Mucho más que una rubia: 4 veces que Doris Day desafió las normas de Hollywood

La actriz de 'El hombre que sabía demasiado' fue un icono de los EE UU conservadores, pero también una profesional adelantada a su tiempo.

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13 de mayo de 2019

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  • Seguramente, si a Doris Day le hubieran hablado de “transgresión” (y no digamos de “feminismo”) habría arrugado el ceño. La cantante y actriz, fallecida el 13 de mayo a los 97 años, fue un un icono de los EE UU conservadores.

    Pero las ideas son una cosa y los hechos, otra. La carrera de Day nos enseña que una artista puede mantenerse fiel a sus simpatías políticas (es decir, al ala más rancia del Partido Republicano) y, a la vez, ser una adelantada a su tiempo tanto delante como detrás de la cámara.

    Siempre al mando de su carrera

    Dado el perfil de la mayoría de sus filmes, muchos pensarán que Doris Day se resignaba en su vida cotidiana al papel de ‘buena esposa’. Máxime en una época como la suya, cuando el más mínimo escándalo podría dar al traste con la carrera de una actriz.

    Pero nada más lejos de la realidad. Day se casó cuatro veces (y se divorció otras cuatro), amén de mantener siempre un control férreo sobre su carrera. De hecho, ella afirmaba que el papel al que más cercana se sentía era el de la pistolera Juanita Calamidad, a la que interpretó en Doris Day en el Oeste (1953). De haberle faltado esta voluntad a prueba de bombas, probablemente se habría quedado para los restos en una cantante amateur de Ohio.

    Más versátil de lo que parece

    Cuando pensamos en Doris Day, los títulos que nos vienen a la cabeza son en su mayoría comedias románticas y musicales. Nada que objetar, porque nuestra heroína cantaba como los ángeles y sabía hacer reír al público. Sin embargo, la mejor película de toda su carrera se escapa de esos clichés.

    Y ese filme es, claro, El hombre que sabía demasiado (1956). El propio ‘Hitch’ se empeñó en contar con ella para el rol de esposa de James Stewart, embarcándola en un thriller trepidante y sometiéndole a las habituales perrerías (solo delante de la cámara… que sepamos) de las que solían ser víctimas sus rubias y elegantes musas. Su desenvoltura en el papel pasmó a los críticos de la época.

    Day no solo se mostró a la altura del trabajo, sino que este le procuró también su canción más emblemática: Que Sera, Sera. La cual, como sabemos, acabó llevándose el Oscar correspondiente.

    La osadía no tiene edad

    En el día de hoy, Confidencias de medianoche (1959) parece una película muy blandita, e incluso ñoña. Pero no nos confundamos: además de ser un punto de giro para la comedia romántica en Hollywood, este filme protagonizado por Doris Day y Rock Hudson resultaba atrevido e incluso escandaloso. No por nada Hudson se resistió a aparecer en él hasta que Day le persuadió para que aceptase el trabajo.

    Reconocer (sutilmente) que sus protagonistas tenían una vida sexual pese a no estar casados era una osadía en 1959. Pero hay algo de Confidencias de medianoche que resulta insólito incluso 60 años más tarde. Porque, gracias a este filme, Day pasó de ser una ‘novia de América’ edulcorada y merengosa a una estrella sexy y sofisticada… con 37 años de edad. 

    Dado que Hollywood nunca ha sido un territorio hospitalario para las mujeres, y menos aún para las mujeres de más de 30, es del género tonto no alabar a Doris Day por su valor al romper clichés.

    No se daba por vencida

    1968 no fue un buen año para Doris Day. En abril, su marido Martin Melcher murió a causa de una enfermedad cardiaca. Y, justo después, la actriz descubrió que su difunto y su manager Jerome Rosenthal la habían dejado en la ruina a base de desfalcos e inversiones dudosas.

    Pero aquello no era lo peor. Entre otras trapacerías, Melcher se había comprometido con la CBS para que su mujer protagonizara una serie de TV y varios especiales sin que ella supiera nada. Ante esta situación, nadie la hubiese culpado si Doris Day se hubiera venido abajo… pero eso no fue lo que ocurrió.

    Tras asumir el golpe, Day apretó los dientes, demandó a Rosenthal (a quien se enfrentó en un larguísimo proceso judicial) y cumplió con sus compromisos televisivos durante los cinco años justos que estipulaba su contrato. En 1973, tras rodar el último capítulo de El show de Doris Day, la actriz se retiró del cine para siempre: estaba harta del audiovisual y sus tejemanejes. Y nosotros lo entendemos muy bien.

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    La cantante y actriz, protagonista de 'El hombre que sabía demasiado' y 'Confidencias de medianoche', tenía 97 años.