20 ‘rockumentales’ que tienes que ver

No te pierdas estas películas con guitarra, bajo y batería.

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17 de abril de 2013

Sobre los méritos musicales del rock y sus derivados puede discutirse (y se ha discutido) hasta lo indecible. Pero hay algo en lo que la música popular no tiene rival: es una fuente inagotable de anécdotas y de personajes para el recuerdo. Tal vez por ello goza de su propio subgénero, o así, dentro del cine de investigación: el rockumentary o (castellanizado) el ‘rockumental’. Si, en los últimos meses, has disfrutado con The Swell Season o con la ganadora del Oscar Searching for Sugar Man, o si símplemente te gustan las canciones con guitarra, bajo y batería, no te lo pienses dos veces y busca estas películas. Te aseguramos que todas valen la pena y que, en el mejor de los casos, te harán echarte un baile que otro sin levantarte de tu sofá.

Cracked Actor (Alan Yentob, 1975)

¿A qué suena? En 1975, David Bowie era una sombra de sí mismo. Pese a encontrarse en una de sus mejores épocas creativas (escucha el álbum Station to Station si no te lo crees), el ‘Delgado Duque Blanco’ languidecía en California alimentándose de leche y pimientos y esnifando cocaína como un poseso. Un equipo de la BBC le siguió durante unos días para obtener este testimonio de escalofriantes resultados. ¿Lo más impactante? Bowie saldría del pozo al año siguiente, para seguir siendo uno de los grandes del rock hasta bien entrados los 80.

The Kids Are Alright (Jeff Stein, 1979)

¿A qué suena? Desde luego, y pese al título, esto no tiene nada que ver con el matrimonio de Julianne Moore y Annette Bening: aquí los que mandan son The Who, el grupo más excesivo y destrozón de los 60 británicos. Durante el rodaje, que capturó las últimas imágenes del batería Keith Moon antes de su muerte, el grupo se hallaba en plena cuesta abajo tóxica y etílica, pero aun así Pete Townsend y sus chicos se dejaron retratar en compañía de viejos amiguetes como Keith Richards y Ringo Starr, aglutinando entrevistas in situ y explosivas filmaciones de archivo. Haznos caso: aquí hay mucho más que las canciones de CSI.

Jimi Hendrix (Joe Boyd, 1973)

¿A qué suena? En principio, este documental tendría que darnos envidia: no en vano su protagonista es un mago de la guitarra, improbable sex symbol y estrella del rock por antonomasia. Sin embargo, acaba dándonos más pena que otra cosa, por mucho que en él suenen Purple Haze y Stone Free. Joe Boyd, productor de ilustrísimo curriculum, reune testimonios improbables (¿qué demonios hace Lou Reed aquí?) y rigor biográfico para perfilar la imagen de un individuo atormentado, solitario y con una sensibilidad que le alejaba dolorosamente de su rol como héroe de las seis cuerdas y los somieres.

Joy Division (Grant Gee, 2007)

¿A qué suena? Guionizado por el periodista Jon Savage, cronista ejemplar del punk británico, este documental nos ofrece el retrato de la banda que reemplazó el “¡Que te jodan!” por el “¡Estoy jodido!” en el vocabulario de la música airada. Si 24 Hour Party People te parece demasiado mitificadora, y el biopic Control (sobre la breve vida del cantante Ian Curtis) demasiado romántico, quédate con esta crónica tan fría y meticulosa como la música del grupo. ¿Para cuando un equivalente con la vida y milagros de sus sucesores New Order?

Mayor of the Sunset Strip (G. Hickenlooper, 2004)

¿A qué suena? Durante los 70, cada vez que Bowie, Iggy Pop, Marc Bolan y otras rock stars visitaban Los Ángeles, sabían a qué club tenían que acudir para dar rienda suelta a sus vicios: la English Disco de Rodney Bingenheimer. Locutor radiofónico, mánager y cazatalentos, Rodney (apodado “el groupie más poderoso del mundo” por Keith Richards) nunca se hizo rico ni famoso pese a estar siempre pegado a los más grandes, y su figura puede resultar entrañable y grimosa a partes iguales. Mayor of the Sunset Strip le retrata con cariño, pero sin indulgencia.

Dont Look Back (D. A. Pennebaker, 1967)

¿A qué suena? Scorsese lo sabe, y Todd Haynes también: para acercarse a Bob Dylan y no acabar escaldado, hacen falta redaños. De modo que imaginemos las que debió pasar el director de este filme, que captura al músico de Minnesota durante una gira por el Reino Unido y en pleno proceso de electrificación. Frente a nuestros ojos, un Dylan tan borde como siempre se metamorfosea de predicador folkie a poeta distorsionado, y nosotros nos llevamos el recuerdo de su playback de la canción Subterranean Homesick Blues, considerado por muchos el primer videoclip de la historia.

Metal: A Headbanger’s Journey (S. Dunn, S. McFayden, J. J. Wise, 2005)

¿A qué suena? En apariencia, la variante más estruendosa del rock no se presta a análisis de alto nivel intelectual. Pero, por suerte, el antropólogo Sam Dunn no hace ni caso del estereotipo y analiza la música de sus amores compaginando la erudición, los testimonios de alto nivel (Ronnie James Dio, Bruce Dickinson, miembros de Slayer y de Motley Crüe…) y el atrevimiento al abordar temas tan espinosos como el death metal nórdico, sus iglesias ardiendo y sus asesinatos. Este filme demuestra que uno puede mantener el rigor de un catedrático universitario sin dejar de poner los cuernos.

En la cama con Madonna (Alex Keshishian, 1991)

¿A qué suena? Los puristas rechinarán los dientes tanto como quieran, pero si el rock es por naturaleza dado al exceso y a los espectáculos de masas, ‘Madge’ lo encarnó como nadie durante sus años de esplendor ochentero. Mucho más veraz de lo que pudiera suponerse, En la cama con Madonna fue carne de polémica cuando se estrenó (un año antes de que el álbum Erotica hiciese estallar la burbuja provocadora) y retrata muy solventemente el ajetreo de una gira mastodóntica y mediática. Por otra parte, la escena en la que la cantante coquetea con Antonio Banderas es, cuanto menos, inolvidable.

El diablo y Daniel Johnston (Jeff Feuerzeig, 2005)

¿A qué suena? Víctima de la esquizofrenia, el músico y pintor Daniel Johnston podría ser una de esas figuras marginales a las que la élite indie adopta como mascotas, de no ser porque su talento es tan copioso como su desgracia. Jeff Feuerzeig se tomó cuatro años para realizar esta película, en la que aparecen fans de renombre como Jad Fair (Half Japanese), Thurston Moore (Sonic Youth) y el creador de Los Simpsons, Matt Groening. Todos ellos rodeando a un individuo condenado para los restos a habitar un mundo de pesadilla.

Lemmy (G. Oliver, W. Oroshki, 2010)

¿A qué suena? Si el nombre de guerra de Ian Fraser Kilminster no te suena a voces aguardentosas, líneas de bajo capaces de licuar la materia orgánica e himnos metaleros más veloces que el sonido, apaga y vámonos. El líder de Motörhead es una de las raras figuras capaces de poner de acuerdo a heavies (Metallica) punks (Joan Jett)indies (Jarvis Cocker) y otros colectivos, unidos en su reconocimiento de que es lo que vulgarmente se conoce como “el puto amo”. Lemmy nos entrega a su protagonista en toda su gloria, y también en su entrañable y desastrosa vida cotidiana: la de un tipo que colecciona memorabilia nazi, y que se niega a abandonar su minúsculo apartamento porque le pilla cerca de su bar favorito.

Anvil: El sueño de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008)

¿A qué suena? Durante los 80, una banda canadiense de rock duro impresionó a los héroes del género. Pero, como ocurre muchas veces, todo acabó en agua de borrajas, en festivales de tercera fila y en discos producidos con cuatro perras. El futuro director de Hitchcock, que trabajó como roadie de los Anvil, rinde un cariñoso (pero, a veces, deprimente) tributo a sus antiguos jefes y, en general, a todos aquellos músicos que, pudiendo haber hecho historia, se quedaron en leyendas de ocasión. Para el recuerdo, la escena en la que uno de los líderes del grupo fracasa miserablemente en el mundo del telemárketing.

La mugre y la furia (Julien Temple, 2000)

¿A qué suena? Vale: a veces peca de parcial y de nostálgica, pecados que deberían ser imperdonables tratándose de un filme sobre los Sex Pistols. Pero su condición de revancha del grupo, y del director, contra Malcolm McLaren (mánager bucanero) la convierte en un documento inapreciable, formalmente divertidísimo (ojo a su empleo del metraje de archivo) y con momentos tan inesperados como las lágrimas de John Lydon recordando su amistad con Sid Vicious. Pocos rockumentales ponen a un grupo en su contexto con tanto tino como este.

Joe Strummer: The Future Is Unwritten (J. Temple, 2007)

¿A qué suena? 7 años después de rememorar a los Sex Pistols, Julien Temple realizó este documental en memoria del cantante de The Clash, el otro grupo insignia del primer punk británico. Reunidos en torno a una hoguera bajo el puente de Brooklyn, amigos y fans (de Bono a Johnny Depp, pasando por los Red Hot Chili Peppers) rememoran a un niño pijo, hijo de diplomáticos, que redefinió la relación entre la música popular y el lenguaje político. Y que, además, tiene una plaza con su nombre en su querida Granada.

Underground: La ciudad del arco iris (G. Iglesias, 2003)

¿A qué suena? Entre dos décadas (los 60 y los 70), Sevilla fue la ciudad de España donde la escena musical bullía con mayor intensidad, con grupos como Smash y cantaores como Manuel Molina realizaban una proeza impensable hasta entonces: fusionar rock con flamenco. El productor de Grupo 7 muestra este pasado glorioso en su único trabajo como director, recordándonos además que dicha actividad subterránea (en la que no faltaban las okupaciones ni los experimentos tóxicos con productos marroquíes) tuvo lugar en pleno franquismo.

Gigantic: A Tale of Two Johns (AJ Schnack, 2002)

¿A qué suena? Seguro que su nombre no te suena, pero apostamos lo que quieras a que llevas muchas canciones suyas en la memoria. Porque John Flansburgh y John Linnell, también conocidos como They Might Be Giants, no son sólo uno de los proyectos más inclasificables de la historia del pop, sino también los autores de bandas sonoras para series como Malcolm in the Middle. El dúo se ha mantenido al pie del cañón durante tres décadas, manteniendo una amistad que parece a prueba de bombas y camuflando con melodías pegadizas un humor negrísimo. A lo mejor por eso, en este documental aparecen tantos comediantes de escenario (Jeaneane Garofalo, Harry Shearer) rindiéndoles tributo.

Music is the Weapon (Jean-Jacques Flori, 1982)

¿A qué suena? Aunque en Europa y América tendamos a olvidarlo, la música popular también existe en el resto del mundo. Y, en el centro de África, el rostro de dicha música fue durante mucho tiempo el de Fela Anikulapo Kuti. Un personaje contradictorio donde los haya, cuyo sonido afrobeat ha influido a muchas estrellas (de los Talking Heads a Thom Yorke) y cuyo activismo político fue una espada de Damocles para el muy corrupto gobierno de Nigeria, que intentó varias veces quitarle de enmedio. Además del testimonio de unos sonidos gloriosos, Music is the Weapon queda como el retrato de alguien que fundó una nación independiente en (la República de Kalakuta) en su local de ensayo.

Scratch (Doug Pray, 2001)

¿A qué suena? ¿Cuál es la invención musical más importante del último tercio del siglo XX? Los aficionados al hip hop y al techno pueden alegar que es aquella que da título a esta película: el scratching. Algunos de los mejores DJs del mundo, de Premier (Gang Starr) a DJ Shadow y Cut Chemist (Jurassic 5) se dan cita aquí frente a la cámara para repasar la evolución de este arte, desde sus orígenes callejeros en Jamaica y Brooklyn a los pabellones repletos de público. El resultado: una oda a todo lo que puede hacerse con unos vinilos y un par de giradiscos.

Venid a las cloacas (Daniel Arasanz, 2001)

¿A qué suena? Este documental lleva por subtítulo “La historia de la Banda Trapera del Río”. Y va justamente de eso: el relato épico del que fue (probablemente) el primer grupo punk español, capaz de propulsarse desde una barriada obrera de Cornellá al Olimpo del ruido ibérico. Jaime Gonzalo, codirector de la revista Ruta 66 y biógrafo de la banda, firma el guión y el montaje, además de intervenir como voz narrativa junto a su colega de profesión Diego A. Manrique. Y, hechos unos abueletes, los miembros de la Trapera nos recuerdan que Ciutat Podrida y La regla siguen siendo capaces de reventar cerebros en el día de hoy.

End of the Century (Jim Fields, M. Garamanga, 2003)

¿A qué suena? Sobrevivieron a Phil Spector y a sus pistolas, a la marginación dentro de la escena musical de EE UU y a una perpetua falta de fondos. Pero no fueron capaces de sobrevivir a sus propias neuras y rencillas internas. ¿De quién hablamos? Pues de quién va a ser: de los Ramones, pilares del punk capaces de ganarse fans entre la intelectualidad más exquisita pese a ser ellos mismos unos gañanes de mucho cuidado. Además de contar su morrocotuda historia, la película sirve como un retrato de la Nueva Ola neoyorquina en la que pulularon grupos como Blondie, The Voidoids y Television.

Rush: Beyond the Lighted Stage (S. Dunn, S. McFayden, 2010)

¿A qué suena? Los canadienses Rush son un grupo poco habitual: por compaginar el virtuosismo con el encanto populachero, por ser orgullosamente de derechas en un mundo tan rojeras como el del rock, y por mantener un atractivo que traspasa las generaciones, las ideologías y los géneros musicales. De modo que, para glosar su carrera, los autores de Metal: A Headbanger’s Journey dedican igual espacio a los componentes del grupo, a sus fans y a admiradores con tanto nombre como Jack Black y Billy Corgan (Smashing Pumpkins). Ah, y también a sus madres. Para colmo, Beyond the Lighted Stage está estructurada en capítulos y movimientos, cual una suite de rock progresivo.

BONUS: Spinal Tap (Rob Reiner, 1984)

¿A qué suena? Los amplificadores que llegan al 11. El pepino envuelto en papel de plata y empleado como relleno paquetil. Los baterías muriendo como moscas por las razones más peregrinas (como la combustión espontánea o “un extraño accidente de jardinería”) y el poético instrumental titulado Chupa mi bomba del amor. Todo lo que el director de La princesa prometida y sus amigos incluyeron en este falso documental es una parodia de los estereotipos del rock de estadio, y una parodia muy certera: dice la leyenda que muchos auténticos rockeros, tras ver Spinal Tap, se preguntaron por qué nunca habían oído hablar de ese grupo británico que tan bien sonaba.

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