CRÍTICA

El niño y la bestia

7

Por
09 de marzo de 2016

Dado que Hayao Miyazaki iba en serio cuando dijo que se retiraba, Mamoru Hosoda parece destinado a convertirse en el nuevo rey de la animación nipona. En películas como La chica que saltaba a través del tiempo (2006), Summer Wars (2009) o Los niños lobo (2012), Hosoda se ha dedicado a retratar de forma sublimemente bella el traumático proceso de hacerse mayor, y aquí reincide en el asunto al tiempo que mezcla elementos de Karate Kid, El libro de la selva y Lewis Carroll.
Un huérfano problemático descubre una puerta de acceso a un mundo fantástico habitado por animales antropomórficos, y allí es adoptado por un hombre-oso que lo introduce en la tradición samurái. Mientras pasan de ser maestro y pupilo a ejercer de padre e hijo primero y de compañeros de armas después, aprenden juntos a lidiar con un mundo –o más bien dos– que los consideran parias.
Hosoda logra mantener el relato bajo control a medida que le añade compulsivamente elementos argumentales –rivalidad teen, romances incipientes, reencuentros familiares, alusiones a Moby Dick–, y aun así por momentos El niño y la bestia resulta extenuante. Asimismo, varias metáforas resultan obvias y el mensaje –sobre la necesidad de vencer la oscuridad nos azota el alma– es puro cliché, pero Hosada compensa tanto con acción como con emoción: la película no sólo rebosa imaginación y energía visuales, sino que las usa para calar sorprendentemente hondo.

Hosoda suma puntos para coronarse como sucesor de Miyazaki.

SINOPSIS:

Kyuta es un niño solitario que vive en Tokio, y Kumatetsu es una criatura sobrenatural aislada en un mundo fantástico. Un día, el niño cruza la frontera al otro mundo y entabla amistad con Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual. Este encuentro les llevará a vivir multitud de aventuras.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Japón

DURACIÓN: 118 min.

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: A Contracorriente Films / Sherlock

ESTRENO: 22 de Abril de 2016