20 cosas que (probablemente) no sabías de ‘Blade Runner’

Celebramos los 35 años de la epopeya replicante con un informe que te hará soñar con unicornios (o con ovejas eléctricas).

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25 de junio de 2017

En su momento, fue una producción ambiciosa con resultados decepcionantes en taquilla. Después, se convirtió en un clásico de culto. Y hoy, a falta de dos años para ese 2019 que tan terrible y distópico parecía en sus imágenes, quedan pocas dudas de que Blade Runner es un clásico indiscutible del cine, en general, y del género de ciencia-ficción en particular. De hecho, nosotros nunca nos cansamos de verla, y como hoy se cumplen 35 años de su estreno en EE UU, hemos decidido celebrar la efeméride dedicándole un completo reportaje.

Armados con el imprescindible libro Blade Runner: Futuro en negro, de Paul M. Sammon, nuestro equipo ha recorrido los rincones más turbios de internet en busca de clones descarriados y unicornios de papel de plata. Si te gusta este recorrido por el mundo de los replicantes, recuerda que en esta misma web puedes ver joyas como los bocetos originales, los storyboards de la primera escena y las polaroids tomadas por Sean Young durante la producción, además de recordar esa maldición que (dicen) aquejó a las compañías que pusieron product placement en el filme. Y, finalmente, puedes repasar nuestras objeciones contra esa secuela (o precuela) que nunca acaba de llegar…

La larga transición a la pantalla

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Muy lejos todavía de la fama que le llegaría de forma póstuma (gracias, por cierto, a las adaptaciones de su obra al cine), Philip K. Dick publicó su novelita ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en 1968. El libro, que mezclaba las paranoias futuristas del autor con las constantes de un relato policíaco, atrajo la atención de varias figuras de Hollywood, algunas con tanto caché como Gregory Peck, quien se mostró muy interesado por su mensaje ecologista. Y también, todo hay que decirlo, la de un director novato llamado Martin Scorsese, quien no pudo hacerse con los derechos por falta de fondos. Aun así, el proyecto pasó por una larguísima travesía del desierto, que habría de durar más de una década, y que sólo tuvo visos de terminar cuando, en 1977, el productor Michael Deely compró un libreto escrito por Hampton Fancher, guionista debutante que jamás volvería a firmar un trabajo de envergadura.

El tebeo que lo cambió todo

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A Ridley Scott, un director inglés con mucha reputación en el campo publicitario, la ciencia-ficción no le gustaba demasiado. Pero si gozaba de crédito en Hollywood se debía a ella, y más concretamente a la visión del género que había entregado en Alien, su segundo largometraje. Cuando le llamaron para dirigir Blade Runner, Scott acababa de salir con cajas destempladas de uno de tantos intentos por adaptar Dune al cine (ese que, con resultados de todos conocidos, retomaría David Lynch) y su llegada a la producción obró como el proverbial elefante en la cacharrería: además de exigir un incremento en el presupuesto y una reescritura del guión de Fancher (el encargado de esta última sería David Peoples, futuro libretista de Sin perdón), el cineasta llevó consigo un libro de estilo en forma de cómic. Se trataba de The Long Tomorrow, una historieta firmada por sus colegas de Alien Moebius y Dan O’Bannon. Si quieres saber por qué The Long Tomorrow es considerado “el tebeo de 16 páginas más influyente de la historia del cine”, échale un vistazo a este reportaje.

El escritor yonqui vende su título

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Todos estamos de acuerdo en que ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? no es, precisamente, el título más pegadizo de la historia. Por ello, el proyecto para adaptar la novela al cine necesitaba ser rebautizado: tras el primerizo Dangerous Days (que, finalmente, serviría para titular un making of de la película) se optó por comprar el nombre de un guión firmado por el mismísimo William S. Burroughs. Tan drogadicto como Dick (aunque sus sustancias de cabecera fuesen otras), el autor de El almuerzo desnudo había titulado así una historia de ciencia-ficción distópica basada en una novela de Alan E. Nourse. La cual, todo hay que decirlo, no tiene nada que ver ni con los replicantes, ni con los coches voladores, pero sí con la ingeniería genética.

El laberinto del cásting

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Para interpretar a Rick Deckard, cazador de clones en crisis existencial, se barajaron los nombres de muchísimos intépretes. Tantos, de hecho, que si nos dicen que les practicaron el test de Voight-Kampf durante las audiciones, nos lo creemos. El que más cerca estuvo de hacerse con el papel fue Dustin Hoffman, pero también figuraron en la lista Robert Mitchum, Tommy Lee Jones, Christopher Walken, Gene Hackman, Jack Nicholson, Al Pacino, Sean Connery, Robert Duvall y un semidesconocido austríaco llamado Arnold Schwarzenegger. Eso por citar sólo a unos pocos de los más de 20 candidatos.

El terrorífico sombrero de Harrison Ford

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Atendiendo a un consejo de Steven Spielberg, Scott se decidió finalmente por fichar a Harrison Ford: un actor de fama creciente, gracias a Star Wars, pero cuyo caché se mantenía (aún) en términos razonables. Eso sí, Ford acababa de rodar por entonces En busca del Arca perdida, y eso se tradujo en una anécdota que puso en jaque al departamento de vestuario. Dejemos que sea el propio Scott quien nos lo explique: “Harrison firmó su contrato [para rodar Blade Runner] en 1980, pero yo me lo encontré una noche después de un día de rodaje. Él condujo hasta Londres, y todavía no se había quitado el maldito sombrero que llevaba para hacer de Indiana Jones. Yo lo ví, y me dije ‘¡Oh, mierda!’, porque hasta entonces nos habíamos imaginado a Deckard con sombrero, como los detectives de las películas de cine negro”. La decisión de Scott tras ese chasco fue bastante pragmática: “Me dije, ‘bueno, si no hay sombrero, habrá que cortarle el pelo’. Y así nació el peinado de Rick Deckard”.

¿Cómo se viste un replicante?

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Muy fan por entonces del trabajo de Paul Verhoeven (¡vaya, qué casualidad!), Scott tenía muy claro que su actor fetiche, Rutger Hauer, debía dar vida a Roy Batty, el líder de los replicantes Después de firmar el contrato, Hauer decidió gastarle una broma al director presentándose ante él con las ropas que, a su juicio, debería vestir un esclavo clónico del año 2019: gafas de sol verdes “como las de Elton John”, pantalones de vinilo rosa y una camiseta blanca que dejaba ver su ombligo. Como guinda final, Hauer se dio un tinte de pelo rubio platino. Según el testimonio de una de las ayudantes de producción, Scott casi se desmaya del susto al verle de esa guisa.

‘El infierno de Ridley’

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Aliado con el experto en efectos especiales Douglas Trumbull y el diseñador de producción (o, en como prefiere él mismo, “futurista visual”) Syd Mead, Scott echó el resto en todo lo referente a la ambientación y los efectos visuales. Además de un plató tan lleno de detalles que acabó siendo apodado ‘Ridleyville’, las joyas de la corona de Blade Runner fueron dos maquetas: una de ellas era una vista aérea de la ciudad, empleada para las secuencias de despegue y aterrizaje del spinner, y en cuya construcción se utilizaron piezas de desecho tales que un modelo del Halcón Milenario. La otra maqueta representaba el paisaje industrial en el que comienza la película, y en ella se pusieron a prueba técnicas de todo tipo, desde cables de fibra óptica (casi 10 kilómetros en total) para iluminar las ventanas de los edificios a un aceite mineral vaporizado que representaba la polución del aire. Tan ominoso resultó el producto final, que los técnicos lo llamaban ‘El Hades’ y ‘El infierno de Ridley’.

Harrison contra Ridley (y contra Sean Young)

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Jornadas de rodaje extenuantes, un director perfeccionista hasta lo maniático, un guión que no entendía casi nadie y constantes vaivenes en el presupuesto: decididamente, el rodaje de Blade Runner estuvo lleno de desgracias. Acentuadas, además, por un ‘pequeño’ detalle: al actor principal, la película le parecía una soberana bazofia. Además de Ridley Scott, quien estuvo peleándose con él desde el primer día de rodaje hasta el último, la mayor víctima del descontento de Harrison Ford fue Sean Young. Según varios testimonios, la intérprete de Rachael tuvo que sufrir contínuos desplantes por parte de Harrison, algo que llegó a su paroxismo durante la escena en la que el detective y la replicante se enrrollan en el apartamento de Deckard. De hecho, el productor Michael Deeley suele referirse a ese momento como “la violación en el pasillo”.

Daryl se maquilla, y Rutger improvisa

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Mientras Harrison Ford, Sean Young y Ridley Scott libraban su guerra personal, los actores que daban vida a los replicantes parecían tomarse mucho más en serio la película. Además de sacarle partido a su entrenamiento como gimnasta, Daryl Hannah se jugó los ojos (literalmente) para la escena en la que su personaje se pinta la cara usando un aerógrafo: a fin de que la sirena de 1,2,3… ¡Splash! no corriera (demasiado) peligro, el maquillador Marvin Westmore tuvo que tomarla del brazo y guiar sus movimientos “como si fuera una marioneta”. En cuanto a Rutger Hauer, llevó su contribución mucho más lejos: el famoso soliloquio final de Batty fue parcialmente improvisado por él frente a la cámara. Por ejemplo, las palabras “Todas esas cosas se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia” no estaban en el guión de David Peoples, y salieron del magín del actor.

La paloma que no quería volar

Otra de las ideas que Rutger Hauer aportó al final de Blade Runner fue que Roy Batty tomase en sus manos a una paloma durante sus últimos momentos de vida. Ahora bien, por muy emocionante que resulte en la pantalla, eso no hizo más que añadir nuevas dificultades a la postproducción. Porque, como Ridley Scott comprobó muy a su pesar, “las palomas no vuelan cuando tienen las plumas mojadas”. “El pajarraco agitó las alas un par de veces, y saltó a las rodillas de Rutger, para de ahí bajar del suelo e irse caminando tranquilamente”, narró Scott años después, precisando que tuvo que remediar el chasco durante la postproducción, con un truco de montaje que, a su vez, provocó un fallo en el raccord de luz de la escena.

Edward James Olmos habla otras lenguas

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Pese a que su papel de Gaff, el policía torvo y arribista, es más bien breve, Edward James Olmos se tomó su preparación con mucho rigor. De hecho, la interlingua (el galimatías de idiomas en el que se expresa el personaje) tomó forma tras unas cuantas visitas del actor a la academia de idiomas Berlitz de Los Ángeles. “Hablarlo era una putada y media, pero aportaba algo al filme”, comentó Olmos. Y, tras leer transcripciones tales que “Señor, adana kobishin angum bi-te” o “Capitán Bryant toka, meni-o mae-yo”, donde se combinan palabras en español, francés, chino, alemán, húngaro y japonés, no resulta difícil creerlo.

¿Dónde está el quinto replicante?

“Tengo a cinco pellejudos sueltos en las calles”, le decía el siempre desagradable capitán Bryant a Rick Deckard. Pero, un momento… ¿Cinco replicantes? ¿Por qué dice eso, si en el filme sólo salen cuatro? Pues se debe a la combinación de los inevitables cambios de guión a última hora y de los ya comentados apuros en el rodaje: además de un otro replicante (varón) que murió durante la fuga (“Se abrasó en un campo de fuerza”), en el guión de Fancher y Peoples figuraba un clon, una mujer llamada Mary, que debería haber sido interpretada por la actriz Stacey Nelkin. En plena producción, dicho personaje fue eliminado por problemas con el presupuesto. Y, por la misma razón, el diálogo entre Bryant y Deckard no volvió a rodarse. Lo cual provocó teorías conspirativas de todo tipo, la mayoría relacionadas con cierto unicornio de papel de plata…

“¿Sí, jefe? ¡Mis cojones!”

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Una de las anécdotas más delirantes en un rodaje tan desquiciado como el de Blade Runner fue la llamada ‘Guerra de las camisetas’. Todo comenzó cuando, en una entrevista, Scott soltó que prefería trabajar con equipos de rodaje ingleses, “porque, cuando les dices algo, se limitan a decir ‘Sí, jefe’ y a obedecerte”. El personal de la película, que ya andaba bastante quemado por entonces, replicó presentándose en el plató vistiendo camisetas estampadas con la leyenda “Yes Guv’nor? My ass!”, cuya traducción aproximada al español sirve de título a este epígrafe. Scott y los demás miembros británicos del equipo contestaron, a su vez, con otras camisetas en las que se leía “La xenofobia apesta”.

“Fluyan mis lágrimas”, dijo Philip K. Dick

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En medio de tanto cataclismo, Blade Runner tuvo una rara fortuna: recibir la bendición del autor del libro original, un sujeto cuyas espantadas eran legendarias entre el fandom. Tras haber manifestado su rechazo al guión de Hampton Fancher (“Era como ‘Philip Marlowe contra Las mujeres perfectas”, bromeó), y habiendo comentado previamente que Alien no le gustaba un pelo, Dick fue invitado a visitar el rodaje por Ridley Scott, quien además le proyectó veinticinco minutos de película. Viendo los copiones, el escritor se emocionó hasta las lágrimas: “Era mi mundo interior: lo habían captado perfectamente”, afirmó más tarde, para después elogiar . Además, pese a que ¿Sueñan los androides…? y el argumento de la película se contradecían en muchos aspectos, Dick le quitó hierro al tema sentenciando que ambos textos eran “complementarios”. Por desgracia, Philip K. Dick murió en marzo de 1982, meses antes del estreno de la película, y no pudo beneficiarse de la fiebre dickiana que esta levantó.

Ridley contra Vangelis: la batalla de la banda sonora

Malas relaciones laborales, actores descontentos, palomas que se niegan a volar… ¿Es que no hubo ningún aspecto de Blade Runner que se librara de las desgracias? Pues no: incluso la producción de la banda sonora, y su posterior publicación, supusieron un calvario. El teclista y compositor Vangelis se peleó con el director por razones nunca desveladas del todo, y pese a haber sido nominada a un BAFTA y un Globo de Oro, la música de la película permaneció inédita durante años. Cuando por fin llegó al mercado discográfico fue en una versión para orquesta de la que reniegan los fans. Los sonidos creados por Vangelis sólo pudieron escucharse en grabaciones piratas, primero, después en el recopilatorio Vangelis: Themes y, a partir de 1992, en una edición remezclada. Para colmo, el compositor griego lanzó en 2007 una edición especial en dos discos que deja fuera momentos tan emblemáticos como el tema final. Lo más parecido a una versión integral de la BSO de Blade Runner es la llamada Esper Edition, elaborada de forma pirata, y que abarca cerca de dos horas de música.

¿Quién ha escrito la voz en off?

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En julio de 1981, los productores de Blade Runner despidieron a Ridley Scott por haberse pasado con las fechas y con el presupuesto. La jugada no les salió bien, y el director fue readmitido, pero los financieros se lo cobraron con creces al año siguiente, durante la postproducción del filme. Los pases previos, celebrados en Denver y en Dallas, demostraron que la película era demasiado rara para ese público que se había quedado ojiplático con El Imperio contraataca en 1981. Así que la compañía Tandem, convencida hasta el momento de que tenía un blockbuster entre manos, impuso cambios tales que la voz en off, algo que ya estaba presente en el guión original pero que David Peoples y Ridley Scott habían juzgado oportuno eliminar. Aunque corrió durante muchos años la leyenda de que Harrison Ford había leído el texto con desgana, para que así Tandem no tuviese más remedio que descartarlo, el actor lo niega: “Yo hice lo que pude, el problema es que la narración era una mierda”, comentó. Finalmente, tanto Peoples como Hampton Fancher afirman que el texto de la versión estrenada de la película no era el suyo, sino un apaño redactado a toda prisa por algún secuaz de Tandem.

El falso final feliz

Además de la narración en off, la alteración de Blade Runner que más irrita a los fans y a Ridley Scott es ese final feliz cuya condición de pegote añadido a última hora canta de lejos. Según leemos en el libro de Paul M. Sammon, la génesis de dicha escena fue tan atribulada como todo lo demás en la película: Ridley Scott sí que contaba con que, tras la muerte de Batty, Deckard y Rachael abandonasen Los Ángeles en coche. Sólo que la película debía mostrarles a ambos internándose en un desierto, dejando claro que se dirigían allí para morir en paz. Bien fuera porque Scott no se decidía, bien porque el presupuesto no daba para más, dicho momento no se rodó nunca. Cuando los productores impusieron una conclusión más optimista, el director no tuvo más remedio que llamar a Stanley Kubrick para que este le cediera planos no usados en El resplandor, amén de llevarse a Harrison Ford y Sean Young a los bosques de Cedar Lake, cerca de Los Ángeles, para lo que el diseñador de efectos especiales Ivor Powell recordó como “el día más agradable del rodaje, porque sabíamos que todo iba a acabarse pronto”.

¿Cuántos montajes hay?

Como nos revelan los comentarios de los productores, el montaje estrenado de Blade Runner no satisfizo a nadie. Lo cual quedó confirmado, en apariencia, por las malas críticas y unos resultados comerciales más bien mediocres. Con los años, el filme se ganó su presente estatus de culto, con lo que dos versiones previas (las denominadas “copia de trabajo” y “versión de San Diego”) circularon de forma pirata. Más adelante, se realizaron nuevos remontajes, uno para la edición en laser disc de Criterion y otro, censurado, para las emisiones televisivas. En 1997, Ridley Scott dio su visto bueno a un presunto “montaje del director” (en el cual, realmente, no tuvo mucho que ver), para publicar en 2007 una “edición definitiva”, con retoques digitales. A estos siete montajes, reunidos en un cofre de dvd, habría que sumar una versión de cuatro horas cuya existencia niegan casi todos los implicados, pero que se menciona en el documental Dangerous Days.

Cómics, videojuegos y novelas

En los 80, era habitual que las películas orientadas al público juvenil tuviesen su versión en forma de tebeo, y Blade Runner no fue una excepción: el cómic fue lanzado en forma de novela gráfica (primero) y miniserie (después) por Marvel. Como el guionista Archie Goodwin tuvo acceso al guión original, en sus viñetas figuran diálogos eliminados o reescritos durante el rodaje, así como una narración bastante superior a la que se escuchó en el filme y un final algo diferente. Además, sus lectores podrán descubrir qué pasó exactamente en las Puertas de Tannhauser. Las secuelas literarias del filme, obra del amigo de Dick K. W. Jetter, aparecieron entre 1995 y 2000, y es poco probable que sirvan como punto de partida a la secuela. Finalmente, ningún repaso al mundo de Blade Runner estaría completo sin mencionar los videojuegos basados en el filme: el primero, bastante poco aprovechable, apareció en 1985 para ordenadores de 8 bits, y por problemas legales afirmaba ser “una adaptación de la banda sonora de Vangelis”. En 1997, eso sí, apareció otro videojuego titulado Blade Runner, obra de Westwood Studios y considerado como una de las mejores aventuras gráficas de la historia.

¿Es Deckard un replicante?

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Lector, seguro que si has llegado hasta aquí te estás frotando las manos: nos hallamos ante el tema más controvertido y polémico que rodea a Blade Runner. Y, tras analizar todas las fuentes a nuestro alcance podemos decir que no tenemos ni idea, más que nada porque los responsables tampoco la tienen. Inicialmente, tanto los guionistas como Ridley Scott partían de la base de que el cazador de clones era humano, pero por lo visto el director se enamoró de la idea durante la producción, incluyendo detalles como el famoso unicornio de papel de plata. En 1982, el director se limitaba a decir que era “una posibilidad interesante”, y en 2000 confirmó que las sospechas de los fans eran ciertas, y que el protagonista era el famoso quinto pellejudo. Harrison Ford afirma que, durante el rodaje, el tema ni se mencionó, mientras que Rutger Hauer aporta la que (para nosotros) es la visión más acertada de la controversia: “¿A quién le importa que Deckard sea un replicante? Lo único que importa es que, en el fondo, se comporta como una máquina”.

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