CRÍTICA

La llamada

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Por
07 de agosto de 2017

La llamada corre el riesgo de atragantársele a muchos espectadores. Y desde el principio, además: sus números musicales voluntariamente torpes, su apelación a ese subgénero tan patrio (y tan rancio) que fue el cine de curas y monjas y su vocación kitsch pueden oler a impostura, llevándonos incluso a maldecir a San Juan de la Cruz por haber hecho explícitas (con aquello de la noche oscura, las ansias y las inflamaciones) el potencial de la mística para la pluma y el cancaneo. Sin embargo, este crítico se resiste a mandar el filme a las calderas de Pedro Botero. Y eso, mira tú, que Paquita Salas nunca le dijo gran cosa, y que la historia de esa chavala (Macarena García) que aspira a conjugar la vía unitiva con el electro latino debería, a priori, repelerle. Será que las religiosas Belén Cuesta y Gracia Olayo compensan, con buena dicción y temas de Presuntos Implicados, el poco carisma de las protagonistas más jóvenes. O que, tras un verano tan flojo, le alegra recibir el otoño con un poco de desmadre. Pero el auténtico motivo es que, en los éxtasis de la heroína y en las apariciones de ese Dios con esmoquin de lamé, se aprecian la voluntad cómica y la irreverencia, pero no la intención de condenar creencias y esfuerzos que serían un blanco demasiado fácil. Tal y como está el patio, es un alivio que alguien se permita el lujo de prescindir de la ironía.

Yo tengo un gozo (reguetonero) en el alma.

SINOPSIS:

María y Susana están pasando el verano en un campamento de monjas. Pero como cualquier joven de su edad, lo que quieren es divertirse, así que cada noche se escapan para ir de fiesta. Hasta que en una de esas salidas a María se le aparece Dios con un mensaje muy musical: canciones de Whitney Houston.

FICHA TÉCNICA

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PAIS: España

DURACIÓN:

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: DeaPlaneta

ESTRENO: 29 de Septiembre de 2017