20 razones por las que ‘Notting Hill’ le habla a tu corazón

'The smile on your face let's me know that you need me...'. Reivindicamos la comedia romántica definitiva por su 20 aniversario.

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28 de mayo de 2019

Es un hecho: ya no se hacen comedias románticas como las de los 90. Cuando Harry encontró a Sally, Mucho más que amigos, Tienes un e-mail, Algo para recordar, 10 razones para odiarte, Algo pasa con Mary… Y en aquel reino de príncipes desteñidos, princesas de cuentos sin hadas e historias de amor con finales casi siempre felices, la reina (con permiso de Meg Ryan) era Julia Roberts: dio comienzo a la década con Pretty Woman, a la que siguieron La boda de mi mejor amigo, Novia a la fuga y Notting Hill. Esta última, la comedia romántica definitiva, en la que compartía amorío con Hugh Grant.

Dos actores expertos en el género, un guion firmado por Richard Curtis (Cuatro bodas y un funeral, con Grant; o la entonces futura Love Actually) y un casi desconocido Roger Michell en la silla de director fueron los ingredientes secretos para cocinar la mejor comedia romántica de fin de siglo, una historia de amor entre William Thacker (Grant), el dueño de una librería de viajes en Notting Hill, y Anna Scott (Roberts), una estrella de Hollywood. Este clásico cumple hoy 20 años de su estreno en EE UU y nosotros lo celebramos recordándote 20 razones por las que se ha ganado tu corazón.

Por romper clichés del géneros

Estábamos demasiado acostumbrados al estigma: hombre exitoso conoce a mujer ‘que no puede aspirar a él’ (léase, Pretty Woman). En Notting Hill, por una vez, ella era la estrella inalcanzable, la mujer soñada y triunfadora (siempre en apariencia) que llegaba a la vida de un hombre ‘normal’ para ponérsela patas arriba.

Por las camisetas manchadas

Benditos sean los protagonistas patosos. William estará eternamente en deuda con esa bebida con la que ensucia a Anna tras tropezar con ella en la calle. No es el primer encuentro entre los protagonistas, pero sí la excusa perfecta para que el personaje de Grant invite a la actriz a su casa y le preste ropa limpia.

Por las puertas azules

280 Westbourne Park Road, Notting Hill, Londres W11. Esa es la dirección de la casa de Williams y Spike (Rhys Ifans). ¡Aviso para turistas! La característica puerta azul ya no está porque fue subastada dos años después del estreno del filme.

Por los compañeros de piso

Tú que pensabas que Chandler Bing se había ganado el cielo por compartir cocina (y patitos y pollitos) con Joey Tribbiani… Después conociste a Spike y te convenciste de que era mejor tener a un actor de culebrón médico y algo mujeriego con un pingüino de peluche (nunca se ha reivindicado lo suficiente el papel de Abracín en Friends), que a un excéntrico con pésimo gusto para las camisetas con mensajes (y, para colmo, futuro cuñado).

Por el exhibicionismo en gayumbos

Para prueba de lo que decíamos antes, la escena en la que los periodistas se agolpan en la entrada de la casa de William, y Spike tiene la brillante idea de posar para ellos en calzoncillos.

Por los seudónimos de princesas

Porque no hay mejor alias para que una actriz de Hollywood pase desapercibida en un hotel cinco estrellas que el de Pocahontas.

Por Caballo y sabueso 

Una revista ecléctica donde las haya que lo mismo te habla de caballos, como de la última película de Anna Scott. William se ve obligado a hacerse pasar por un periodista para estar con Anna durante un día de entrevistas en una de las escenas más entrañables y divertidas de la historia de las comedias románticas. Si para ello tiene que jugar a adivinar el argumento de la producción e improvisar preguntas, lo hará. Y, mientras, nosotros soñaremos con trabajar en esa publicación imposible.

Por Mischa Barton

Y entre todas las desastrosas entrevistas, si nos tenemos que quedar con una esa es la de la joven actriz interpretada por una Mischa Barton pre-The O. C.. Sus fantásticas líneas de guion dejan en evidencia lo alejado que está William del mundo de Anna (y hasta del resto del planeta):

William: “¿Es esta tu primera película?”.

Actriz: “No, es mi película número 22”.

William: “Claro. ¿Alguna favorita de entre las 22?”.

Actriz: “Trabajar con Leonardo”.

William: “¿Da Vinci?”.

Actriz: “DiCaprio”.

William: “Claro. ¿Y él es tu director italiano favorito?”.

Por Portobello Road

Un nombre de sonoridad italiana para una calle de casitas de colores y puestos de comida situada en la Londres más hipster y bohemia: la de Notting Hill. Portobello Road se convertía en un escenario casi idealizado para esta historia de amor, alejada de aquella Los Ángeles soleada y californiana en la que se desenvolvía Anna.

Por el concurso del brownie

¿Quién comparte la peor historia posible? El premio para quien lo haga es el último trozo de brownie. La mejor terapia grupal (y una de las mejores cenas) jamás plasmada en gran pantalla fue esta reunión de amigos en la que todos iban contando sus penurias para así ganarse ese último bocado de dulce chocolate. William terminaba siendo el vencedor, pese a la proclama ‘los muy ricos también lloran con sus dietas’ de Anna.

Por los allanamientos de morada

Pero no todo son idílicos paseos por las calles londinenses. Los protagonistas, cual pareja adolescente intrépida, no se lo piensan dos veces a la hora de saltar una valla y colarse en una propiedad privada de Notting Hill, sin miedo a denuncias por allanamiento de morada. Para ser justos, Anna toma la iniciativa (¿quién en Hollywood teme una denuncia?) y William le sigue a duras penas (físicas) entre ‘mecachis’. Y así se gana uno el primer beso.

Por la revancha contra el ‘fan’ indecente 

Típico de la vida de famosa: estás cenando tan tranquilamente con tu pareja en un restaurante cuando quienes ocupan la mesa de al lado empiezan a hablar de ti sin siquiera darse cuenta de que estás ahí. La cosa se complica cuando los comentarios suben de tono y toca pararles los pies.

Por las gafas de buceo

¿Quién iba a pensar que unas gafas de buceo se podían convertir en la declaración de amor más tierna? William, miope romántico definitivo, decide acompañar a Anna al cine con unas gafas de buceo graduadas porque no encuentra las suyas en casa.

Por las lecturas de guion

Y, encima, se convierte en uno de esos novios que repasan guiones con su chica mientras le dan consejos de actuación. Todo eso, en una terraza.

Por una Julia Roberts estelar (en todos los sentidos)

La metaficción nunca ha hecho tanto por nosotros. Julia Roberts en la piel de Anna Scott, y Anna Scott en la piel de una astronauta en una nave espacial sacada de 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Y, encima, Roberts reutilizó la peluca pelirroja corte bob en El día de la madre.

Por las declaraciones en chanclas

“Solo soy una chica delante de un chico pidiendo que la quiera”. Roberts consigue que no la odiemos tanto por haber abandonado a William con uno de los discursos más emotivos en la historia (así, en general). ¿Quién no se ha sentido identificado con esa frase alguna vez en su vida?

Por las carreras de coches 

¿Para qué están los amigos? Los de William, para abrirle los ojos y hacerle entender lo “imbécil” que ha sido al dejar ir a Anna. Acto seguido, se apachurran todos en un coche y, entre giros de volante y discusiones sobre qué calles coger para llegar al Savoy, recorren Londres en una carrera digna de Fast & Furious (antes incluso de la existencia de Fast & Furious).

Por las ruedas de prensa

Como periodistas, os aseguramos que nunca hemos presenciado una rueda de prensa tan conmovedora como aquella en la que William, acreditado por el siempre recurrente medio Caballo y sabueso (pero esta vez con las preguntas adecuadas), consigue que Anna se quede en Londres “indefinidamente”.

Por el cambio de estaciones

Ese plano secuencia (falseado, pero qué más da) en el que seguimos al protagonista por las diferentes estaciones del año después de que Anna se haya ido es la muestra de que el desamor es tan poético como devastador. Y todo al son de Ain’t No Sunshine.

Por su banda sonora

El tráfico de Londres suena a Gimme Some Lovin’, sus calles cantan When You Say Nothing At All, y en los bancos de Hyde Park se escucha She. Una comedia romántica es tan memorable como lo es su banda sonora y, en este caso, es imposible parar de tararear cualquiera de sus canciones tras ver el filme. Al fin y al cabo, cuando hablamos de Notting Hill, solo se puede decir eso de: “It’s amazing how you can speak right to my heart…”.

¿Por qué hay una película (mala) por cada festividad?

Navidad, el día de Pascua, Noche vieja, el día del Padre… No se salva ninguna, todas tienen su propia película que casi siempre es un desastre. Analizamos caso a caso.

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