Aprende a ser periodista de guerra con estas películas

Con ‘La Corresponsal’ sentimos el impacto de la metralla y el inquebrantable pulso de la cronista de guerra Marie Colvin, ¿qué nos ha enseñado el cine sobre este oficio?

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02 de junio de 2019

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  • “Los periodistas que cubren combates cargan con una gran responsabilidad, y afrontan decisiones difíciles. A veces pagan el más alto precio”

    El día antes de morir en Homs la cadena británica BBC emitió una conversación con Colvin donde la periodista hablaba sobre los horrores de la guerra: “Hoy vi morir a un bebé”. Esto, claro, pasaba todos los días, y la cronista de parche en el ojo (una de las personalidades más carismáticas de todos los profesionales que ejercían su mismo oficio) estaba ya bastante harta de ese infierno. De ese y de todos los que había pisado con anterioridad: Siria, Libia, Irak o Sri Lanka, donde perdió su ojo.

    Pero Colvin tenía claro al menos algo, a ella le importaba lo que ocurría en zonas de conflicto y trabajaba para que también le importara a los demás.

    La Corresponsal es una película que recorre algunos de los trabajos más importantes de Marie Colvin y está basada un artículo que Marie Brenner escribió en Vanity Fair sobre la reportera de guerra.

    El hasta ahora director de documentales Matthew Heineman, es el que está al mando de esta película enérgica e inmersiva donde experimentamos los horrores que vivió Colvin, su forma de encajarlos y también esa guerra privada (precioso título original) que la persiguió durante años. Durante una hora y media se construye con agilidad (teniendo en cuenta el peso) a este personaje que aún perdura en la cabeza de los que la leyeron. Secuencias como el desentierro de cadáveres en Irak o  las batallas libradas contra el estrés postraumático, el alcoholismo y la frivolidad dentro del reconocimiento de sus compañeros son la antesala de una última media hora brutal. Brutal en el sentido argumental, en el ritmo, en el sprint de esta crónica de final anunciado.

    Y Rosamund Pike, que desde la voz al temblor de sus manos encendiéndose un cigarro, está soberbia. Si sobreactúa a ratos da igual porque el espectador supone que a Colvin no le quedaba más remedio que sobreactuar cuando la cacheaba el ejército en mitad del conflicto, cuando las balas la pasaban cerca, cuando se le caían trozos de techo o cuando se moría un bebé frente a sus ojos.

    La Corresponsal no pretende ser una película didáctica pero es evidente que a ratos funciona como un manual de periodismo de guerra para novatos. Siguiendo esta idea hemos preparado este informe donde a través de cinco películas que se encuentran dentro de este subgénero podemos aprender cosas muy valiosas sobre este difícil oficio.  

    ‘EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE’ nos enseñó a EVITAR EL MELODRAMA

    El año que vivimos peligrosamente es una película de Peter Weir (hay que empezar a reivindicar ya a este director como uno de los mejores de la historia del cine) sobre un reportero australiano llamado Guy Hamilton al que le dan la oportunidad de su carrera, ser enviado especial en Indonesia cuando la insurrección comunista se levanta contra el presidnete Sukarno. La película narra con mucha crudeza el conflicto y la violencia desatada por ambos bandos y con demasiados muertes entre los civiles…

    Pero todo ocurre alrededor de una historia de amor, la que viven los personajes de Mel Gibson y Sigourney Weaver. Y donde el fotógrafo Billy Kwan (¡cómo está Linda Hunt!) tiene un papel crucial.

    En uno de los mejores momentos de la película Billy reúne a los dos y hablan de uno de los artículos de Guy: “Casi me hizo llorar”. Dice. Y la réplica hacia un Guy dolido es la de Jill (el personaje de Weaver): “¿Qué se necesita para hacerte llorar a ti?”

    Un ritual de cortejo rodado de forma magistral en el que se encierra una de las reglas básicas del periodismo de guerra. Nunca, jamás, una crónica debe ser melodramática… Por eso a Guy le duele el comentario de Billy sobre que casi le hizo llorar su artículo. Un buen cronista debe mantenerse en los márgenes de la realidad, la información, el impacto, sí, pero nunca el melodrama porque eso alejará a los lectores de la noticia ya de por sí intangible debido a la lejanía.

    ‘LOS GRITOS DEL SILENCIO’ nos enseñó la importancia de LOS NATIVOS

    El año que vivimos peligrosamente y Los gritos del silencio podrían ser una maravillosa doble sesión sobre los conflictos en el sudeste asiático.

    La cinta dirigida por Roland Joffé adapta los hechos relatados en un reportaje publicado en el New York Times Magazine donde Sydney Schanberg, corresponsal estadounidense, cuenta en primera persona lo que vivió cuando fue enviado a Camboya en 1972. Syd conoció allí a Dith Pran, un nativo que le sirve de intérprete. Cuando tres años después el gobierno Camboyano cae y los EE.UU. se van, Pran se queda con Sydney a pesar de que su familia emigra a Norteamérica. Viven como refugiados en la embajada francesa durante un tiempo cubriendo el desastre tras el horror de la guerra y finalmente cuando deciden abandonar el país, el ejército revolucionario prohíbe salir a Pran llevándole a un campo de concentración.

    Esta devastadora y poderosa película está llena de imágenes paradójicas, como al de un campo de refugiados muriéndose de hambre rodeados de cajas de cocacola sin abrir. También hay diálogos desgarradores como la frase del embajador al protagonista: “Quedarse o seguir con vida”.

    Pero sin duda, la gran lección llega a través del personaje de Pran. Un corresponsal siempre debe tratar bien a los nativos, siempre debe dejarse ayudar, contar con ellos, seguir sus consejos, vivir a través de ellos y no dejar de aprender.

    ‘SALVADOR’ nos enseñó la importancia de SER IMPARCIAL CON EL HORROR

    Salvador es una de las grandes películas de Oliver Stone, que además tuvo muchísimos problemas en el rodaje teniendo él que destinar su sueldo a la producción para rodar varias escenas.

    Con Salvador vamos a la Centroamérica convulsa de los años ochenta donde un tipo en horas bajas llamado Richard Boyle (que también escribe el guión) decide buscar el éxito en una tierra de conflicto. A priori este periodista no tiene ninguna vocación como cronista de guerra lo que hace de esta película muy interesante, dejando que el espectador experimente el horror al mismo tiempo que el protagonista. Interpretado, por cierto, maravillosamente por James Wood. Oliver Stone quería a Brando para este papel… Menos mal.

    La historia cuenta, básicamente, como Boyle descubre aspectos crueles de la realidad de estos lugares, que como el resto ignoraba completamente, y decide tomar partido.

    Lo que Oliver Stone nos enseña sobre el oficio de cronista bélico es que se debe ser imparcial con el horror. Aunque el filme simpatiza con los agricultores revolucionarios de izquierda no deja de enseñar en una escena como estos asesinan a sangre fría a sus prisioneros. Por supuesto, el gran esfuerzo de Stone es criticar con ferocidad el intervencionismo estadounidense que apoyaron  a los militares de derecha. Al final, claro, da igual de qué lado estés.

    ‘TAMBIÉN SOMOS SERES HUMANOS’ nos enseñó que NO HAY HEROICIDAD en la muerte

    Cualquier obra maestra del cine bélico, excepto contados ejemplos como El viento que agita la cebada o La delgada línea roja, construye cierta heroicidad en las muertes de los soldados.

    También somos seres humanos es una película de 1945 que se adelantó a los títulos de Ken Loach o Terrence Malick. Está basada en los artículos de un corresponsal de guerra que siguió a un grupo de infantería en la Segunda Guerra Mundial. Se estrenó tres meses después de la rendición de Alemania y es una película descarnada y valiente que evita en todo momento mostrar la muerte dejándola con elegancia fuera de cámara. Una película antibelicista un par de varios años antes de que el patriotismo impregnara la cultura americana.  

    Esta forma de retratar el conflicto es la que merecen los implicados. Morir no es ninguna heroícidad, no al menos en el espectáculo pirotécnico que nos han querido vender en cine y televisión. De aquí que el personaje interpretado por Burgess Meredith predique con el ejemplo en sus crónicas y que esto haya sido retratado por William A. Wellman con pulso y con la ayuda de la que posiblemente sea la mejor mirada (y más honesta) de un actor en la historia del cine. Por supuesto hablamos de la mirada de Robert Mitchum.

    ‘BAJO EL FUEGO’ nos enseñó el conflicto más importante: ¿MIRAR O ACTUAR?

    Son los años 80 y todo el continente se ve envuelto en conflictos bañados en sangre debido a los cruentos combates entre dictadores militares y guerrillas campesinas. En Nicaragua está guerra sandinista está a punto de derrocar al dictador Somoza y el periodista Russell Price interpretado por Nick Nolte, junto a la periodista de radio interpretada por Joanna Cassidy y el compañero al que le pone rostro Gene Hackman están involucrados en la revolución.

    Pero Bajo el Fuego es realmente la escena de un hombre arrodillado en Managua que levanta las manos rodeado de soldados que le indiquen que se tumbe en el suelo. El hombre lo hace y recibe una patada en el estómago de uno de los militares, 15 segundos después el soldado carga su fusil y le pega un tiro en la cabeza.

    Bajo el Fuego podría tener otros personajes distintos, podrían ser otros actores y no ser Nicaragua, podría ser Vietnam o podría ser Homs y el niño que Colvin vio morir un día antes de ser asesinada.

    La gran lección de esta película es poner encima de la mesa el debate ético sobre mirar o actuar cuando se está en medio de un conflicto. Sobre qué debe hacer un periodista si su información puede cambiar el curso de la contienda. Sobre si está por encima la ética personal o la profesional.