CRÍTICA

La vida lliure

7

Por
28 de febrero de 2018

Los cuentos de aventuras tienen el color dorado de la arena de playa y el del azul vibrante del cielo de verano. Entre uno y otro, con el horizonte como espacio a descubrir pero también como el lugar donde se pierde la inocencia, bascula la nueva película de Marc Recha, La vida lliure, que nos traslada a Menorca en los días de la I Guerra Mundial para contarnos una historia de iniciación a través de los ojos y la voz de Tina, una niña que entablará amistad con un misterioso hombre con el rostro de Sergi López, quien de nuevo hace de su cuerpo una presencia ambivalente, entre lo acogedor y lo perturbador.

Elementos básicos a los que se suman la aparición de un tesoro y de un barco fondeado –que transformarán el curso de los acontecimientos en la isla baleárica– y con los que Recha modula otra de sus historias de naturalismo extremo, de paisajes agrestes y belleza en vivo. Tal vez porque el cineasta catalán sabe moverse tan bien en el tablero del minimalismo visual que la voz en off narradora aparezca como un componente disruptivo, pero quizá La vida lliure, que se mira en los clásicos de Stevenson o Twain, reclame justamente eso, porque el paisaje de los últimos días de la infancia, entre lo radiante, la fantasía y la despreocupación, es también aquí un escenario fantasmagórico, un limbo que solo se puede evocar con palabras.

Así es la aventura según Recha: inquietante y con Sergi López.

SINOPSIS:

Tina y Biel viven en Menorca y quieren reunirse con su madre en Argel. La I Guerra Mundial está acabando. Los dos jóvenes descubren un tesoro en un barco fondeado y deciden usarlo para emprender su viaje. Le piden ayuda a Rom, un pescador misterioso que les acabará descubriendo otra forma de ver el mundo.

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FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 90 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Splendor Films

ESTRENO: 02 de Marzo de 2018