CRÍTICA

Onward

6

Por
02 de marzo de 2020

La premisa de la que parte Onward es de lo más interesante: en el fantástico mundo de los elfos, seres azules de orejas picudas, la magia se ha desvanecido. El pragmatismo ha vencido a la ilusión. La tecnología ha derrotado al artesano. ¿Quién quiere molestarse en aprender un conjuro para hacer fuego cuando puedes iluminar una habitación con una bombilla? ¿Por qué va a galopar un centauro si puede ir en coche? Lo cierto es que eso mismo se puede decir de la película. ¿Qué ha ocurrido con Pixar? ¿Qué ha ocurrido con su magia?

Onward no es ni mucho menos una mala película. Tiene momentos brillantes, con una panda de moteras aladas y robaescenas salidas de la iconografía de Clint Eastwood y su Duro de pelar. También un clímax final a medio camino entre el arte povera, el reciclaje y, sobre todo, la magnífica Kubo y las dos cuerdas mágicas del Estudio Laika.

El caso es todavía más desasosegante si tenemos en cuenta que Onward, casi con toda probabilidad, es el filme más “autoral” de la casa de la lamparita. No nos cuenta una historia, nos cuenta la vida de su director, Dan Scanlon, de cómo superó junto a su hermano el duelo de la muerte de su padre. Y, además, lo hace introduciendo personajes absolutamente atípicos como una viuda que ha rehecho su vida con un centauro (¿alguien dijo, ejem, animalismo?), desastrados y malcarados unicornios callejeros salidos directamente de los créditos de Banksy para Los Simpson, o la muy publicitada cíclope lesbiana. Pero son notas al pie, fogonazos que no tienen el desarrollo que merecen y que sí les hubieran dado en el pasado.

En los últimos cuatro años, Pixar ha estrenado cinco películas y cuatro han sido secuelas. Da la sensación de que se han dejado atrapar, como los personajes de Onward, como los humanos barrigudos de Wall-E, por la molicie, por una cierta complacencia, por la aversión al riesgo que impregna el Hollywood contemporáneo. Cierto, la quinta en cuestión es Coco, con la que Onward comparte la reflexión sobre la muerte, pero salvo esa excepción, los productos de la compañía que un día maravilló al mundo carecen del componente esencial de sus inicios.

El virtuosismo técnico se les presupone, pero les falta ese algo intangible que siempre estaba presente en sus primeras películas. Les falta magia. Onward es convencional, probablemente lo peor que se puede decir de una película de Pixar, de quien siempre esperamos más. Tal vez el mejor reflejo lo tengamos en su narrativa, tan estructurada y perfecta que no deja espacio para la sorpresa. Los protagonistas deben seguir un juego de rol, y cumpliendo sus reglas se construye la película: hay que conseguir un mapa, decidir qué camino seguir, superar los obstáculos, pedir ayuda para vencer las dificultades… Parecen olvidar que, en los juegos de rol, la verdadera magia no está en las cartas ni en el tablero, sino en la oportunidad que ofrecen de interactuar con tus amigos. Los personajes de Onward consiguen recuperar esa magia; la película, desgraciadamente, no.

Una partida de rol tan perfecta como desapasionada.

SINOPSIS:

En el fantástico mundo de los elfos, la magia se ha desvanecido. Nadie la necesita. Sin embargo, dos hermanos adolescentes deciden embarcarse en una aventura para ver si aún sigue existiendo, y así traer de vuelta a su padre fallecido. Muy pronto los problemas se sucederán uno tras otro ante sus propias narices.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 103 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Disney

ESTRENO: 06 de Marzo de 2020