Maribel Verdú cumple 50 años: 9 curiosidades que (quizás) desconocías

Con más de 80 películas y un buen puñado de galardones a sus espaldas –el Premio Nacional de Cine incluido–, la actriz Maribel Verdú ha conquistado a varias generaciones de espectadores.

La madrileña, que se ha puesto a las órdenes de los directores más prestigiosos de dentro y fuera de España, cumple 50 años y en CINEMANÍA hemos querido contar nueve curiosidades que (posiblemente) desconocías acerca de su vida y carrera.

Por ÁLEX ANDER

Manzanas podridas y carreras de rallies

Maribel Verdú estudió en un colegio religioso y, cuando estaba empezando su carrera, las monjas de su escuela, totalmente escandalizadas, le comentaban a menudo: “Hay una manzana podrida en esta clase que va a contagiar a todas las demás”.

La actriz terminó cambiando la escuela por un instituto y, a los quince años, decidió abandonar definitivamente los estudios.

Cuando a veces le preguntan qué hubiera sido de no ser actriz, ella dice que le habría gustado convertirse en piloto de rallies o presentadora de telediario.

La pérdida de la virginidad

Verdú, que comenzó su carrera currando como modelo en anuncios publicitarios para empresas como El Corte Inglés o McDonald’s, perdió la virginidad en la gran pantalla a los catorce años, mucho antes que en la vida real.

Lo hizo con el actor Fabio Testi, en la película El sueño de Tánger (1991), dirigida por Ricardo Franco.

“Yo he hecho todo en el cine antes que en la vida real”, bromea a veces al respecto.

Benditos desnudos

Durante años, la actriz –a la que muchos siguen considerando un icono sexual del cine–, fue la auténtica Lolita del cine español. Llegó a protagonizar varias portadas de la desaparecida Interviú y ha comentado que, si se hubiera negado a aparecer desnuda en ciertas películas, se habría perdido algunas de las mejores cintas de su carrera, como Amantes o La buena estrella.

Su fama ha sido siempre tal que hubo una época en que algunos fans robaban los pósters con su imagen en ropa interior de las marquesinas de autobuses de la ciudad de Ávila.

La mejor llorona

Quien conoce la filmografía de Verdú –a quien muchos allegados llaman Bel de forma cariñosa– sabe que la actriz ha sufrido mucho en sus películas.

De hecho, hubo una época en que protagonizaba casi todos los filmes ambientados en la Guerra Civil o la posguerra que se hacían. Y, como es lógico, en esa época le tocó pasar hambre y llorar mucho frente a las cámaras.

Pero ella nunca ha tenido problema para fingir un llanto. Es más, el cineasta Bigas Luna, con quien rodó Huevos de oro (1993), dijo de ella que era la actriz que mejor llora del cine español.

Evita ver sus películas

Disfruta mucho yendo al cine pero, al igual que les ocurre a muchas otras actrices, Verdú es de las que evitan a toda costa ver sus propias películas.

Dice que suele pasarlo bastante mal el día del estreno de sus filmes y, de hecho, se toma siempre un lexatín antes de acudir a la concurrida cita; aun así, es raro que no le suden las manos.

No le gusta nada verse, ni oírse, y nunca vuelve a ver sus películas después de los eventos de presentación.

Época de sequía

Aunque lleva unos cuantos años encadenando un proyecto con otro, Verdú vivió una muy mala racha profesional tras triunfar con Y tú mamá también (2001).

Poco después de estrenar esta comedia dramática de Alfonso Cuarón, el teléfono dejó de sonar. La actriz estuvo dos años y medio sin rodar una película, y llegó a pensar que los directores se habían olvidado de ella.

Durante esa complicada etapa, se apoyó muchísimo en su marido, el productor teatral Pedro Larrañaga.

Por fortuna, su suerte cambió por completo el día que Guillermo del Toro la llamó para aparecer en la exitosa El laberinto del fauno (2006). Desde entonces, no ha vuelto a parar (y triunfar).

Pasando de Hollywood

Está claro que Maribel Verdú es un producto genuino del cine patrio. Aunque ha recibido varias ofertas de la meca del cine –una de ellas para interpretar a la superheroína Elektra en Daredevil (2003) –, finalmente nunca se ha animado a dar el salto a Hollywood.

Por cobardía, y porque no se ve viviendo en otro sitio que no sea España. “Se está mucho mejor aquí. No me compensa estar alejada de la gente a la que quiero y de mi sitio”, confesaría una vez.

Devoradora de libros

Verdú siempre ha sido muy buena en letras y, desde pequeñita, es una gran aficionada a la lectura.

No en vano, siendo aún una cría su abuelo materno le hacía leer novelas como Peñas arriba, de José María de Pereda. Ya con 12 años se leyó la estremecedora A sangre fría, de Truman Capote.

Actualmente, la actriz siempre lleva un libro encima para entretenerse y, de algún modo, matar el tiempo muerto en los rodajes.

Ni tele ni ordenador

Verdú, que no tiene hijos, colecciona pingüinos y dice que no cocina nunca porque es algo que detesta.

Aunque tiene teléfono móvil y usa una tablet para leer guiones, pasa de tener en casa ordenadores o televisor. Solo suele poner la tele un rato en los hoteles, antes de salir a rodar.

Tampoco es muy amante de las redes sociales —estuvo unos años en Facebook, pero hoy día solo usa Instagram—. En cambio, sí que adora dormir, hace mucho deporte y lleva años practicando yoga.

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