CRÍTICA

Temblores

8

Por
31 de agosto de 2020

Cruel e inexorable, aplicada históricamente tanto a traidores como a leprosos y parricidas, la muerte civil es una pena que despoja a su víctima de cualquier derecho o vínculo social. Y aunque no venga dictada por ningún juez, sino por una combinación de fe cerril y puritanismo de clase, esa es la condena que cae sobre el protagonista de Temblores, un vástago de la alta burguesía de Guatemala que decide salir del armario. Tras arrasar en los festivales con Ixcamul, Jayro Bustamante sube de las cabañas a los palacios para espeluznarnos mediante un relato tan emparentable con el Fassbinder melodramático como con Joseph Losey o Lucrecia Martel (esas burbujas sociales de luz color ceniza) cuyo personaje principal es metódicamente aplastado por su propia familia.

Ceremonias religiosas que son más bien bombardeos por saturación, amenazas formuladas con una sonrisa, grabaciones de autoayuda que instan a las mujeres a someterse y (no podían faltar) esas terapias de conversión cuyos horrores son demasiado describibles forman el mundo de una película cuya sutileza deja a medio revelar elementos que hablan por sí solos, tanto en lo referido a los personajes y a la trama (ese hermano ansioso por yacer con su cuñada) como al papel de las iglesias evangélicas como tentáculos del imperialismo yanqui en Latinoamérica. Tomémosla como el retrato de una situación irrespirable o, mejor aún, como una advertencia.

La ‘familia tradicional’, ese instrumento de tortura.

SINOPSIS:

Pablo es un cristiano evangélico que vive en Guatemala junto a su mujer y sus dos hijos. Sin embargo, todo cambia cuando se enamora de Francisco y decide abandonar la vida de su devota familia. Sus familiares antepondrán en todo momento su fe, aferrándose a su 'curación'.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Guatemala

DURACIÓN: 107 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 04 de Septiembre de 2020

ETIQUETAS:

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