CRÍTICA

Ida

9

Por
28 de marzo de 2014

Con sus anteriores películas, el polaco Pawel Pawlikowski no llamó en exceso la atención de la comunidad cinéfila. Eran dramas naturalistas de producción británica que ponían el acento en las interpretaciones –no por nada le debemos descubrimientos como Paddy Considine y Emily Blunt– y su corrección no brillaba por encima de la ortodoxia. Pero con Ida, la primera vez que rueda en Polonia, ha desvelado al auténtico cineasta que lleva dentro. No un eficiente narrador audiovisual de historias, sino un artista que piensa verdaderamente las imágenes. En su relato de toma de conciencia, donde una novicia huérfana decide visitar a su tía antes de tomar los votos y conocer la verdad sobre sus padres durante la ocupación nazi, cada imagen está meticulosamente compuesta y medida para engarzarse en una cadencia orgánica que remite a la voz del gran cine. Dreyer. Bresson. Hanoun. No son nombres que permitan ser invocados a la ligera, pero las pupilas oscuras de esta pelirroja contrastada en blanco y negro cargan con su reflejo mientras observan las chispas y tinieblas del mundo vulgar, siempre dejando la parte superior del encuadre para Dios. Hasta que Ida completa su viaje de autodescubrimiento y Pawlikowski le entrega el mayor privilegio: ser el centro de atención que obliga a la cámara a moverse para seguirla a ella. El signo de empoderamiento más bello y definitivo.

 

VEREDICTO: Cómo una chica se adueña de su imagen. Tan difícil como eso.

SINOPSIS:

Anna es una joven de 18 años que se prepara para convertirse en monja en el convento donde ha vivido desde que quedó huérfana de niña, pero pronto descubre que tiene una pariente viva que debe visitar antes de tomar los votos, su tía Wanda.

Ida

Drama / Polonia / 2013 / Dir: Pawel Pawlikowski / Reparto: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik / Guión:  Pawel Pawlikowski, Rebecca Lenkiewicz

ESTRENO: 28 de Marzo de 2014

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