Albert Serra: De Cannes a la ECAM

El más internacional de los realizadores catalanes acaba de presentar en Cannes 'Liberté'. De ahí volará a Madrid, para impartir un seminario en la ECAM, del 27 al 30 de mayo.

Por - 22 de mayo de 2019

Liberté es una película hecha para no dejar indiferente a nadie. La idea es muy básica: a finales del Siglo XVIII, circa 1774, cuando el puritano Luis XVI echa a los libertinos de su corte, unos cuantos se reúnen en un bosque para, a lo largo de una sola noche, librarse a toda clase de perversiones. Todavía más resumido: un área de cruising para aristócratas libertinos. Sorprende sin embargo que apenas se den penetraciones, y que los protagonistas de la orgía no parezcan alcanzar nunca la plena satisfacción de sus fantasías. Para Serra, “es una película sobre la noche, y las pulsiones arbitrarias del deseo”. Pero también habla de “la dificultad de la fricción. De ese malestar contemporáneo, que contrasta con la armonía de los cuerpos en los años 60 y 70. Hoy hay como una reticencia al contacto, porque siempre acaba resultando decepcionante”. Aprovechamos la presencia del realizador catalán en La Croisette, para profundizar un poco más en el filme a partir de los cuatro grandes temas que vertebrarán el seminario de la ECAM, que tendrá lugar del 27 al 30 de mayo, en cuatro jornadas de unas tres horas. Serra confiesa que “si puedo inspirar a alguien para que haga una película interesante, me daría por satisfecho. Es evidente que lo hago primordialmente por dinero, pero también me gusta contribuir al bien común. De tener hijos, me gustaría que pudieran ver cine de autor de calidad, y no sólo cosas casposas que se hacen en España”.

EL GUION

En el origen de Liberté, está la obra teatral homónima que el propio Albert Serra creó y dirigió para el Volksbühne de Berlín, además de la instalación Personalien en el Reina Sofía de Madrid, que avanzaba parte del metraje del filme. Para sus películas, Serra no necesita guion: “Me sé la obra teatral de memoria, de modo que sólo consulté un poco más de bibliografía, como por ejemplo un diccionario libertino, y me hice un guion mental, porque la idea es plantear una performance, para la que nada se ensaya, huyendo de la representación, y buscando un momento único, orgánico, que se filma y adiós”.

EL RODAJE

La película se rodó un bosquecillo portugués, que acaba pareciendo una desangelada área de autopista, el último plano es impresionante: “Casi te imaginas botellas de plástico abandonadas por ahí”, comenta divertido el realizador. Pero si la película es un triunfo rotundo es, paradójicamente o no, por su luz. Una película completamente nocturna, rodada en exteriores, puede ser un fracaso si no se ilumina correctamente. La sabia combinación de luz artificial (mediante un night balloon) y la luz de la Luna es lo que convierte la película en una experiencia tan hipnótica como inmersiva: “Rodamos durante 19 noches, 16 en realidad, porque tres las invertimos en hacer pruebas de luz. La luz fue una causa de tensión durante todo el rodaje. Nos interesaba crear ese mundo artificial, un poco a lo Nosferatu, de Herzog, aunque más como una textura grisácea que se va saturando cada vez más”.

Y luego, claro, está la cuestión de inducir a una pequeña troupe de actores no profesionales a que se libren a todo ese catálogo de actos impuros que desfilan por la pantalla. “No pensé en actores porno, porque eso ya es una representación, y me aburre. Había que crear un buen ambiente para que se sintieran cómodos, aunque tampoco es evidente. Que a una chica se le ponga un tipo a chuparle el culo, tampoco es algo que se haga así como así. Al mismo tiempo, me gusta mantener cierta tensión, como en todos mis rodajes. Y no suelo dar muchas indicaciones, tampoco aquí. Sólo a uno de los actores, que es amigo mío y nunca había actuado, le preguntaba, por ejemplo, con quien le gustaría interactuar. Aunque eso no significaba que le hiciera caso, por aquello de la tensión. Otro truco era filmar la misma escena con diferentes actores, para crear una suerte de competitividad entre ellos, y que quisieran ir más lejos”.

EL MONTAJE

“Con los años”, continúa Serra, “he ido encontrando mi método de trabajo. Ruedo siempre con tres cámaras autónomas. Les he enseñado a rodar sin mirar tanto por el visor, y mirar más por encima de la cámara para documentar lo que está pasando. No me interesa filmar planos que sólo sean plásticamente interesantes. Nos comunicamos mediante signos para no rodar todos lo mismo. De todo esto proceso salieron 300 horas de rushes, y 100 horas de sonido. Montar todo esto fue un largo proceso realizado a seis manos entre Ariadna Ribas, Artur Tort, que también es el director de fotografía, y yo mismo. Ya lo explicaré todo más detalle en la ECAM”.

FESTIVALES Y PROMOCIÓN

Primero fueron Honor de cavallería y El cant dels ocells, en la Quincena de Realizadores. Luego presentó La muerte de Luis XIV, coincidiendo con la Palma de Honor concedida a Jean-Pierre Léaud, y finalmente ha regresado a La Croisette para competir en Un Certain Regard con Liberté. Cannes ha acogido todas sus películas salvo Història de la meva mort, que se llevó el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno: “Hoy en día circula muy bien la información. No tienes que pasar filtros como antes. Si tienes una buena película es imposible que no acabe estrenándose en un festival de primera categoría. Conozco a todos los programadores, y todos saben qué tipo de cine algo. Saben que si les envío una película verán algún tipo de desafío, y que nunca haré una cosa totalmente convencional”. En Cannes, sin embargo, en cuanto a cine español, este año sólo están Almodóvar, Serra y Oliver Laxe, los sospechosos habituales de todos los años. ¿Por qué? “Quizás es que se les ha estropeado Internet… A ver si se conectan, porque van un poco perdidos. En España sólo se hacen cosas muy casposas. No hay ningún respeto por el cine de autor de calidad. Y RTVE, que es como un ente aparte, juega un papel nefasto. Todavía en 2006 compraron Honor de cavallería, y desde entonces nada. Formo parte de una asociación de productores en Catalunya, y a veces miramos lo que han comprado. El 80% de los títulos no te sonarían de nada. Todo películas absolutamente insignificantes. Un pequeño cambio en ese sentido, aunque fuese pequeñísimo, haría tanto bien.”

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