[3 décadas de valores y educación Ghibli] Vol. 2: El respeto por la naturaleza

El estudio reitera la importancia del respeto hacia la naturaleza en sus películas, tratando de concienciar sobre la importancia de cuidar el medio ambiente.

Por
21 de enero de 2019

No es de extrañar que en las películas de Studio Ghibli (Koganei, Tokyo, 1985) las historias que se relatan estén ambientadas en el campo, en grandes bosques y valles o en ciudades costeras. Si bien esto no ocurre en la totalidad de las producciones, ya que algunas tramas están ubicadas en grandes urbes donde el espacio natural es inexistente, en la mayoría de estas el espacio no urbano tiene suma importancia en el relato de los acontecimientos.

Para empezar, debemos entender que la sociedad japonesa ha estado marcada por dos sucesos trascendentes en la historia del país: uno de ellos ha sembrado el terror desde siglos atrás, siendo los terremotos los causantes de sacudir y destrozar el paisaje y las construcciones, así como de atravesar las vidas de aquellos que más afectados fueron, y a día de hoy siguen siendo, por estos temblores.

El otro suceso fueron las bombas nucleares de Nagasaki e Hiroshima (ambas lanzadas en agosto de 1945 por el gobierno estadounidense), que marcaron de forma consecutiva a la sociedad japonesa por la destrucción que acarrearon y las consecuencias que trajeron consigo (el envenenamiento por radiación y la devastación del ambiente a gran escala), cambiando a partir de entonces la conciencia colectiva japonesa.

Asimismo, también cabe destacar el impacto que ha supuesto al paisaje natural y al medioambiente la llegada, a mitades del siglo XX., de un capitalismo salvaje que ha divido a Japón en dos, diferenciándose entre quienes huyen de ello y quienes se han dejado seducir por este.

En vista de esta situación y del amor que profesan los integrantes y creadores principales de Studio Ghibli (Hayao Miyazaki e Isao Takahata) por la naturaleza, lo tradicional, la vida rural y el mundo animal, durante más de 30 años el estudio nipón a través de su filmografía ha tratado de jugar en favor de estos, defendiendo al planeta tierra y su conservación medioambiental como algo esencial para la supervivencia del ecosistema y su bienestar, así como para la evolución de la sociedad japonesa hacia prácticas más respetuosas y honorables con aquello que nos rodea, alimenta y abastece.

La intención detrás del mensaje, por tanto, es la de mostrar a los espectadores lo hermoso e importante que puede llegar a ser el paisaje natural si se cuida y se valora y lo terrorífico que puede resultar el hecho de que sea destruido por la codicia del hombre, el ansia de poder, o la soberbia del ser humano. Por supuesto mostrándonos las respectivas consecuencias de las malas prácticas.

Los terremotos o tsunamis son desastres naturales inevitables, contra los que nada se puede hacer mas que empezar desde cero y reconstruir lo que ha sido arrasado. Sin embargo, las acciones del hombre, el más peligroso e insensato enemigo de la naturaleza, son las que aún a día de hoy y durante muchos años han ido interfiriendo en la evolución natural del paisaje, así como acrecentando al mismo tiempo su destrucción para fines completamente egoístas.

Por tanto Studio Ghibli se vio en la necesidad de transmitir un mensaje a favor de la naturaleza que ayudara a los espectadores a empatizar con esta, así como a despertar las conciencias de aquellos que no valoran no solo ya el paisaje natural, sino a todos los animales, plantas y bosques que forman parte de la tierra que se pisa y la cual nos sirve en su infinita sabiduría y gran dominio.

 

El ser humano, enemigo universal

Como destacábamos anteriormente, el hombre, a través de la soberbia, la codicia y el ansia de poder ha sido el principal causante de la devastación de lo natural, sin importarle las consecuencias que sus actos generarían tanto en el medioambiente como en la población. Las guerras han sido durante décadas la principal causa de este deterioro.

De esta manera quiso representarlo Hayao Miyazaki con Nausicaä del Valle del Viento (1985), donde nos muestra un mundo postapocalíptico donde la raza humana es la responsable de la creación y expansión del Mar de Putrefacción, que contamina el aire y no permite que nada crezca en la superficie terrestre, determinando el fatal destino de los pueblos que son alcanzados por este gas tóxico.

Miyazaki mostró a sus espectadores cómo a pesar de que todo acto parecía inútil, nuestra heroína descubría la manera de hacerle frente al Mar de Putrefacción, a través del temor pero también el respeto que albergaba por este y por aquellos quienes habitan en su interior, los Ohms. Aunque no tenía una solución instantánea que resolviera el problema, Nausicaä comenzaba un camino que llevaría tras mucho esfuerzo colectivo a la mejora y calidad de vida de los habitantes del Valle del Viento.

Por otro lado, en El castillo en el cielo (1986) Miyazaki también trataba de instruir a su público a cerca de cómo la soberbia del hombre y un uso más que irresponsable de la tecnología con fines militares, acababa con la ciudad flotante de Laputa (Lapuntu en el doblaje al castellano). El mensaje final que el director trataba de transferir es el de encontrar el equilibrio entre lo natural y la explotación tecnológica que realiza el hombre, siendo esencial el mantenimiento de este equilibrio para el beneficio del medioambiente y por consiguiente, de los seres vivos.

Puede que sea la película de Studio Ghibli donde más explícitamente se muestre el poder tecnológico y militar que ha terminado por corromper al hombre en su deseo de conquista y por consiguiente, cuáles son las devastadoras consecuencias que deja en la naturaleza.

En La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1987), el conflicto ocurre entre los humanos y los seres divinos del bosque, donde toda la brutalidad que el hombre aplica a la naturaleza, como arrasar con la montaña, arremeter contra el clan de los lobos, los jabalíes o contra San, así como cortarle la cabeza al espíritu del bosque, es en gran parte consecuencia de un odio inmenso que se ha generado entre ambos bandos (el bosque también arremete contra los humanos).

Lejos queda el respeto que el ser humano tuvo por la naturaleza, por lo que Miyazaki trata de hacernos ver cómo el hombre ha sido capaz de olvidar tal veneración (a excepción del príncipe Ashitaka y su tribu) llegando a proceder de manera tan bruta e inhumana como podemos observar en la película, así como demostrando con la respuesta del bosque y sus criaturas, que la naturaleza no se deja dominar tan fácilmente, sino que puede ser tan cruel como benévola y dar la vida tan fácil como la arrebata.

La película Pompoko (1994), escrita y dirigida por Isao Takahata (con la colaboración de Miyazaki), también narra la lucha ocurrida entre los humanos y los animales (tanuki en japonés o mapaches) que habitan una zona cercana a las afueras de Tokio llamada Tama, donde a finales de los años 60 empezaron a edificarse de forma masiva barrios residenciales, los cuales necesitaron un espacio que ocupaban en aquel el momento los bosques, pero que acabaron por arrasarse y tomarse a la fuerza.

A través de la lucha iniciada por los mapaches, quienes hacen todo lo que está en sus manos por evitar el desastre, el espectador va tomando conciencia poco a poco de las consecuencias que traen tales alteraciones tanto en la fauna como en la flora de alrededor. Lentamente, observamos cómo estos animales, tan entrañables como pintorescos, pierden sus hogares, sus alimentos y finalmente sus personalidades al tener que resignarse o bien a abandonar el lugar, o bien a transformarse en humanos y vivir en la ciudad para poder subsistir.

Marta García Villar, una de las autoras del libro Mi vecino Miyazaki, escribía que Takahata quiso “valorar la esencia del paisaje japonés como identidad que debe ser preservada” así como transmitir a sus espectadores “un llanto por un pasado que no puede volver, una elegía a un hogar perdido y una acusación al ser humano”. Con este contenido es difícil no sentir lastima y asco por la insensible obra urbanística que el ser humano realiza continuamente, alterando la naturaleza y expulsando de sus hogares a miles de víctimas del egoísmo y la avaricia del hombre.

 

El descuido y la irresponsabilidad

Si bien muchos de los cambios en la naturaleza que Studio Ghibli nos ha mostrado en sus producciones han sido por la adquisición de un poder mayor, la guerra o la avaricia del hombre, también debemos tener en cuenta que estas no son las únicas causas de que el paisaje natural se transforme o sufra debido a la intervención ajena. En múltiples ocasiones, el simple descuido, desinterés o poco respeto que el hombre guarda por la naturaleza ha traído consecuencias nefastas para esta misma.

De esta manera, en El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) vemos como la joven protagonista intuye que el Dios Pestilente que se arrastra hacia la casa de baños para purificarse, contiene algo más que ingentes cantidades de lodo. Descubrirá que en su interior atesora miles de objetos y trastos que los humanos arrojaron irresponsablemente y terminará por limpiarse completamente y recuperar su forma divina de Dios del Río, agradeciendo a Chihiro su ayuda y ofreciéndole un presente por sus servicios que le será muy útil más adelante.

Estos objetos que salen de las entrañas del Dios del Río conforman una representación del descuido y desinterés de los humanos por la naturaleza, quien sufre las consecuencias en silencio y traga los objetos sin poder hacer algo respecto. Asimismo, la película al completo será una llamada de atención a la irresponsabilidad de los adultos al no prever las consecuencias que pueden llegar a tener sus actos.

Los padres de Chihiro serán quienes representen mejor este papel, al ingerir comida que no estaba preparada para ellos, y convirtiéndose en cerdos a modo de castigo. También, nuestra protagonista sentirá una conexión especial con los elementos naturales que tal vez sea fruto de su aún intacta inocencia, o debido al respeto que guarda hacia la naturaleza y las señales que percibe de esta, como el propio viento, los árboles sagrados o el río, entre otros.

Por otro lado, pero siguiendo el mismo hilo, en Ponyo en el acantilado (Hayao Miyazaki, 2008) el propio padre de la protagonista, de nombre Fujimoto (quien fue humano en un pasado, se quejará durante el largometraje del comportamiento de estos hacia el mar y sus criaturas. Acusará directamente a los hombres de ensuciar las aguas y de faltarle al respeto al océano con arrogancia y descuido. Asimismo, se mostrará contrario a que su hija Ponyo salga a la superficie terrestre y se relacione con estos, quienes para Fujimoto, son una causa perdida.

A través de la inocencia y la bondad que guarda el pequeño Sosuke en su interior, al mismo tiempo propias de un niño de su edad, demostrará a Fujimoto que no todos los humanos actúan de la misma forma y que él respetará siempre tanto a la naturaleza como a su hija Ponyo, de la que, una vez conocida, no puede ni quiere separarse.

Asimismo, la madre de Ponyo será el propio océano, representada a través de una hermosa figura femenina de gran tamaño y poder. Esto nos demostrará que el mar tiene vida propia y que puede llegar a sufrir tanto como cualquier humano si se le trata inadecuadamente. La veremos actuar en una espléndida demostración de su fuerza y ferocidad cuando Ponyo corra por encima del oleaje, tal vez provocando su furia o tal vez tan solo queriendo jugar con su propia madre.

 

El placer de la naturaleza

Además de la insistencia de Studio Ghibli en mostrar las crueldades a las que es sometida la naturaleza y las posteriores y terribles consecuencias del trato que recibe, el estudio nipón también ha producido películas que han conseguido retratar de muy hermosa manera el día a día de aquellos que viven y se dedican al campo y a sus cultivos, resaltando los beneficios que este estilo de vida conlleva y haciendo de algo tan común una vivencia extraordinaria.

En el caso de Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki 1988), nos encontramos con una estampa del campo muy apacible y acogedora, donde la familia Kusakabe, formada por el padre (Tatsuo) y las dos hijas (Satsuki y Mei) se mudan a una pequeña casa campestre para poder estar más cerca del hospital donde se encuentra la madre de las niñas, quien está enferma de tuberculosis.

Las dos hermanas no tardaran en adaptarse a la vida en el campo y a sus infinitas posibilidades de juegos, amigos y paisajes. La pequeña Mei será quien conozca primero a Totoro, guardián del bosque, encargado de hacer soplar al viento con sus rugidos, de ayudar a crecer a los árboles y plantas y por supuesto de cuidar de las criaturas que alberga en su interior. En un principio será Mei la única capaz de ver a Totoro, aunque más tarde le seguirá su hermana, quien se encuentra en el límite de sufrir una transición hacia la madurez, aunque intente experimentar y aferrarse aún las emociones y vivencias de una niña inocente.

En definitiva, la naturaleza será un modo de expresión y diversión para ambas hermanas, de descubrimientos continuos y de preservación de la inocencia y la imaginación que se posee cuando se es niño y que va desapareciendo conforme crecemos.

En Recuerdos del ayer (Isao Takahata, 1991), el campo será presentado como una alternativa a la vida en la ciudad y una escapatoria para la protagonista, Taeko Okijima, de huir de la monotonía de su vida como adulta, del trabajo y del espacio urbano. A partir de un viaje que realizará dejando atrás Tokio y adentrándose en la campiña japonesa de Yamagata, Taeko recordará distintas vivencias de su infancia que le llevarán a reflexionar sobre su personalidad, su familia o sobre las decisiones tomadas.

Dedicará sus vacaciones a trabajar en una cosecha familiar, donde ayudará a recoger lo sembrado y se relacionará con los lugareños y con un antiguo compañero de clase (Toshio), quienes le harán sentir como en su casa, a pesar de haber sido siempre una chica de Tokio. El campo le dará el trato y la vida que jamás le proporcionó la ciudad, al mismo tiempo que Taeko ofrecerá al campo los cuidados necesarios para que las cosechas sean fructíferas.

A fin de cuentas, la película trata de resaltar la vida rural ante la vida urbana, completando una oda a la naturaleza, a lo que esta ofrece y produce y que el ser humano utiliza y disfruta, quien asimismo, le devuelve el favor con un trato impecable y un cariño propio de quienes aprecian las diferentes formas de vida del entorno natural.

En definitiva, Studio Ghibli ha sabido de muy distinta manera representar el respeto que debemos tener por la naturaleza, en vista del mal e irresponsable trato que se le ha dado durante décadas, recordándonos por qué el medioambiente debe de ser cuidado y apreciado por todos nosotros. Porque naturaleza salvaje solo hay una y no debemos dejar que el poder, la avaricia o la discordia destruyan aquello que no se puede reemplazar.

En este aspecto, Studio Ghibli también se ha encargado de inculcar a sus espectadores valores de respeto y veneración que debemos tener muy en cuenta y no olvidarlos, ya que no somos ni mucho menos los únicos habitantes de esta tierra.

[3 décadas de valores y educación Ghibli] Vol. 3: La bondad de las villanas

Las villanas de Ghibli marcan la diferencia con las acciones y la humanidad que demuestran, apartándose así de la gran mayoría de antagonistas occidentales del cine de animación.

‘El viaje de Chihiro’ derrota a ‘Toy Story 4’ en China

El clásico de Miyazaki triunfa por todo lo alto en el Reino del Centro, al que ha llegado 18 años después de su estreno oficial.

[3 décadas de valores y educación Ghibli] Vol. 1: Protagonistas femeninas

El estudio de animación japonés ha persistido en subrayar el protagonismo y carácter de sus personajes femeninos, a diferencia de otros estudios occidentales.

Tráiler de ‘Never-Ending Man’, el documental sobre el regreso de Miyazaki

El maestro de 'El viaje de Chihiro' no sólo ha renunciado a su jubilación, sino que ahora trabaja con animación 3D: esta película documenta su regreso