CRÍTICA

Trote

4

Por
10 de diciembre de 2018

Existe una herramienta enervante en la escritura de guiones para añadir un plus de sorpresa a posteriores revelaciones que consiste en nombrar a personas u objetos clave del argumento con pronombres o sustantivos lo bastante ambiguos como para no significar nada por sí mismos. Así, cuando más tarde se desvela la identidad omitida, los protagonistas pueden asombrarse y el público preguntarse por qué los personajes que lo sabían todo se comunicaron de manera tan antinatural. Hay un recurso equivalente en cierto cine de autor cotizado en festivales que elide información como estrategia. A veces es raspar la narración
de lo sensorial y quedarse con espacios, cuerpos y silencios –Xacio Baño sabe bien manejar esos elementos; lo demostró en los cortos Ser e voltar o Eco, que presentó en Locarno, igual que su debut en el largometraje–; otras, el mutismo y la omisión deliberada más que reflejar incomunicación parecen atajos hacia una profundidad ausente de las imágenes. En Trote una familia gallega desligada se recupera de la muerte de uno de sus miembros coincidiendo con la celebración de la Rapa das bestas, el ritual del corte de las crines de los caballos. Cuando Baño captura la fisicidad del acto, esa animalidad impulsa la película casi tanto como la magistral actuación de María Vázquez. Lo que ocurre entre las paredes del drama doméstico, se calla

¿Acaso no matan a los caballos? Este drama familiar queda en la superficie.

SINOPSIS:

Hija de. Hermana de. Carme vive en una aldea de las montañas del interior de Galicia rodeada de caballos. Su hermano mayor, Luís, vuelve a casa por unos días. ¿Cómo se le cierra el paso a un animal que necesita escapar? Fuera de la casa, las bombas que anuncian la fiesta no se dejan escuchar a través de los cristales.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 83 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Atera Films

ESTRENO: 14 de Diciembre de 2018