CRÍTICA

Nuestra vida en la Borgoña

6

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25 de septiembre de 2017

La principal característica que une a los personajes del cine de Cédric Klapisch es el proceso de autodescubrimiento que viven en pantalla. Basta con echar un vistazo a la trilogía que comenzó con Una casa de locos, en la que el estudiante de Erasmus francés terminaba por ser un padre de familia en Nueva York, o Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario), donde una cámara de informativos se convertía en atracadora. El protagonista de su nuevo filme es, además, un hijo pródigo, parábola retratada en pantalla hasta la saciedad. Al enterarse de la inminente muerte de su padre, Jean regresa a un hogar que abandonó 10 años antes, huyendo de la presión paternal. Allí lo esperan sus hermanos, Juliette y Jérémie, y el negocio familiar: un viñedo.

Klapisch moldea una película amable sobre las dinámicas familiares, abrazando intencionadamente todos los clichés del género: el padre autoritario, la huida del primogénito, el reencuentro, la consabida herencia, la simbiosis entre pasado y presente en ese hijo (ahora también padre) que se reconcilia con su yo adolescente… Sin embargo, ni el acertado elenco ni el empaque visual casi documental de la cosecha de las uvas y la producción del vino consiguen hacer de esta película y su previsible guión un filme que perdure en tu memoria. Es decir, hacer del hijo pródigo de Nuestra vida en la Borgoña el de Big Fish o La boda de Rachel.

Un drama familiar amable, pero condenado al olvido al salir del cine.

SINOPSIS:

Cuando se entera de la enfermedad de su padre, Jean vuelve a su casa en la Borgoña 10 años después de marcharse. Al llegar, su padre muere y tiene que hacerse cargo del viñedo familiar junto a sus dos hermanos.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN: , ,

PAIS: Francia

DURACIÓN: 113 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Avalon Distribución Audiovisual

ESTRENO: 27 de Octubre de 2017