¿Es Àlex Brendemühl el actor español más internacional?

Habla castellano, catalán, inglés, francés y alemán. Ahora estrena ‘El sueño de Gabrielle’, en la que comparte cartel con Marion Cotillard

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08 de junio de 2017

Su nombre es buen anticipo. El acento al revés y el apellido alemán: Brendemühl. También el perfecto francés que habla en El sueño de Gabrielle. En la última película de Nicole Garcia (El adversario, Un beau dimanche…), el políglota actor interpreta a José, un republicano refugiado en Francia que acepta casarse con la trastornada hija de sus empleadores (Marion Cotillard) para escapar de la miseria de la guerra y el exilio. “La película de Nicole Garcia surgió porque el director de casting me conocía de una película anterior y me propuso. A la directora le gustó y Marion también quería que lo hiciera yo. Luego le entraron las dudas a la directora y siguió buscando actores españoles. Para volver finalmente a mí y proponerme el papel”, recuerda el actor que actualmente se encuentra rodando Petra, la nueva película de Jaime Rosales.

Todos conocemos a Àlex Brendemühl (Barcelona, 1972) por sus interpretaciones en Las horas del día, Yo o 7 años, pero poco sabemos de sus trabajos en el extranjero. De madre española y padre alemán, el actor habla además del francés, alemán y catalán, castellano e inglés. “Mi madre me hablaba en castellano, mi padre en alemán y he crecido con el catalán también. Cuando estoy mucho en Francia, acabo soñando en francés, o en inglés, cuando escucho mucho inglés”, explica sobre un pupurrí lingüístico que no sólo le viene de casa. “El francés lo aprendí en el colegio y mi madre era profesora de inglés, con cuatro años me apuntó a una academia”.

Brendemühl lleva más de 15 años actuando en el extranjero y en otros idiomas, desde que en 2002 empezase a recibir papeles en telefilmes franceses. Pero fue su interpretación de un alemán en Yo (2002), ópera prima de Rafa Cortés, la que le brindó su primer personaje importante en una película alemana, Die Liebe der Kinder. “Le conocí trabajando como segundo ayudante de dirección de Un banco en el parque. Cuando la peli se estrenó en Donosti le hable por primera vez de Yo, historia que tenía en la cabeza desde hacía tiempo –recuerda Cortés de su primera película cuyo crédito de guionista comparte con Brendemühl–. Nos entendemos muy bien, compartimos los inicios de nuestras carreras, cuando todavía no sabíamos ni qué tipo de actor era él ni qué tipo de director sería yo”.

Die Liebe der Kinder era la historia de una pareja que se conocía por internet y, poco después, iniciaba una convivencia a la vez que sus hijos adolescentes se enamoraban. “Había elegido ya a la actriz protagonista, Marie Lou Sellem –recuerda su director Franz Müller, con el que el actor prepara un nuevo proyecto que se rodará el invierno que viene–. Buscaba a un hombre que para ella fuese desconocido por lo que intenté huir de los actores alemanes de su generación. Empecé a preguntar por alguien extranjero y me hablaron de un tipo que vivía en Barcelona y hablaba alemán”. Ese tipo era Àlex Brendemühl, que con su interpretación en Yo se metió en el bolsillo a Müller. “En esa película hacía un papel completamente distinto al que había escrito en mi película, pero me gustó mucho descubrir que era un actor que interpretaba con su cuerpo”.

“Die Liebe der Kinder fue una pequeña película alemana que me reportó muchas respuestas positivas y muchas propuestas de trabajo en ese país”, explica Brendemühl, para el que el conocimiento de idiomas permite la posibilidad de aprender de maneras de pensar y sentir diferentes. “Yo estaba rodando en ese momento un telefilme en París y el director vino a verme allí. Charlamos durante horas de la película, y así empezó mi trayectoria en el cine alemán”. Trayectoria que incluye películas alemanas como Eltern (Robert Thalheim, 2013) o Wann endlich küsst Du mich? (Julia Ziesche, 2016), pero también francesas Parisiennes (Slony Sow, 2015), Django (Etienne Comar, 2017)–, el corto islandés Babybird, Unborn (Katrín Ólafsdóttir, 2011), el largometraje búlgaro Twice Upon a Time in the West (Boris Despodov, 2015) o la coproducción hispano-francesa Santuario (Olivier Masset-Depasse, 2015) en la que Brendemühl se atreve hasta con el euskera.

Para el actor la diferencia entre trabajar dentro o fuera de España no está tanto en los idiomas como en el enfoque de los personajes y del director. “Los hay que quieren ensayar mucho, hablar de la psicología del personaje, de la forma de vestir, hablar, caminar…y hay otros que no quieren anticipar nada y prefieren que surja en el rodaje. Esa es más bien la diferencia de cada proyecto”, explica. “Luego está el hecho de que a mí me demande un trabajo más exhaustivo a nivel lingüístico en función del idioma del filme”. Un trabajo que muchas veces va acompañado de la asistencia de un coach. Como en Santuario, la TV movie francesa sobre ETA rodada en francés, español y euskera. “El euskera lo tuve que aprender escuchando la grabación de una coach mil veces para impregnarme del tono y la pronunciación. Al final logré que los actores vascos me dieran el visto bueno, me dijeran que sonaba a euskera. Me llenó de satisfacción como nunca, porque fue una misión difícil y elaborada”. Pero que, en el caso de sus idiomas aprendidos, funciona de otra manera.

“Àlex tiene una mente poliédrica. Cuando interpreta a un personaje en otra lengua no traduce. Cuando habla esos idiomas, no recita ni finge acentos, piensa en los idiomas en los que habla”, explica Rafa Cortés sobre un intérprete que, en sus propias palabras, “actúa desde un prisma mental, a diferencia de otro tipo de actores que trabajan con el sentimiento”. “Cuando tú miras a Álex puede que no tengas claro qué siente, pero puedes estar seguro de que está pensando algo –añade el director–. Ese es el gran pilar de su interpretación. Es alucinante la capacidad de evocar que tiene con la mirada, lo que hace que sus personajes suelan estar marcados por cierta inteligencia, cierto conflicto interior y que suelan saber algo que el resto de los personajes o el público desconocen”. Algo que, sin ir más lejos ocurre en El sueño de Gabrielle, en la que su personaje es mucho menos secundario de lo que parece a primera vista. Pero también en El cónsul de Sodoma, En la ciudad, Insensibles, Stella cadente, 7 años o El médico alemán, en la que interpreta al nazi Mengele en su escondite de La Patagonia.  

“No creo que existiera otro actor que reuniera todo lo que Àlex tenía a favor para interpretar el personaje: habla alemán a la perfección y español; es escalofriantemente parecido a Mengele y compartió la idea de huirle al estereotipo… a los verdaderos psicópatas unos no los ve venir”, explica Lucía Puenzo desde Argentina sobre un actor al que define como inteligente, sensible, trabajador y sumamente generoso. “Hay una anécdota del rodaje que refleja esto muy bien –recuerda–. Cuando llegó la hora de filmar las escenas de la niña más dramáticamente comprometidas, a Flor [Bado, la protagonista de 11 años] le costaban ciertos registros. Alex, en espejo, le iba diciendo sus líneas con la intención de actuación exacta que buscábamos. Flor era una esponja a la hora de imitar lo que veía. Por lo que actuaba en espejo, imitando a Alex. Una vez que teníamos las tomas de la niña, Alex pedía unos minutos, y salía transformado en Mengele. Lo que te cuento es algo atípico, muy pocos actores tendrían un gesto tan generoso y de tanto derroche de energía, y es un recuerdo que para mí resume el tipo de actor que es Àlex”.

¿Es distinto trabajar en un rodaje alemán que en uno francés o español? Según el intérprete, “la tribu del cine acaba siendo muy parecida en todas partes. Somos nómadas que no acoplamos a dónde te toca estar en cada momento y te acabas mimetizando con el lugar. Me ha pasado en la Patagonia como en la selva amazónica, como en Islandia. Se diferencian pequeños detalles organizativos, de producción, maneras de hacer. En Alemania hay un enfoque más conceptual a la historia y los personajes, mientras que aquí somos más intuitivos. Ambas maneras de trabajar me estimulan, intento extraer lo mejor de cada una”.

Eso sí. Cada vez es mayor la brecha que separa las cinematografías española y extranjeras en cuestión de calidad. “En Alemania enseguida me han propuesto papeles interesantes en guiones estimulantes. Aquí, a veces tengo la impresión de que cada vez estás empezando de nuevo, no parece sumar la trayectoria ni la experiencia. Priman otros parámetros como los followers o la popularidad antes que la calidad del trabajo. Y esto va a más, es un problema cultural”, cuenta Brendemühl, para el que el hecho de ser políglota supone “la capacidad de poder reproducir con emoción algo que ha escrito alguien en una lengua que nunca será la tuya. Y saber reconocer dónde conectas con la emoción de ese personaje, con su alma”. Es decir, que aunque en España sigamos por este dudoso camino, siempre nos quedarán otros idiomas en los que admirar a Brendemühl.

El sueño de Gabrielle se estrena el 9 de junio.

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