CRÍTICA

Zombeavers

6

Por
02 de marzo de 2015

Tres mozas con la cabeza a pájaros, tres gañanes de fraternidad universitaria, un perro llamado Gosling y una horda de roedores semiacuáticos mutantes: por si su título poco sutil (en inglés, "castor" tiene unas resonancias similares a las de "conejo" en castellano) y unos títulos de crédito en la tradición de Scooby Doo no lo dejasen lo bastante claro, Zombeavers se esfuerza por hacernos saber que, en sus premisas, no hay nada que pueda tomarse remotamente en serio.  De forma similar a Piraña 3D , esta película es una larga broma a costa de los estereotipos del terror ochentero. Algo que puede resultar tan cargante, si no se entra en su juego, como encantador, si se la toma con la intrascendencia que merece. Es cierto que, tras ese bulldozer demoledor de tópicos que fue La cabaña en el bosque, nunca volveremos a ver filmes como éste de la misma manera. Pero también es verdad que Zombeavers  pone todas sus energías en recalcar su condición de chiste: es de agradecer, por ejemplo, que los castores asesinos sean animatronics realizados a partir de una toalla marrón y los dientes postizos del abuelo, en lugar de engendros CGI. Esta cutrez intencionada se complementa con dobles sentidos que harían arquear la ceja al Pedro Vera de Ortega y Pacheco, así como (puestos ya a profundizar) alguna subversión que otra de los estereotipos del género. El conjunto resulta una fiesta destroyer, celebrada a mayor gloria de las sesiones golfas y los videoclubes de barriada, en la que sus autores nos invitan a participar. Y es en esa generosidad, precisamente, donde reside su mayor mérito.

Tres mozas con la cabeza a pájaros, tres gañanes de fraternidad universitaria, un perro llamado Gosling y una horda de roedores semiacuáticos mutantes: por si su título poco sutil (en inglés, “castor” tiene unas resonancias similares a las de “conejo” en castellano) y unos títulos de crédito en la tradición de Scooby Doo no lo dejasen lo bastante claro, Zombeavers se esfuerza por hacernos saber que, en sus premisas, no hay nada que pueda tomarse remotamente en serio.  De forma similar a Piraña 3D , esta película es una larga broma a costa de los estereotipos del terror ochentero. Algo que puede resultar tan cargante, si no se entra en su juego, como encantador, si se la toma con la intrascendencia que merece.

Es cierto que, tras ese bulldozer demoledor de tópicos que fue La cabaña en el bosque, nunca volveremos a ver filmes como éste de la misma manera. Pero también es verdad que Zombeavers  pone todas sus energías en recalcar su condición de chiste: es de agradecer, por ejemplo, que los castores asesinos sean animatronics realizados a partir de una toalla marrón y los dientes postizos del abuelo, en lugar de engendros CGI. Esta cutrez intencionada se complementa con dobles sentidos que harían arquear la ceja al Pedro Vera de Ortega y Pacheco, así como (puestos ya a profundizar) alguna subversión que otra de los estereotipos del género. El conjunto resulta una fiesta destroyer, celebrada a mayor gloria de las sesiones golfas y los videoclubes de barriada, en la que sus autores nos invitan a participar. Y es en esa generosidad, precisamente, donde reside su mayor mérito.

No es 'Piraña 3D', pero algo queda: risas garantizadas para quienes entren en su juego.

SINOPSIS:

Zombeavers no es la clásica película de zombies. Y es que, en esta ocasión, los muertos vivientes son un grupo de castores en medio del monte. Un grupo de jóvenes acude a una casa rural y siente interés por estos roedores tan simpáticos, pero enseguida se dan cuenta de que algo va mal. A partir de aquí se suceden las situaciones cómico-terroríficas y ninguno está a salvo de ellas.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , , ,

GUIÓN:

PAIS: EE UU

DURACIÓN: 85 min.

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: A CONTRACORRIENTE FILMS

ESTRENO: 06 de Marzo de 2015

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