abordamos la evolución histórica de nuestro país desde 1931 hasta la actualidad (o hasta 1977, que viene a ser lo mismo). Entonces, a los habituales gritos de “pancarteros” y “subvencionados” añadimos como guinda del pastel la queja de siempre: “¡es que todas las pelis españolas van de la Guerra Civil!”.

    Dejando de lado lo inexacto de esta última afirmación, señalemos que hay una película que sortea todos estos escollos con elegancia y, además, se presta de perlas a una revisión cada 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República. Su título es ¡Arriba Hazaña!, la dirigió José María Gutiérrez Santos y se estrenó en 1978, cuando el cotarro nacional estaba muy calentito.

    Con un buen número de nombres valiosos en su reparto (Fernando Fernán Gómez, Luis Ciges, un Enrique San Francisco muy larvario y José Sacristán en algo así como un cameo), ¡Arriba Hazaña! es un ejemplo de ese cine español libérrimo que surgió entre la muerte de Franco en 1975 y la llegada al poder del PSOE en 1982. Y sus créditos son buena prueba de ello. El director, Gutiérrez Santos, tuvo una filmografía breve y tirando a alimenticia, pero su currículum da vértigo (fue ayudante de dirección para Luis García Berlanga Orson Welles, entre otros) y era, en general, un hombre ‘con oficio’, capaz de contar una historia bien y sin florituras.

    Por otra parte, la película adapta una novela (El infierno y la brisa) de José María Vaz de Soto, otro nombre incógnito pero con trastienda. Sin ir más lejos, él escribió el guion de Intercambio de parejas frente al mar (1978) para Gonzalo García Pelayo, uno de los cineastas más majaras de nuestra cinematografía. En cuanto al otro guionista, José Sámano, nos lo encontramos como productor en películas tan dispares como Operación Ogro (la de Gillo Pontecorvo sobre el asesinato de Carrero Blanco) Magical Girl.

    Acabados los prolegómenos, ¿de qué va ¡Arriba Hazaña!? Pues si decimos que el “Hazaña” del título es Manuel Azaña, el que fuera presidente de la República, podemos hacernos una idea… que no se corresponderá con la realidad. La película es un relato en clave sobre el fin de la República y el advenimiento del franquismo contado de forma alegórica, en el contexto de un internado de curas y en una época que (por las vestimentas y otros pocos detalles más) podría ser la década de 1960.

    Pero, como esto no es un trabajo de Gutiérrez Aragón o de Víctor Erice, la alegoría en cuestión se descifra con mucha facilidad a poco que uno prestara atención durante las clases de Bachillerato. De hecho, podemos decir que esta película combina géneros tan a priori incompatibles como el terror gótico, la comedia adolescente y el cine pocho español de toda la vida (habría que inventar un término para esto último, la verdad).

    En el colegio donde transcurre ¡Arriba Hazaña!, todo funciona como una balsa de aceite, o eso parece. Los alumnos cantan himnos de letra decimonónica mientras el profesorado (todo él con sotana) les inocula un pensamiento que ahora llamaríamos “nacionalcatólico”. Sin embargo, la combinación entre el gamberrismo ingenuo de algunos pupilos y la brutalidad del sacerdote interpretado por Fernán Gómez (un repartidor de bofetones que, según nos informan los diálogos, sirvió en la Legión antes de tomar los votos) termina desencadenando un caos de resultados imprevisibles.

    Así pues, establecer paralelismos entre los hechos históricos y los personajes y peripecias de la película resulta bastante ocioso: tanto da si el período de desgobierno provocado por la rebelión de los chavales equivale a la II República, o si la represión posterior es un reflejo de ya sabemos qué. Lo que se queda en la memoria es que los alumnos están tan desinformados del pasado reciente de España que adoptan ese “¡Arriba Hazaña!” como lema porque apenas saben quién era el susodicho, aparte de que la mención de su nombre pone a los curas hechos una furia. Y la muerte (truculenta) del canario que sirve de mascota al personaje de Fernán Gómez deja claro que los alumnos no son ningunos santos: quienes hayan leído El joven Törless, o visto su adaptación al cine a cargo de Volker Schlöndorff, sabrán identificar la raza a la que pertenecen estas pequeñas bestias.

    La reacción de los críticos ante ¡Arriba Hazaña! fue positiva en su momento: en El País, sin ir más lejos, Jesús Fernández Santos la ponía como ejemplo de “El buen cine español” en un artículo bastante elogioso. La cinta hizo buena taquilla, y sus exhibiciones en TV le han dotado de una cierta aura de culto. Un destino mucho más generoso que el deparado a otras películas similares como F. E. N. (Antonio Hernández, 1980), cinta que tiene bastante en común con el cine de Michael Haneke y que contó con José Luis López Vázquez en el rol de cura pederasta.

    Ahora bien: puestos a sacarle el jugo a ¡Arriba Hazaña!, cabe fijarse en su final. Porque [SPOILERS] tras el sindiós y la violencia, las aguas se calman cuando el equipo directivo del colegio es sustituido y el nuevo director (José Sacristán, en el cameo del que hablábamos antes) anuncia tímidas reformas… cuyo único efecto es dejarlo todo tal y como estaba antes. Así pues, importa poco saber si este personaje es un trasunto de Juan Carlos I, de Adolfo Suárez o de ambos. Solo importa tener claro que las lecturas críticas de la Transición ya existían incluso cuando aquella se estaba llevando a cabo. Y también cabe preguntarse hasta qué momento la historia de España dejará de consistir en una lista de oportunidades perdidas.