20 cosas que (probablemente) no sabías de ‘Posesión infernal’

Cuando celebramos los 36 años de los horrores primigenios de Sam Raimi, te ofrecemos un informe (con motosierra) sobre el filme original

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15 de octubre de 2017

[AVISO: Los corresponsales de CINEMANÍA enviados al lugar de rodaje de Posesión infernal (1982) para elaborar este informe no han regresado todavía a la redacción. Mientras estudiamos la posibilidad de suspenderles de empleo y sueldo, por vagos, te ofrecemos su último mensaje recibido en nuestro correo electrónico.]

Con riesgo para nuestra vida y nuestra cordura, nos hemos desplazado al lugar donde todo empezó. Algunos dicen que el incidente sucedió en 1981, y otros que en 1982, pero lo único cierto es que en esta cabaña perdida en los bosques, junto al pueblo de Morristown (Tennessee), hemos desenterrado los restos de un rodaje infernal (más todavía de lo habitual en las producciones de serie B) y de una producción en la que confluyeron los poderes de la pasión por el cine y el morro de un director debutante. Tras redactar los datos obtenidos durante la investigación, y con agujetas en los brazos de tanto darle a la motosierra, nos disponemos a efectuar la última parte del ritual, leyendo las palabras malditas del Necronomicon Ex Mortis para así… ¡Un momento! ¿Qué es eso? ¡Oh, no! ¡La ventana! ¡LA VENTANA!

El horror que surgió del cortometraje

Nos encantaría decir que Sam Raimi concibió Posesión infernal en una noche de tormenta, mientras consultaba antiguos grimorios a la luz de las velas y los lobos aullaban en los bosques. Pero la verdad es algo más prosáica: en 1978, Raimi era un director en ciernes de 19 años, vástago de una (numerosa) familia judía, que decidió rodar un corto de miedo con sus amiguetes de Birmingham (Michigan) para ver si así conseguía llamar la atención de algún productor con ganas de jugársela. El filme resultante, Within the Woods, resultó un mediano éxito económico, puesto que se proyectaba como aperitivo antes de las sesiones de The Rocky Horror Picture Show en un cine local. Visto que, pese a todo ello, Hollywood no llamaba a sus puertas, Sam, su hermano Ted Raimi y sus colegas Robert Tapert y Bruce Campbell decidieron jugarse sus ahorros llevándolo al formato largo. A fin de lograr financiación, el equipo se hinchó a dar sablazos a amigos y familiares, y llamó a negocios de su localidad para venderles participaciones en el filme.

La sombra primigenia de Lovecraft

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Al igual que muchos otros maestros del terror, la noción del género del joven Raimi estaba marcada por la obra de H. P. Lovecraft y sus relatos. Así pues, el primer título barajado por nuestro héroe para su película fue Necronomicón, en honor al siniestro volumen de arcano saber que preside muchas historias del escritor. ¿Cuál era el problema? Pues que nuestro añorado Jess Franco había empleado ese nombre para uno de sus propios filmes. Sam optó entonces por The Book of the Dead [El libro de los muertos] hasta que su mecenas Irving Shapiro le recordó que “los adolescentes jamás irán a ver una peli con la palabra ‘libro’ en el título”. Escarmentado, Raimi optó finalmente por The Evil Dead [Los muertos malvados], título que una ‘creativa’ traducción al español transformó en Posesión infernal. En la primera película, el maléfico libraco aparece con el nombre de Naturyam Demonto, recuperando su título primigenio a la altura de la secuela Terroríficamente muertos.

Un gran amigo con una gran mandíbula

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¿Que sería de Posesión infernal y sus secuelas si no fuese por nuestro querido Ash J. Williams? Nunca lo sabremos, porque estamos demasiado ocupados recordando a Bruce Campbell, sus muecas y, sobre todo, su mandíbula batiente mientras despanzurra monstruos. Amigo de la infancia de Raimi y sus hermanos, Bruce solía protagonizar sus cortos “porque era el miembro de la pandilla que más les gustaba a las chicas”, y Posesión infernal fue su primer trabajo como actor (casi) profesional. Y no sólo eso, sino que también aportó dinero a la película y ejerció de ‘chico para todo’ en el rodaje. Actualmente, Campbell no sólo mantiene su amistad con el clan Raimi (busca sus cameos en la saga Spiderman, por ejemplo), sino que defiende orgulloso su condición de actor de serie B, como atestigua su libro de memorias If Chins Could Kill.

El nacimiento de un héroe (o así)

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“Ash es un inútil en todos los aspectos salvo en uno: matar muertos vivientes”. Son palabras de Bruce Campbell, y tendremos que tomarlas en serio, porque el héroe de Posesión infernal fue originalmente concebido para morir de forma horrible al final del filme. De hecho, Raimi le bautizó ‘Ash’ porque “su destino era acabar reducido a cenizas”. Pero el director se lo pensó mejor, para su bien y para el nuestro: de este modo pudimos disfrutar de sus hazañas, cada vez más excesivas, en Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas, así como de sus apariciones en cómics (Freddy vs. Jason vs. Ash) y videojuegos (The Evil Dead: Hail to the King The Evil Dead: A Fistful of Boomstick), concluyendo con la autoparodia Posesión demencial, dirigida y protagonizada por el propio Campbell en 2007. Eso sí: recordemos que, en este filme, Ash es un sujeto cobarde y tímido que sólo se espabila conforme sus amigos van sucumbiendo al horror. Su consagración como rey de las motosierras y las meteduras de pata llegaría con las secuelas.

La siniestra cabaña (de la muerte)

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El emplazamiento de Posesión infernal en una cabaña de los bosques de Tennessee no obedecía sólo a las necesidades del argumento, sino también a las del presupuesto: usar una choza abandonada en mitad de ninguna parte era la opción más barata y menos complicada. Pero, una vez desplazados hasta el lugar, Raimi y su gente descubrieron que la cabaña que pretendían emplear estaba llena de okupas, así que tuvieron que quedarse con otro edificio en estado ruinoso situado (según palabras textuales de Bruce Campbell) en “la carretera de ejem, ejem, en el pueblo de ejem, ejem, Tennessee”. El lugar se caía a pedazos, literalmente, y estuvo a punto varias veces de convertirse en una trampa mortal para los participantes, quienes se veían obligados a dormir en él. Exactamente 10 años después del fin del rodaje, la cabaña ardió hasta los cimientos. Según Sam Raimi, esto se debió a que fue alcanzada por un rayo. Según Bruce Campbell, a que un grupo de fans de la película organizaron un botellón en su interior, provocando el accidente al encender una hoguera.

Al director le gusta la sangre

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El epígrafe de este apartado no se refiere a la sangre en la pantalla, sino a la de verdad. Mientras Stanley Kubrick convertía la vida de Shelley Duvall en un infierno para aprovechar su gesto crispado en El resplandor, Raimi hacía lo propio con el reparto de Posesión infernal, con el lema de “El sufrimiento convierte la desgracia en terror”. Quien se llevó la peor parte fue Bruce Campbell: tras lesionarse una pierna , el actor tuvo que soportar repetidas injurias por parte de su presunto amigo, quien gustaba de llamarle “nenaza” mientras le pinchaba en la herida con un palo. Además, Campbell se llevó de recuerdo una cicatriz en la barbilla (dónde si no) cuando se hirió manejando la cámara durante uno de los travellings. La actriz Betsy Baker, por su parte, se quedó sin pestañas durante una de las sesiones de desmaquillado: Raimi se las arrancó al quitarle el látex de la cara de forma, digamos, demasiado entusiasta.

A falta de steadycam, buena es una tabla

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Si Sam Raimi rodó esta película con lo puesto, ¿cómo se las apañó para conseguir esos tracking shots que nos revelan el punto de vista de la entidad maligna? Pues atando la cámara a un tablón que luego Bruce Campbell y él levantaban en vilo. La pareja obtuvo las famosas tomas corriendo por los bosques a toda velocidad de esta guisa. Otra cosa no, pero ambos debieron abandonar el rodaje con unos bíceps enormes.

La alquimia de los fluídos purulentos

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¿Aspiras a ser director de cine? ¿Estás rodando una película de terror casera? Si es así, te interesará conocer la receta para sangre artificial usada por Sam Raimi en esta película: jarabe de maíz, sucedáneo de crema para café y colorante rojo. Para las tripas (verdes) de los zombies el ingrediente principal fue crema de maíz teñida de verde. Los espumarajos de los poseídos, finalmente, se hicieron a base de leche semidesnatada. Durante el rodaje de una escena, varias garrafas llenas de estos fluídos se volcaron encima de una cámara, estropeándola y, de paso, dejándola hecha un asco viscoso e innombrable.

¡Chúpate esa, Wes Craven!

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Como los fans del cine de terror advirtieron en su día, en la cabaña de Posesión infernal figuran los restos de un cartel de Las colinas tienen ojos, el clásico gore de Wes Craven. Lo cual, pese a lo que pueda parecer, no es tanto un homenaje como un desafío: en su filme de 1977 sobre paletos psicópatas, el futuro director de Pesadilla en Elm Street y Scream había incluido un poster de Tiburón para dar a entender al público que su filme asustaba más que el de Spielberg. Repitiendo la jugarreta en su propia cinta, Sam Raimi y sus secuaces lanzaban un órdago similar a Craven, considerado por entonces uno de los reyes del terror extremo.

La presunta misoginia del árbol violador

La escena en la que la pobre Cheryl (Ellen Sandweiss) sufre el ataque sexual de un vegetal poseído es una de las más terroríficas del filme. Y de las más trabajosas, también, porque fue realizada a base de stop motion. Sin embargo, en el guión original aparece descrita con una sola línea: “Los árboles atacan a Cheryl”. Raimi le dio su forma definitiva durante el rodaje, algo que, si bien dotó al filme con un momento cumbre, le acarreó muchos sinsabores: se trata de la escena de la película censurada en más países, acusándosela aún hoy de ser denigrante para las mujeres. Consciente de ello, Raimi afirmó arrepentirse de haberla rodado por ser “demasiado brutal”. Muy bien, Sam, pero entonces, [SPOILERS] ¿por qué has permitido que se repita en el remake? [/SPOILERS].

La aberrante cápsula de los secretos prohibidos

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Tras sufrir un rodaje tan accidentado, Sam Raimi y sus amigos decidieron dejar un testimonio perdurable del mismo. El método elegido fue una cápsula del tiempo, un recipiente sellado (en realidad, una caja de puros cerrada con cinta aislante) en el que fueron depositados la bombilla de un foco, un pedazo de una de las ramas del árbol violador y (si nos fiamos del director) un texto que explica el auténtico significado de la película. Desde entonces, muchos raimiadictos han tratado de desenterrar el misterioso contenedor, pero lo único que han conseguido ha sido llenar de socavones el predio donde se hallaba el edificio. Según Bruce Campbell, “Si quieres ir hasta allá y buscarla, llévate una pala, una escopeta y una motosierra: los lugareños tienen sus propios métodos para tratar con los intrusos”.

Una postproducción salida del infierno

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El 23 de octubre de 1980, tras pasar la friolera de 12 semanas perdidos en los bosques, sin poder ducharse, quemando muebles para combatir el frío y a la merced de un director demente, los creadores de Posesión infernal constataron que el rodaje se había terminado, y que podían volver a sus casas. ¿Estaba acabado el filme por fin? Pues más bien no: revisando los copiones, los hermanos Raimi y Bruce Campbell descubrieron que necesitaban repetir varias tomas, con lo que llamaron a sus ex compañeros… Para encontrarse con que estos no tenían el menor deseo de volver con ellos. ¿Cuál fue la respuesta del trío? Volver a rodar las escenas de marras, apareciendo ellos mismos como dobles de cuerpo de los desertores. Por supuesto, el uso de pelucas y sostenes con relleno fue de rigor para suplantar a las chicas. 

¿Cómo dices que se llama el montador?

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Tras todos estos padecimientos, Sam Raimi tenía entre manos una enorme cantidad de celuloide. 117 minutos, para ser exactos, que fueron reducidos a cerca de 85 por Edna Paul, una montadora de Detroit. Y, por casualidades de la vida, el ayudante de Edna Paul era un chaval judío de Minnesota llamado Ethan Coen. Exacto: el cincuenta por ciento de los hermanos Coen. Raimi y Bruce Campbell entablaron una entrañable amistad con Ethan y con su hermano Joel, a quienes ayudaron dos años más tarde con la financiación de Sangre fácil. El buen rollo se prolongó con los años: los Coen escribieron el guión de Ola de crímenes, ola de risas, segundo filme de Sam, mientras que el susodicho firmó para los hermanos el libreto de El gran salto. 

Un estreno multitudinario

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Con su película (titulada aún Book of the Dead) calentita entre las manos, Raimi quería estrenarla por todo lo alto. Y Bruce Campbell tenía muy claro dónde debía hacerlo: en el cine Redford de Detroit, el local donde vio sus primeras películas de terror siendo niño. El director y el actor trabajaron a fondo en el evento, tendiendo una alfombra roja, imprimiendo sus propios tickets y alquilando varias ambulancias para que montasen guardia fuera de la sala, por si algún espectador sufría un jamacuco durante la premiere. Tanto teatro dio sus frutos, en la forma de 1.000 entradas vendidas (el cine Redford tiene, actualmente, 1.500 localidades) y en un naciente interés de la industria por aquella película hecha con cuatro perras y que tanto miedo daba.

EE UU no la quería, pero Cannes sí

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¿Recuerdas el nombre de Irvin Shapiro? Exacto: el tipo que aconsejó a Raimi cambiar el título de la película. Pues resulta que, además del distribuidor que llevó a los cines La noche de los muertos vivientes, y de un amigo de Kubrick y otros grandes, Shapiro era uno de los fundadores del Festival de Cannes. De modo que, cuando Posesión infernal fue rechazada en bloque por las distribuidoras de EE UU, este amigo y mecenas de nuestro héroe consiguió que la cinta se proyectase, fuera de concurso, en el certamen francés. Ese mismo año (1982) Cannes acogió filmes tan dispares como Fitzcarraldo (Werner Herzog), Passion (Godard) y E.T. el extraterrestre, de Spielberg. Ignoramos si alguno de los autores de estas tres películas asistió al pase de Posesión infernal, pero quien sí estaba por ahí era cierto escritor de mediano éxito…

La bendición del señor de las tinieblas

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Uno de los espectadores de Posesión infernal en Cannes fue el mismísimo Stephen King, quien asistía al festival para presentar Creepshow, su colaboración con George A. Romero. Aun cabreado, suponemos, por el estreno de su odiada El resplandor, el autor literario de Carrie se entusiasmó con esta película, dedicándole una entusiasta reseña en la revista Twilight Zone, calificándola como “el filme de terror más original de 1982”. Dado que King gozaba ya de una fama mayúscula en todo el mundo, sus palabras fueron el acicate necesario para que una distribuidora (New Line) se hiciera por fin con los derechos del filme y lo llevase a los cines. Y, por supuesto, la frase del escritor figuró en su cartel de forma muy prominente.

La terrorífica censura británica

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Posesión infernal sólo se salvó de la calificación ‘X’ en EE UU gracias a los cortes de rigor, y su truculencia llevó a una prohibición en Alemania. Pero el apuro más gordo sufrido por la película tuvo lugar en el Reino Unido, donde la activista conservadora Mary Whitehouse proyectó fragmentos del filme durante una de sus intervenciones en el Parlamento. Atrapada en medio de una campaña contra el cine de terror, Posesión infernal figuró en la lista de los llamados ‘video nasties’, filmes cuya distribución doméstica estaba penada por el gobierno de Su Graciosa Majestad. El escándalo, azuzado por la prensa sensacionalista, llegó a una magnitud tal que Sam Raimi viajó a Londres en 1984 para testificar en un proceso por obscenidad, aunque el juez se negó a escuchar su declaración. Tras sufrir una nueva ración de cortes, la película pudo venderse en Gran Bretaña en 1990. Y, finalmente, su versión íntegra apareció allí en dvd en 2001.

El terror apócrifo que llegó de Italia

El nombre de Aristide Massacesi, alias Joe D’Amato, figura con letras de oro (falso) en la historia del cine más cutre, desvergonzado y pirata. Y también, para grave fastidio de Sam Raimi, en la de la saga Posesión infernal. Este señor, que lo mismo te dirigía una de bárbaros cachas (Ator el poderoso) que una gore (Gomia: Terror en el mar Egeo) o una porno (bueno, muchísimas porno, en realidad) posó sus rapaces ojos en los trabajos de Raimi y vio que aquello era bueno y, sobre todo, barato. De modo que, tras el estreno de Terroríficamente muertos en el país de la bota, donde llegó con el título de La casa II, D’Amato produjo tres secuelas no autorizadas al lado de las cuales tanto el filme original como sus entregas sucesivas parecen de James Cameron, por lo lujoso. Señalemos que la segunda de estas exploitations, Encuentro con la maldad (1988) contó con David Hasselhoff y Linda Blair como protagonistas. Uy, qué miedito…

Un beneficio de muerte

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Como ya hemos indicado, Posesión infernal contó con un presupuesto de cuatro céntimos y un chicle. Bueno, en realidad la cantidad barajada por Raimi y sus amigos en 1979 ascendía a cerca de 74.700 euros (ajustados). Lo cual no estaba demasiado mal, dadas las espartanas condiciones de la producción. Ahora bien, sus beneficios en cines ascendieron a 4,67 millones de euros (ajustados), una cantidad astronómica en proporción a la inversión inicial. Señalemos que Ethan Coen, quien curraba de contable cuando se estrenó el filme, pronosticó que este sufriría un fracaso apoteósico y que Raimi jamás volvería a dirigir: menos mal que no ha mostrado el mismo ojo clínico en sus trabajos como cineasta. En 1987, la secuela Terroríficamente muertos contó con 5,76 millones de euros como presupuesto de rodaje. Y El ejército de las tinieblas rompió los esquemas agenciándose 16 millones de euros para contarnos las correrías de Ash en una Edad Media con zombies.

¡Hay un musical!

En 2003, el horror primigenio desatado por Sam Raimi se materializó en la ciudad de Toronto (Canadá)… ¡Y esta vez con canciones! ¡Y con un alce que habla! Estamos hablando de Evil Dead: The Musical, una revisión bailarina y cachonda de la historia (aunque con muchos elementos de Terroríficamente muertos en su guión), que ha gozado de grandes críticas y de numerosos montajes internacionales. Estos últimos incluyen una versión española estrenada en Madrid en 2012 y que tendrá una reposición, también en la capital, el próximo 5 de abril. Te aconsejamos que no te lo pierdas, porque canciones tales que ¿Qué coño ha sido eso?, El baile del Necronomicón y Todos los hombres de mi vida acaban poseídos por demonios kandarianos son espantosamente buenas.

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