5 ideas que habrían mejorado la gala de los Oscar

¿Te supo a poco la gala de este año? Nosotros pensamos lo mismo. Y por eso hemos elaborado esta lista de consejos para la Academia: esperemos que nos hagan caso... Por YAGO GARCÍA

04 de marzo de 2014

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  • Lectores, abandonemos por un momento las disquisiciones sobre si Gravity se mereció el premio a la Mejor Película, sobre si la victoria de Matthew McConaughey sobre Leonardo DiCaprio en Mejor Actor ha sido un robo de cartera o sobre qué demonios hacía Will Smith presentando el momento álgido de la ceremonia. Es el momento de reconocer (por si nuestra crónica minuto a minuto no lo dejó lo bastante claro) que la gala de los Oscar 2014 no fue nada del otro mundo. Es más: la fiesta más esperada del cine de Hollywood resultó este año tirando a sosa, arrítimica y predecible, en parte por el hecho de que Ellen DeGeneres no siguió nuestros consejos, y en parte porque a la Academia se le notaron las ganas de minimizar los riesgos y salir del paso con una noche normalita. ¿Podemos permitir esto en CINEMANÍA? Está claro que no: siempre fieles a nuestra vocación de servicio público, aquí ofrecemos seis sugerencias para que la institución se ponga las pilas. Si nos hacen caso, estamos seguros de que la ceremonia de 2015 justificará la noche en vela y las ojeras subsiguientes.

    Un poco de ritmo no hace daño a nadie

    Entendemos que el recuerdo de los Oscar de 1989 (ya sabes, aquellos en los que Rob Lowe abrió la gala bailando con una señora disfrazada de Blancanieves) sigue siendo demasiado poderoso: al fin y al cabo, nadie quiere arriesgarse a repetir un patinazo considerado como la peor gala de la historia. Pero si el show de este año ha achacado algún problema, ese ha sido sin duda su monotonía. Dejando a un lado intervenciones puntuales de Ellen DeGeneres, la mecánica “premio-número musical-premio-evento programado-premio…” recorrió toda la noche, y su ausencia de variaciones nos hizo añorar la memorable ceremonia presentada por Hugh Jackman hace cinco años. Una gala esta en la que la autoparodia y las sorpresas sí abundaron. En la madrugada del lunes, por contra, podría decirse que lo más espontáneo fue el tributo improvisado de Bill Murray a Harold Ramis. Y eso no está bien.

    Los videomontajes nos desmontaron

    Lo juramos por lo más sagrado: planeando este informe nos prometimos a nosotros mismos que no mencionaríamos a Billy Crystal. Pero es que fue ver esos vídeos tan sosos salpimentando la ceremonia y recordar, o más bien añorar, la apertura de la gala de 2000, con el veterano presentador hacía cameos no solicitados en varios clásicos del cine, incluyendo varios guiños a las nominadas de ese año y un tremendo cameo de Kevin Spacey. En los Oscar 2014, sin embargo, tuvimos que tragarnos una sucesión de clips con una premisa bastante endeble cuya realización técnica quedaba ensombrecida, en ritmo y en recursos, por cualquier supercut de internet mínimamente currado. Algo triste si contamos con que los montadores al servicio de la Academia debieron contar con más recursos que esos colegas suyos dedicados a derramar perlas de ingenio en YouTube o Vimeo.

    ¿Quieres hablar de héroes? Pues hazlo de forma heroica

    Ya que hablamos de los montajes de vídeo, recordemos que estos se apoyaban en ese tema que (supuestamente) ejercía como eje de la gala: los héroes. Un tema que, en conjunto, quedó diluido a lo largo de las horas y las entregas de ‘hombrecitos’. Si los Oscar de 2009 aprovecharon un tema tan espinoso como la crisis, mofándose de él con sus decorados low cost, ¿de verdad no pudo la Academia sacar más partido a géneros como el western, o a modas como la ahora pujante de los superhéroes? Por mencionar una posibilidad más original, nosotros pensamos que dedicarle unos instantes a las personas cuyo esfuerzo saca adelante la propia gala (escenógrafos, técnicos, o incluso el personal del cátering, ya puestos) hubiera sido una referencia muy oportuna al heroísmo de la vida real, y le habría dado al show un toque de interés humano muy del gusto estadounidense.

    ¡Un poco de originalidad, por favor!

    Sentimos tener que señalar con el dedo, pero si la gala de 2014 nos ha parecido una acumulación de cosas ya conocidas no es sólo por culpa de la Academia, ni de sus 16 guionistas (sí, dieciséis), sino también de la propia Ellen DeGeneres. ¿El famoso selfie de los dos millones y pico de retuits? Una repetición con más medios y más rostros famosos de esa foto con la anfitriona y Clint Eastwood que Spielberg tomó en 2007. ¿Esa pizza que tanto le gustó a Martin Scorsese? Una réplica a menor escala de ese número (fechado en 1979, nada menos) en el que Andy Kaufman invitó a leche y galletas a todo el público de una actuación en el Carnegie Hall. Vale, esto último está algo traído por los pelos, pero reconozcamos que la mayor parte de la noche nos supo a recalentado: algo que no hizo sino redundar en la sensación de pesadez y ausencia de sorpresas que prevaleció durante la noche.

    ¿Y qué pasa con la música?

    Desechando la tentación de hablar de Idina Menzel (el hecho de que Travolta se olvide de tu nombre debe cabrear, lo entendemos), señalemos un hecho claro: ¿cuál será el momento de esta gala, pizzas y fotos aparte, que más quedará en la memoria colectiva? Pues la actuación de Pharrell Williams defendiendo Happy, su canción nominada. Y, ¿por qué será así? Porque ofrecía todo aquello de lo que carecieron el resto de números musicales: una coreografía colorista y animada, y una simpatía por parte del intérprete que consiguió que la mismísima Meryl Streep se echase un bailecito sin moverse de la silla. Por contra, la aparición de P!nk en el homenaje a El mago de Oz resultó más bien sosa, por más que la cantante y compositora se defendiese bien con Over The Rainbow, al igual que la canción de Bette Midler que sirvió de epílogo al in memoriam del año. En pasadas ediciones, el canto y el baile dieron pie a algunos de los momentos más memorables de los Oscar, y esta costumbre parece, por desgracia, casi extinta.

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